NOTA DE TAPA

El mal momento de la exnotera venezolana de Santo y Seña: "Fue la primera vez que quise volver con mi gente"

Mariale Jaimes, actriz y profesora de fitness cuenta que se repone de un difícil momento: el alejamiento de la TV, cierre de teatros y gimnasios y el COVID-19 en su familia. 

Mariale Jaimes. Foto: Leo Mainé
Mariale Jaimes. Foto: Leo Mainé

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—¿Cómo estás atravesando estos tiempos de pandemia sin teatros y con los gimnasios que estuvieron cerrados varias semanas?


—Hubo momentos muy difíciles. Después del cierre del gimnasio, daba mis clases por Zoom, como ya había ocurrido el año pasado. Me adapté, aunque no es algo que me encante dar clases por videoconferencia, más en una actividad como pilates donde se debe estar bastante encima del alumno. Además, está la situación de todo el sector que es complicada: muchos gimnasios no volvieron a abrir.

—¿En tu caso tenés menos alumnos?

—Sí. Ahora que volvimos lo hacemos con un protocolo del 30% y además, muchos no van al gimnasio porque tienen miedo o no se adaptaron a hacerlo por Zoom. El tiempo dirá, pero a lo mejor ha sido peor el remedio que la enfermedad. En los gimnasios no hubo focos de contagios y la actividad física es beneficiosa para la salud mental. Hay mucha gente que está haciendo teletrabajo y pasa todo el día sentada e ir al gimnasio era su salida para liberar el estrés. Al hacer ejercicio segregas endorfinas y cambia la energía de las personas.

—¿En teatro también quedaron truncos proyectos?

—Sí, estábamos por estrenar la obra “Gente de mierda” en El Tinglado, con José María Novo en la dirección y todo el equipo del teatro. En el elenco está Eunice Castro, Leo Franco, Karina Méndez... Es una obra increíble pero otra vez, como el año pasado, cerraron los espectáculos públicos y nos quedamos por el camino. De nuevo me pregunto si hubo un foco de contagios en el teatro. Estábamos cumpliendo los protocolos al pie de la letra porque necesitamos estar abiertos. En el mundo de la cultura hay muchas personas pasándola mal, muy mal.

Mariale Jaimes. Foto: Leo Mainé
Mariale Jaimes. Foto: Leo Mainé

—Los gimnasios volvieron a abrir, ¿cuál es el panorama luego de la reapertura?

—Estamos trabajando con el 30% de los alumnos. Se trabaja todo el tiempo en el protocolo de limpieza y desinfección. Se usa un aparato y luego una persona lo desinfecta. El tapabocas se emplea en la mayoría de las actividades. Los gimnasios son muy estrictos en el protocolo porque no puede haber contagios que ambienten un nuevo cierre.

—¿Y con la obra qué va a pasar?

—La idea es que apenas nos den luz verde, volver a los ensayos y estrenar. Hemos tenido contactos por Zoom. Por suerte, José María Novo es un líder natural y nos ha mantenido activos. En El Tinglado ya diagramaron la publicidad y nos mandaron las música. Cuando arranquemos, la idea es tener la letra aprendida y volver a los ensayos. Estamos con muchas ganas.

También se dio en tu caso la salida de Santo y seña. ¿Tuviste momentos de bajón?

—Sí. Además, mi hermana que vive en Colombia tuvo COVID y la pasó muy mal. Me angustiaba no poder estar cerca de ella, más allá de que no podría acompañarla, por las características del COVID, por lo menos quería estar en el mismo país, verla aunque sea por la ventana o dejarle la sopa en la puerta. De los 12 años que llevo fuera Venezuela, fue la primera vez que sentí una desesperación intensa. Me acuerdo que me senté en la calle 26 de marzo y me dije: “Quiero estar con mi gente”. Mi hermana es una mujer muy fuerte pero con el virus la sentí muy mal. “No puedo más”, me decía. Durante una semana no la paraban de la cama. Además, ella está con su esposo y sus hijos pero al igual que yo no tiene a las hermanas ni a mis padres, que están en Venezuela. Me entró esa impotencia y también la rabia por el gobierno de mi país, que es el responsable de que nos hayamos ido.

—Además fuiste víctima de una estafa...

—También. Fue todo completo. Se dio la salida del canal, el cierre del gimnasio y de los teatros y encima, me sacaron todo el dinero de la cuenta bancaria.

—¿Cómo pasó?

—Me depositaron el sueldo del gimnasio y al otro día ya no tenía nada. Fui a hace una transferencia a Venezuela para mis padres, como hago todos los meses y me di cuenta de que no había dinero. En el banco me informaron que alguien había clonado la tarjeta de débito y estaba haciendo compras en varias empresas. Me bloquearon la tarjeta y luego empezó mi trabajo de hormiga de llamar a todas las empresas donde habían hecho compras los estafadores para recuperar el dinero. Hay que denunciar cada una de las compras. Me pasó lo mismo con la tarjeta de crédito. Me clonaron todo y la verdad es que no sé cómo sucedió. Con ese panorama fue que me senté en la calle y me hice preguntas: ¿Qué hago con mi vida? Sin trabajo, sin dinero, ni siquiera para enviarle a mis padre”. Fue la primera vez en 12 años que sentí esa desesperación.

—¿Cómo saliste?

—Fue un momento y luego volví a mi esencia. Soy una persona que cuando se cierra una puerta, salgo a abrir las ventanas. No espero que alguien lo haga por mí. En este caso, venía de una racha divina, con mucho trabajo y con la oportunidad de Santo y seña, que fue hermosa. Quizás por eso sentí más fuerte el impacto. Luego me puse a estudiar periodismo, que es lo que estoy haciendo en un instituto técnico. Quise hacerlo en la universidad pero necesito mis títulos apostillados en Venezuela y no las puedo conseguir por la situación de mi país. Las apostillas solo se consiguen en Caracas y mis padres viven lejos. No hay gasolina como para ir. Podría contratar a algún gestor pero cuesta 2.000 o 3.000 dólares y existe el riesgo de que te estafen con apostillas falsas. Ese es un problema, otro más, que tenemos los venezolanos a la hora de legalizar documentos. Pero bueno, no me centré en eso y sigo adelante. No nos podemos quedar quietos.

—-¿Hay más proyectos?

—Sí, estoy trabajando con Sebastian y Ángel Arellano, hermanos venezolanos, para hacer documentales de forma independiente. Elegimos historias de inmigrantes en Uruguay para contarlas. Es un proyecto divino. Además, se concreta algo que tenía en mente hace tiempo y que es trabajar para la marca de ropa deportiva La . En breve se viene el lanzamiento, así que voy a entrar en el mundo empresarial, algo que me tiene muy entusiasmada.

—¿Extrañás la televisión?

—Extraño mucho y no descarto volver pronto. En el estreno de Santo y seña, sentí lo mismo que cuando me monté en un escenario por primera vez. Me fascina. En el programa venía haciendo un trabajo fantástico. Me gustaba mucho lo que estaba haciendo como comunicadora porque sentía que aportaba en la difusión de causas beneficiosas para la sociedad. Estaba aprovechando la oportunidad pero de golpe, me quedé sin esa posibilidad. Quiero seguir explorando esa veta en los documentales.

—¿Cómo tomaste la decisión de Canal 4 de que no siguieras en el programa?

—Claro que no me gustó, pero lo comprendí. No soy la dueña del canal ni la directora del programa. Ellos toman una decisión y yo la entiendo. Si es para el que programa sea mejor en la valoración que hicieron, bueno, está bien. Por supuesto que yo no me quería ir. Ellos consideraron que no tenían un lugar.

—¿Has visto Santo y seña en esta temporada 2021?


-Sí, vi el primer programa. Y estoy agradecida porque Nacho (Álvarez) me dedicó unas lindas palabras. También participé cuando hicieron el programa por Zoom para darles un saludo. Nacho estaba con COVID y era mi manera de apoyarlos.

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