¿La fama hace la felicidad?

MIRADAS

POR LUIS VENTURA

La intimidad sigue siendo el tesoro inaccesible de los seres comunes. Los ignotos, los que deben poner el despertador para levantarse temprano mirando apurados el reloj, desayunar a las corridas y salir con rumbo a la intensa jornada del día. A ellos la fama les queda tan lejos, aunque los últimos reality shows que hizo explotar la tele se las dejó tan cerca… ¡Y la fama va…! O la fama viene…

Sólo hay que extender la mano como hizo Eva y alcanzar la manzana para que las puertas de un mundo diferente se abran y ya no las puedas cerrar. Cuando la fama llega hay que olvidarse de un beso íntimo, de una comida tranquila sin firmar autógrafos o sacarse la foto cholula con el último orejón del tarro. La fama te rinde cuentas todo el tiempo. Te examina, te controla.

Si antes te dabas el lujo de entrar a un local cualquiera sin salir a saludar a nadie, con la fama te tenés que dibujar una sonrisa, estar bien peinado, no repetir tu vestimenta porque las revistas te escrachan y te refriegan que te pusiste el mismo modelo dos días o que la ropa que elegiste para el cóctel era la misma que se puso Pipo Cipolatti, Claribel Medina o Piñón Fijo. ¡Esa es la fama!

Y cómo les pesa la fama a muchos famosos. Manejar la fama no se estudia en la primaria, ni en el liceo, no encontrás libros y mucho menos cursos. La fama no es contagiosa pero puede ser una enfermedad terminal de la que pocos logran sobrevivir.

Por eso repaso la vida de famosos, que disfrutan ¿o sufren? de sus riquezas materiales o padecen su carencia de afectos. Susana Giménez viaja a la India con Jorge Rama para festejar con Marley su cumpleaños… Qué lindo, pero… ¡con Marley! En un orfanato hindú plagado de pobreza e indigencias. ¿Esa es la felicidad?

¿Dónde estaba su hija Mercedes, su yerno, sus nietos, sus amigos? Ante un rumor que días atrás fue desmentido, la noticia era que Araceli González quería saber si estaba embarazada de Fabián Mazzei y la engancharon comprando un test de embarazo… ¿Tenía que ir justamente ella a comprarlo? ¿O es que la fama no te permite confiar en la familia o amigos para sacarte del apuro?

Esa es la fama. Te quieren todos pero para la foto, te saludan, te palmean la espalda y te invitan a comer sin cargo, pero la factura cuesta más de lo que piensan. Tarde o temprano, la cuenta llega. Y se termina entregando el pellejo, tenés paparazzis trepados al árbol de enfrente o escondidos en el bidet de tu water para tener la mejor toma y lo peor de todo es si estás solo. Porque si estás triste, deprimido y con ganas de morirte no se lo podés contar a nadie, salvo a tu sombra o a la imagen que te devuelve el espejo. Pero la fama no te la quita nadie… Chau, hasta el Sábado… Show.

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