Los infiltrados es una historia de topos, de policías y mafiosos que cruzan de un bando a otro, unos porque esa es su misión y otros porque la corrupción los ha ganado. Jack Nicholson encarna a Frank S, uno de los capos mafiosos más importantes de Boston, que tiene un informante en la Policía (Matt Damon) y, sin saberlo, un policía infiltrado entre los suyos (Leonardo DiCaprio). El director Martin Scorsese es el encargado de mover con gran maestría los hilos de este atrapante relato sobre lealtades y deslealtades acerca del cual responde Nicholson en esta entrevista.
-¿Qué le atrajo del irlandés Frank Costello?
-Bueno, el personaje era distinto. Hay diferencias entre los personajes en todas las películas. Pero, en este caso, debido a la manera en que me involucré en el proyecto, les estoy muy agradecido a Leo, Matt, Martin y a Warner Bros por encontrar una vía, ya que yo había rechazado el papel. En realidad no había un papel allí para mí; pero Monahan (el escritor), Martin y yo concebimos un personaje que yo podría y querría interpretar, y lo conseguimos. La clave estuvo en decidir que conceptualmente sería un monstruo e incluir la sexualidad en el personaje, porque normalmente eso no se hace con el villano común.
-¿Qué añadió al personaje? ¿Algo de humor?
-Así es. Pero inicialmente no sabes muy bien, ya que es el género de Martin. Sin embargo, llegamos a un acuerdo. Le dije que su concepción era probablemente la más realista; pero éstos eran irlandeses y no quería interpretar al típico gángster, callado, que habla bajo y todo eso. Quería que se le viera como una especie de montaña rusa, tan monstruoso como fuera posible y totalmente corrompido por el poder. Es decir, como un rey vuelto loco, de verdad.
- Es su primer trabajo con Martin Scorsese.
-Sí, nunca había trabajado con él antes. Es evidente que nos conocíamos desde hace años, pero surgió de repente. Siempre oyes hablar de Martin y hasta te lo encuentras de vez en cuando, y los dos somos cinéfilos; aunque no sabes cómo va a resultar hasta que lo haces. En este caso: ¡Qué bien! ¡Fue como una liberación! Y entiendo que es una palabra que se usa mucho, pero la verdad es que nos sentimos libres. Él saca lo mejor de su gente. La clave de Los infiltrados es su maravilloso reparto. Todos los actores son magníficos: Leo, Matt, Vera, Mark Wahlberg, Alec Baldwin, Ray Winstone… y Kirsten, la chica que juega conmigo. Y como no llegamos todos a trabajar juntos al mismo tiempo, el hecho de conseguir esa unidad fue mérito de Martin. En mi caso, yo llegué hasta donde quise y él me animó a ello.
-Siempre ha seguido sus instintos a la hora de actuar. ¿Scorsese le dejaba hacerlo?
-Sí, me animaba a que lo hiciera. Y hubo bastante colaboración de antemano porque tuvimos que reescribir mi personaje y seguir haciéndolo mientras rodábamos. Es una situación en la que no te sueles poner. Yo, al menos, no. Aunque cada película es diferente y aquí fue muy divertido: diversión creativa. En otros casos tienes que hacer que parezca divertido, ya que el trabajo es, en realidad, muy duro; pero este rodaje fue una gozada.
-Ha comentado que la sexualidad del personaje era algo que quería inyectar. ¿Hay algo de divertido en eso para usted también?
-Lo que hay es algo de conflicto. A lo largo de mi carrera he visto, y sigo viendo, que cuando se entra en el terreno de lo sexual puedes, de alguna manera, cargarte lo que quieras; pero eso preocupa a la gente. Y, claro, yo quería que mi personaje causara esa preocupación. En esto estoy de acuerdo con Martin y nos apoyamos. Y me decepcionaría descubrir que no se sale con la suya. Porque a Martin le gusta trabajar solo. Durante el rodaje hablaba con él a cada minuto; pero luego se encierra con su película. Así es como trabaja y a mí me parece muy bien.
-¿Qué es tan terrible acerca de su personaje?
-Es un monstruo, un depredador sexual. Y lo es durante toda la película. Vaya donde vaya toma y hace lo que quiere, y así lo concebí.
-¿Puede usted llegar a intimidar a otros actores?
-Bueno, ya sabe, soy como la metáfora deportiva: el buen entrenador que está en la cancha durante el partido. Pero apenas me doy cuenta de ello porque siento que nuestro trabajo consiste en hacerlo de la mejor manera posible. Y el mejor ambiente es aquel en el que funcionas bien, lo que es una delicia. Yo, probablemente no podría ser tan económico o específico en mi hogar; pero me gusta el ambiente del cine y el de esta película en concreto fue inspirador.
-¿Dónde se encuentra ahora en su carrera?
-Estoy en un punto en el que de verdad tengo que intentar hacer lo que siento que debo hacer. Había rodado tres comedias seguidas y tenía ganas de interpretar a un villano. Podría haber surgido otra cosa, pero llegó esto y era lo correcto. Buscaba un cambio, porque en las comedias eres tan querido…
- ¿Ya no quiere que lo quieran?
-Ya sabe, el cambio gusta.
-¿Qué tienen los villanos que los hace tan atractivos para un actor?
-Yo no creo que sea más o menos divertido interpretar a un villano, a menos de que te encuentres en la situación en la que yo estaba cuando hice Los Infiltrados, con la ventaja añadida de trabajar con Martin. Él de verdad quiere que vayas tan lejos como puedas. Este es su género, así que para mantenerlo fresco hay que empujarlo un poco. Sino, deja de ser tan emocionante o impredecible. La película es algo más simbólica y menos pragmática que la típica de "gángsters". Tiene una temática muy seria sobre la corrupción, y creo que también una moderna acerca de la información y los niveles de inteligencia. Ya sabe: ¿Quién sabe algo sobre alguien? ¿Cuál es la verdad? Y todas esas cosas… Creo que, en cierto modo, las películas pueden relacionarse con muchas cosas y también con la inmediatez del momento. Y la actuación debe ser importante, aunque no siempre lo es. Pero en este filme el nivel y la profundidad de las interpretaciones lo mantienen siempre interesante.
-¿Es crítico consigo mismo y con su carrera?
-Bueno, he hecho tantas cosas. Me gusta sentirme incluido y creo que me convertí en una estrella la primera vez que pude editar mi propio trabajo. Desde entonces he hecho de todo en el cine. Y cuando te ves, a veces te gustas y otras no tanto; aunque pienso que puedo ser más objetivo debido a mi experiencia. Editar es divertido porque no es teórico. Tienes la película frente a ti y la cortas de una u otra manera: fácil. Pero no siempre es fácil. Todos los directores están deseando meterse en la sala de montaje. Hasta cierto punto es allí donde trabajan mejor. Martin, debido a la manera tan singular en que hizo Los Infiltrados, vio cómo evolucionaba su visión de la película mientras la rodábamos. Él tiene esa libre capacidad de explorar y descubrir distintas cosas acerca de la película a medida que trabaja en ella. Y si sólo deseas hacer cine desde un punto creativo, ésta es una experiencia deliciosa.
-¿En su vida, cree que también ha querido salirse de lo común y hacer las cosas de un modo distinto?
-Así es como han terminado sucediendo las cosas. Sin embargo, creo que tampoco soy tan distinto. Básicamente, pude hacer con mi vida lo que realmente quise. Y salió mejor de lo que me podía imaginar, lo que, en sí mismo, me saca un poco de lo común, debido a lo que hago y a lo afortunado que he sido en poder dedicarme a ello. He trabajado con los mejores en el cine desde antes que tuviera voz en ello.
-Cuando le vemos, vemos a un icono. Cuando usted se mira en el espejo: ¿Qué ve?
-Una sorpresa.
Cortesía: Warner Bros. Pictures