Las sorpresas de la X

POR MARIÁNGEL SOLOMITA

Los que pospusimos la visita a los juegos para cuando terminaran los toques centrales odiamos la lluvia. Nadie se salvó del impulso por subirse al mambo de Marlboro y de llevarse un algodón de azúcar para el camino. Lástima que la entrada se atiborró con la misma cantidad de gente que se veía en cualquiera de los shows. Algo similar pasó con el stand de una marca de cerveza que pretendía ayudar a aquellos que se perdían. Claro que fueron muchísimos los que se "extraviaron" en busca de una cerveza gratis, pero sólo consiguieron una foto suya en una pantalla gigante. Más lejos de la zona central, unos pocos se animaron al paintball.

Los niños, que se veían por todas partes, tuvieron una especie de guardería con instrumentos musicales y sólo pudieron quejarse de no entender del todo los chistes de Gustaf.

Lejos de lo previsto, pocos se metieron al agua, dejando a la decena de guardavidas vigilando desde los médanos mientras soportaban el olor a milanesa de pescado que despedía el primer puesto de comida, que al menos tendría quinientas "al pan" prontas sobre el mostrador. Entre los comentarios que se pescaban de los transeúntes, dos cosas llamaban la atención: vendían ravioles y refresco por $ 85 y también salieron remeras con la consigna "Oligarca Puto".

La lluvia despertó el instinto de supervivencia de varios que aprovecharon la abundancia de publicidad y utilizaron la cartelería como paraguas improvisados.

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