Un amable lector me escribe diciendo que todos los imperios han caído por obra de pueblos bárbaros que llegan y los invaden. Me pide que diga, según yo, quiénes serían los nuevos bárbaros que vendrían a terminar con el actual imperio.
La verdad, como diría un ciclista, que esa teoría de los bárbaros arrasando con los imperios es popular pero incierta. Básicamente se debe a la errónea interpretación de la caída del Imperio Romano creada por el vetusto historiador británico Edward Gibbon y popularizada por Hollywood en las películas de romanos. Hay que terminarla con esa pintura de orgías demenciales y bárbaros melenudos como rockeros heavy metal arrasando todo a lomos de sus poderosas cabalgaduras.
Hubo emperadores desastrosos y libertinos, pero también hubo otros que gobernaron muy bien, tanto libertinos como castos, que a mí eso de la vida privada me da igual y cada uno que haga de su asiento un manillar, si quiere.
Los bárbaros que vivían fuera del Imperio llevaban una vida dura, pastando ovejas, sembrando un poco, dependiendo de las sequías y las inundaciones, en fin, siempre pichuleando para llegar a fin de mes. Mientras, del otro lado de la frontera, las poblaciones organizadas bajo el sistema romano la iban llevando mejor. Había reservas de cereales para tiempos de malaria, buenas, carreteras, más trabajo, y circo gratis. Pan y circo. Y las ventanas hasta tenían vidrios.
Los bárbaros, que la miraban de afuera, como los mexicanos a los Estados Unidos, fueron pidiendo para entrar, un laburito, un puestito en el ejército, etc. Cuando los chinos pararon a los mongoles con la Gran Muralla, éstos viraron 180 grados y apuntaron para Occidente, empujando a los jinetes de Asia Central, que empujaron a los jinetes del Cáucaso, que empujaron a los jinetes de Europa Central, onda dominó.
Los romanos, ya desde el siglo II, estaban dejando pasar a tribus bárbaras, dándoles unas tierritas y a cambio de unas migajas de prosperidad imperial, usándolas de paraguas contra otros bárbaros. Lo que le pasó a Roma, como antes y después a todos los imperios, no fue culpa de los bárbaros, sino causado por la sobreextensión del Imperio. El que mucho abarca poco aprieta, es un dicho latino, y ellos sabían por que lo decían.
El Imperio Romano, más que caer, se disolvió por su propia desmesura, por la imposibilidad de controlar administrativamente una extensión tan enorme, y porque sus fronteras se habían vuelto un flan, entre inmigrantes pacíficos y otros que, al llegar muertos de hambre o corridos de atrás por otros pueblos, no tenían tiempo de esperar que los romanos les dieran la "green card".
Desmesurada expansión e ineficiencia administrativa han sido siempre los motivos de la caída de los imperios.
El Imperio Persa, gigantesco, pesado y burocrático, se desmoronó como un castillo de naipes cuando Alejandro Magno lo atacó con sus falanges (con perdón por palabra de ecos tan franquistas).
El imperio de Alejandro, que iba desde el norte de Grecia hasta el norte de la India, se partió por completo apenas el se murió.
Los romanos agarraron la posta, cuando derrotaron a los cartagineses (y practicaron un verdadero genocidio), en el año 146 antes de Cristo, y les duró hasta que el godo Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augusto, en el 476 de la era cristiana. Otros grandes imperios, como el árabe y luego el turco, el portugués, que duro lo que un fado, el español, que fue el más extenso de todos, y el inglés, toditos cayeron en la misma trampa. La trampa es agrandarse demasiado, asumir compromisos de dominio territorial que no se pueden cumplir y volverse ineficientes en la administración. Además, los imperios ya no son lo que eran: duran cada vez menos.
El Imperio Británico recién se consolidó en 1815 con la derrota de Napoleón. Y se derrumbó ruidosamente después de la Segunda Guerra Mundial. No llegó a durar 150 años.
El Imperio Soviético, ya vimos lo que le pasó, y también fue un tema de expansión desmesurada e ineficiencia administrativa. Y no alcanzó al siglo de vida.
El Imperio Americano, fue, hasta la Segunda Guerra Mundial, un imperio de entrecasa, el garrote se lo aplicaba solamente a America Latina. Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a extender sus compromisos mundiales. Vietnam les dio una dura lección. La caída de la Unión Soviética pareció hacer innecesario seguir extendiéndose Carter, Clinton, y hasta el prudente Bush padre, anduvieron con pies de plomo.
Pero Osama Bin Ladden, ese loco mesiánico y autodestructivo, ha dado la excusa perfecta a los imprudentes y disparado otra vez el proceso neo-imperialista, expresado con feroz claridad en el discurso de Bush hijo al aceptar por segunda vez su cargo de gerente general.
Una ligera ojeada a la historia permite comprobar que las dos sociedades más duraderas, estables y exitosas, si las medimos temporalmente, no están entre las que hemos mencionado hasta aquí.
Las dos sociedades más duraderas y estables en la historia humana han sido Egipto y China. Ninguno de los dos ha sucumbido a la tentación de dominio mundial.
El antiguo Egipto duró unos 4 mil años, hasta que los persas y luego Alejandro Magno lo avasallaron, hacia los años 330 antes de Cristo.
China, desde hace unos 4 mil años hasta el presente, ha tenido continuidad política. Desde la dinastía originaria de los Xia, hasta la actual dinastía, fundada por Mao, las divisiones se reabsorbieron, los invasores se chinificaron hasta desaparecer (como los mogoles, 1279-1368, y los manchues, 1644-1911). Comparado con esos varios milenios, los 400 años del Imperio Español, el siglo y pico de los ingleses y las pocas décadas de los soviets, son verdurita. Así que ya saben, atenti al plato, mi pronóstico es que la Nueva Roma no tiene nada que temer de los inmigrantes que cada día permean sus fronteras, imparablemente, y tiene que temerlo todo de su tendencia a sobreextenderse y a asumir compromisos que no podrá pagar ni administrar.
La historia no perdona y va cada vez más rápido
La historia, es lo que tiene.