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Barilari: debería hablar sobre la importancia de defender la pureza de nuestra lengua española, que está en franco proceso de deterioro. Se le ha perdido todo el respeto al idioma. Las palabras de moda y la influencia del inglés están dejando nuestra hermosa y pura lengua en ruinas. También sería bueno que quebrara una lanza por preservar la pureza original de nuestras tradiciones.
Firman: Susana y Evaristo Gutiérrez
NO LOS PUEDO COMPLACER
Con todo el respeto que me merecen estos atentos lectores, no tengo la impresión de lo que uno diga vaya a tener el menor efecto sobre el proceso de cambio de la lengua española.
Además, y con el mismo respeto, no doy ni un vintén pal judas por la pureza, ni de la lengua ni de las tradiciones. Y paso a fundamentar.
La lengua no está para respetarla, está para comunicarse. Por eso cambia y cambia de acuerdo a las necesidades de comunicación a través de los tiempos.
Es más, resulta imposible decir cuál es el español puro. Nuestra lengua se ha decantado en miles de años de influencias sucesivas, celtas, fenicias, griegas, romanas, visigodas, árabes, etc.
¿Cuál es el español puro, el del siglo XII, cuando se escribió el Cid Campeador?
"Mio Cid Ruy Diaz por Burgos entrava en su compaña pendones levaba. Exien lo ver mugieres e varones, burgueses e burguesas por las finiestras son, plorando de los ojos tanto avien de dolor. De las sus bocas todos dizian una razon: ‘¡Dios, que buen básalo!’¡Si oviesse buen señor!’".
Entonces el del Quijote ya es una corrupción del español puro y original:
"En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda".
Y ni hablar de la decadencia total que representarían Lorca, Neruda, Borges u Onetti.
Si la pureza del idioma fuera un bien a defender, todavía estaríamos todos fablando como el Cid, con la f, de facer y de fermosura.
O en latín, o en celta. O, para ir al fondo de la cuestión, si queremos ser puros, prístinos en materia de lengua, entonces deberíamos volver al idioma proto indoeuropeo, la madre de prácticamente todas las lenguas que se hablan desde la India a Gibraltar, y también el español, portugués, inglés, francés y holandés que se hablan en las Américas.
Y esa lengua, que se hablaba hace unos cuatro mil años sonaba más o menos así:
"Avis, jasmin varna na a ast, dadarka tam, vagham garum vaghantam, tam bharam magham, tam manum aku bharantam".
Que quiere decir:
"En una colina una oveja (avis quiere decir oveja) que no tenía lana vio unos caballos. Uno tiraba de un carro, otro llevaba un carga muy pesada y el otro llevaba un jinete".
Las lenguas no decaen ni se degeneran, ni se corrompen, las lenguas cambian. Y aquella lengua indoeuropea, tatarabuela del español, tan sonora y tan práctica, ha dado lugar a cientos de otras lenguas.
No creo que mis lectores estén tentados de considerar el abandono de la primigenia lengua europea como un atentado a la pureza del idioma.
Las tradiciones también cambian. Y no hay tribunal capaz de determinar su pureza o impureza. La milonga, pura, no existe en España. Y la que se tocaba en tiempos de Artigas era, seguramente, muy diferente a las de Yupanqui, a las de Zitarrosa o a las de Dino.
Por eso, queridos lectores, gracias por la tarea encomendada, pero esta vez, no puedo complacerlos.
El lunfardo, el inglés y el uruguasho modarno de los tsicos y las tsicas y también el de los planchas, están cambiando el idioma, y van a cambiarlo todavía más. Más vale hacerse a la idea.
Además, lo puro suele ser muy aburrido. Piensen en el tango. No hay nada más "impuro" que el tango, mezcla de música negra, española, italiana, gitana y eslava.
Y es el tango.