La vela puerca: El impulso

Si bien la progresión musical de La Vela se hace evidente disco a disco, quizá El impulso pase a ser recordado como uno de los cimbronazos musicales más fuertes dentro de la banda. Después de un comienzo de carrera muy vinculado al ska y al rock con grandes dosis de vientos en Deskarado y De bichos y flores, el momento de A contraluz comenzó a dejar entrever algunos (valga la redundancia)vientos de cambio que podrían llegar en trabajos venideros.

Puede decirse que este disco es la confirmación de eso que se intuía: ¿Qué es lo que motiva una afirmación así? Basta con meterse en los primeros temas del disco para comenzar a ver que la banda parece mutar hacia una formación tradicional de rock; con bajo, batería y guitarra bien al frente y arriba, en plan sonido Spector. ¿Desaparecen las trompetas y demás acompañamientos? No exactamente. Pero ahora ellas, fundamentales y emparentadas con lo que es La Vela sobre un escenario, ocupan en muchos temas un lugar detrás del ritmo impuesto por los otros instrumentos, como una especie de colchón para esas bases musicales. Como resultado se genera un sonido que no abandona ciertas raíces de punk y rock reconocibles desde hace tiempo en la banda, pero que probablemente llegue a otros escuchas que antes esquivaban sus viejas canciones. No crean aquellos fieles seguidores que todavía no le entraron al disco que La Vela suena distinto. Arreglándoselas para salirse de estructuras previsibles, la producción de Juan Campodónico logra, así como sucedió el año pasado con el Cuarteto de Nos, que haya evolución y frescura sin pérdida de identidad.

Tampoco hay grandes modificaciones a nivel de las letras de la banda. Entre algunas descripciones de personajes (El "señor", Pino) y otras más generalizables, Sebastián Teysera mantiene un cierto vuelo que le permite hablar de cuestiones cotidianas y existenciales pero lejos de los versos lineales, directos y sin demasiada gracia. Por eso, si bien a veces da la sensación de que cae en algunos lugares comunes, a Teysera le sigue quedando resto para hacer hincapié en las mismas cuestiones. En la faceta compositiva es probable que la cantidad de hits radiales sea bastante menor. De todos modos y como se ha dicho antes, La Vela sigue sonando a La Vela, y este viraje musical confirma su voluntad de no quedarse sólo con lo que funciona.

Mole: Mole (Sony - BMG)

Según Charly Alberti, ex baterista de Soda Stéreo, hasta ahora no se había sentado frente a unos parches desde aquellos últimos conciertos de la banda en River. Eso se nota en la la música de su nueva banda, mucho más influenciada a nivel compositivo por el otro Alberti que integra la banda (Andrés, ex - Santos Inocentes) que por él mismo. Pero el problema no es que no se escuche nada parecido a Soda y mucho se parezca a Santos; sino que todo lo que suena en el disco se antoja una oscura mezcla entre hard rock, dance y algo de new wave que suena muy poco actual, poco atractivo. Hay mezclas de este último género que suenan mejor en otras bandas actuales, pero este no es el caso.

Release the stars: Rufus Wainwrigth

Este cantante estadounidense de nacimiento y canadiense por crianza cuya voz parece un híbrido entre un Thom Yorke con menos preocupaciones existenciales y un Bono con más sentido común, llega a su quinto disco cargado de melancolía y letras que reflejan desgano pero también sentimiento. El gusto de Wainwright por la ópera también se refleja en las dulces entonaciones de muchas de las canciones que conforman Release the stars. Épico y con algún que otro arreglo orquestral de más, de todas formas Rufus termina arreglándoselas para que su trabajo sea una nueva demostración de que la música pop también puede ser inteligente, .

Téo & téa: Jean Michel Jarre (warner)

Para aquellos fanáticos de la electrónica, seguramente este artista sea alguien más bien "fuera de onda", con una concepción de la electrónica más orientada a la new age, conciertos cerca de pirámides y cuestiones energéticas y etéreas. Una especie de Yanni (¿se acuerdan del griego?) menos grotesco. Y si bien en este disco Jarre sigue con algo de eso, se sacude buena parte de las telarañas con algo bastante más bailable que otras de sus propuestas anteriores. El concepto que da nombre al disco, relacionado con los vínculos amorosos a nivel virtual, también es original, aunque para caer en cuenta haya que recurrir a alguna entrevista al artista.

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