Lengua de diamante

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Por: Mariángel Solomita

Dice Samantha Navarro que el paso del tiempo hizo que algunas cosas le resulten más fáciles, pero también le están interesando menos.

Luego de ocho años de cantar acompañada, volvió al inició. A cantar sola.

-¿Cambiás demasiado?

-Cambio todo lo que puedo.

Volver al inicio (Bizarro, 2011): Guitarra y voz, "como si fuera a tu casa, o tú vinieras a la mía, con la guitarrita y te cantara las canciones que te gustan". Así es este disco que va contra la corriente. Que pensó mucho, hasta que juntó coraje. Que no tiene edición. "Aposté a un despojamiento. Hay una fuerza en la canción cuando no está terminada de decir, cuando está sugerida la vestidura que me parece interesante".

"Tiene que ver con canciones que me encantan y que nunca les había encontrado un arreglo que me convenciera. Hay canciones que tienen añares. No sé qué va a pasar, si voy a seguir haciendo discos. El año pasado y este son dos años cruciales en mi historia personal, y decidí hacer como una especie de disco homenaje, un poco al viaje de la canción, a mi sentimiento profundo de amor y respeto y de fuerza con las canciones porque capaz que mi vida iba para otro lado, y yo decía `por las dudas`, ahora que me gusta como estoy tocando la guitarra, ahora que me gusta como estoy cantando..."

-¿Cantás mejor?

-Sí, muchísimo mejor.

-¿Escribís distinto?

-Claro. Ya no estoy escribiendo las canciones que escribía antes, porque ya las escribí y escribí tantas que tengo que inventarme nuevos temas. Bueno, escribo canciones en joda, digamos "cómics", siempre tuve una veta por ahí. Ahora se me ocurren canciones con eso, pero no son esas canciones mágicas. Las canciones mágicas se basan mucho en la confianza y en quién vos te creas que sos, y es como el mago del cumpleaños: estás adentro de eso y el juego está buenísimo, cuando estás afuera ya no.

A PRIMERA VISTA. "No encuentro la salida."Se escuchaba la voz tímida, apenas un susurro de Susana Domingo. Quería escapar, ser una sombra, no tener ni peso ni volumen. Ser un juego de luz.

Algo se acerca.

Busca los pensamientos y los muerde. Mete miedo meticulosamente.

Este es un fragmento de un cuento publicado en Sapo de otro pozo (Estuario, 2009). Y está aquí porque a pesar de Adelaida, Josefina, Ana Lía, Julia y otros personajes e historias que inventó, a pesar de sus más de 240 canciones, Samantha Navarro siempre está escribiendo de ella misma...

-aunque crees que hablás sobre otra persona. Cuando era más chica escribía mucho sobre la mujer joven, y como fui siempre un poco sapo de otro pozo en mi vida, observaba a Eloisa, mi hermana melliza, y a sus amigas, agarraba eso que tenía al lado. Siempre me pasa eso. En tu tiempo contenés un montón de vidas, tiene que ver un poco con la atención, es más escuchar que decir. Tiene que ver con eso y también con la diversión. Yo me inventé a mi misma muchos métodos porque me encanta hacer canciones, es lo que más me gusta.

Uno de sus ejercicios: compró un cuaderno de 80 páginas. Cada pliego debía ser una canción. En la tapa, un pegotín que marcaba 160 canciones. "Y las hice en 10 años. Ahora voy por el tercer cuaderno, pero no tiene sticker con cantidades, es más libre. Y tengo muchas canciones en papelitos. La ventaja y la desventaja del papelito es la pérdida y la recuperación."

"Las cosas pasan porque están cerca." Entonces dice ideas, y algunas terminan siendo proyectos. Junto a Jimena Márquez estrenará Cotillón, en Melo, el 16 de diciembre. "Está relacionado con una fiesta, desde la peluquería hasta el salón que quedó destruido, ese es el ambiente del espectáculo. Estoy estudiando pachanga y es recontra difícil, no me convence nada de lo que hago".

-¿El punto de partida siempre es la letra?

-No, la letra no, es la idea. Yo digo que hago cosas truchas, "símil". No voy a hacer un candombe...me comprometo, laburo y llego a uno, agarro a Calderón de la Barca y musico, y con esa métrica componemos otra letra.

SAPOS VIEJOS. "He vivido mi vida como un experimento. Una parte mía es científica, lo que más he estudiado es ciencias. Mucho, y me olvidé de muchas cosas por suerte. Vengo de una cosa que tuve muchos aparatos. Mi padre gastaba plata en eso, vendía y compraba para estar al día con la última tecnología, entonces yo a los 12 años me grababa, grababa improvisaciones. Luego pasé por una etapa hasta los 30, en el que les tenía miedo, porque había roto muchos."

Quizás también le deba a ese padre, que escuchaba y tocaba la música que se metía en los sueños de Samantha, esa otra parte, la científica. Por eso tiene otros planes, que involucran la docencia y el Plan Ceibal, pero que aún no están aprobados. La docencia es hoy el "trabajo pro-bolsillo". Antes vendió vinos, antes fue secretaria. "Es que es muy difícil trabajar en Uruguay, y yo no he tenido la inteligencia para encontrar los caminos que me permitan trabajar mucho. Me deprimía, perdía años mirando el techo siendo secretaria y sintiendo que mi vida se apagaba..."

Ahora se ríe. Tuvo suerte, sí, "pero fui muy trabajadora. Un día se me prendió la lamparita y entendí que tenía que tener un trabajo por el bolsillo para no sufrir por eso -igual se sufre- y que tenía que encarar el trabajo no remunerado con placer y alegría. Ese era el punto de inicio."

-¿Estás en otra etapa de tu carrera?

-Sí, diferentísima, primero porque puedo interpretar canciones, antes no podía. Empecé a entender cómo eran las canciones de otras personas.

-¿Más confianza en tí misma?

-Por un lado sí, y pasa por otros lados. Ahora entiendo mejor cuál puede ser mi aporte, con el tiempo accedí a un montón de recursos que no tenía. A mí me pasó que yo quería hacer canciones que no se hacían. Me parecía muy interesante hacerlas y que tal vez fuera interesante para alguien escucharlas. Y ahora me pasa que ya hice alguna de esas canciones, y de repente las cosas que a mí me interesarían y que me parece que serían buenas canciones quizás no le importen a nadie, pero la canción necesita de la oreja ajena. Sigo en el viaje, en este momento es con la musicalización de textos.

No sólo se trata de orejas, una canción puede permanecer gracias a otras bocas, y a Samantha también la cantan. "Es la segunda cosa que más me gusta. Una de las más fuertes fue cuando Fernando Cabrera cantó El mar en un andén, y Laura Canoura. Ana Lía la hizo Sara Sabah, y Ana Prada Yo no tengo soledad. Me encantaría que me versionara Rada. Ahora me pasa que cuando hago el ejercicio de composición situacional, me salen canciones con mucho humor, y me las imagino con la voz de Ana Prada, que es bien dramática."

-¿De dónde sacás material?

-Todos los lugares sirven. De todo, siempre, sin parar.

-¿Todo puede ser una canción?

-Sin duda. Por eso yo a mis alumnos les digo que no se saturen, tanto tiempo escuchando música pero no están imaginándose música. El silencio es parte del sonido, es lo mismo. A mi modo de ver, el canto es un experimento que tiene que hacer la persona con alguna guía y algunos piques de la técnica vocal. Pero los piques no tienen que ver con cantar, no tenés que confundir el ejercicio con el juego, uno apoya al otro. Si no te vas a equivocar, no vas a aprender. Si tenés mucho cuidado no te vas a perder. Si no te vas a perder no te vas a encontrar. Ya está. Yo a los niños no les doy clases de canto.

-Te metés con el folclore pero sin amoldarte al género, conservando tu manera de hacer música, tus letras...

-Es que no puedo. Las limitaciones tienen sus cosas buenas, ¿no? Tiene que ver con que generás tu propia característica. Es como la piel, es tu límite.

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