"Me gustaba todo lo relacionado con la medicina menos el hecho de que la gente estuviera viva. Por suerte hay una especialidad que se dedica a eso con gente que está muerta y no molesta. Así una puede trabajar tranquila. Sí, no soy muy sociable. Hago monólogos, me gusta la medicina forense: lo mío no es la vida social. Y bueno, ya lo superaré", cuenta Julieta Denevi. Quería ser médica forense pero en cambio fue de la primera generación de las Chin Chin de Cacho Bochinche. Se fue quedando en los canales, se fue quedando en los escenarios, se fue quedando en los ensayos y en los papeles; hasta que entendió que tenía una profesión: era actriz. La decisión no fue para siempre. Tras bajarse de los escenarios por dos años, Julieta Denevi vuelve con un monólogo que habla de ella: Humor, tacos altos y labios rojos.
-¿Cómo surgió la idea del espectáculo?
-Estaba haciendo la asistencia de dirección de El hábito del arte, que fue una joya, fue un placer y un honor tan grande trabajar con un maestro como Roberto Fontaina un ejemplo de profesionalismo y disciplina. Alfredo Leiros hacía la música. Él ya desde el año pasado había empezado a recorrer con una obra el interior del país y me ofreció hacer una suplencia. Yo no estaba muy convencida, pero cuando me dijo la plata le dije "cuando quieras". Esto es lo que a mí me gusta hacer, pero me gusta que sea un trabajo. Yo esto lo hago feliz de la vida y con toda la pasión pero no hay que perder de vista que es un trabajo y en este país eso se olvida. A mí me parece un disparate tan grande que los actores paguen para ir a trabajar. No es sorprendente que los actores no puedan dedicarse full time y tengan que trabajar en otras cosas y que de noche si pueden vayan a ensayar tipo hobby y sin haber tocado el libreto en todo el día. Pero esa no es mi opción: o lo hago profesionalmente o no lo hago. Entonces Alfredo empezó a convencerme. Yo tenía partes de un monólogo que había empezado a escribir. Él lo sabía y esas partes las rescatamos de un diskette de 3 y ½ . Al final no usamos nada de eso pero fue el puntapié. Con Alfredo hacemos todo, todo, absolutamente a medias, desde la idea inicial, a las canciones, a los detalles, los remates de los chistes, todo lo hacemos juntos. Nosotros nos llevamos re bien, nos encanta viajar y a mí me gusta mucho el interior, me encanta, he ido con muchos espectáculos y me gusta más que Montevideo. Estrenamos con el hotel Mantra de Punta del Este donde vamos a estar los miércoles de enero y a partir de ahí tenemos Treinta y Tres, Florida, Carmelo, San José, Young.
- Tú hace unos años que estás alejada de la actuación...
-Yo no tenía ganas de actuar más, de estar en un escenario. Mi última experiencia había sido Rescatate, que la estrené e hice las primeras dos temporadas, luego me fui del espectáculo, creo que por sus características. Era un espectáculo serio. Si bien la gente se reía, el espectáculo en si no tenía ninguna gracia porque lo que pasaba era un drama, una tragedia, pero era tan absurdo que se transformaba en divertido. Para nosotros cuando la estrenamos eso fue una sorpresa. Pero ese tipo de espectáculo bien armado y dirigido es un pieza que no se puede mover y donde no hay espacio para una improvisación porque arruina la obra, que tiene que ser un relojito. Cuando tocó la tercer temporada dije que no. No la estaba pasando bien, me venían como miedos, yo soy tan dispersa y era todo tan relojito... Y me vino la idea de que no quería ser más actriz. También empezó a tener que ver el mercado. Yo veía que mi familia y mis amigos estaban prácticamente pagando para actuar y eso me desalentó del todo a aceptar proyectos. En el 2009 me había comprometido para una obra y cuando me llegó el cronograma de ensayos lo abrí, lo vi y dije "olvídalo". Yo tengo una nena que cumplió recién siete años y tenía que hacerme un tiempo para ser madre. Eso de todos los fines de semana borrarme en las noches no estaba bien. Ahora ya entiende más.
-¿De qué trata el espectáculo?
-El espectáculo habla mucho de mí. Arranca contando con humor cómo llegué a actuar, habla de mi personalidad del hecho de que soy bipolar. Juego con eso, porque también hay que divertirse con esas cosas y por suerte yo ahora puedo hacerlo. Sí, la pasé mal en determinado momento, pero ahora ya hace un tiempo que estoy bien medicada, bien controlada y funciono como una persona común y corriente. Me río de eso. Me río de mí. El espectáculo es muy gracioso. No puede durar más de 60 minutos y eso son 26 páginas. Cuando empezamos a escribir escribimos 47. Así que imaginate las cosas que quedaron afuera. Habla sobre mí, sobre lo que es la búsqueda de una pareja, lo que es ser mujer orquesta, ser mamá, ser trabajadora, ser artista e intentar ser mujer, y en mi caso fracasar miserablemente. Pero una trata de hacerlo, trata de relacionarse y hay ahí un decálogo de mentiras que hacemos, que decimos para conquistar a la pareja, cómo nos mostramos en una primera etapa por eso lo de "las mentiras que he dicho para amar". La cantidad que cosas que quedaron afuera son enormes. Teníamos como 15 páginas de relaciones virtuales. Mis últimas dos parejas yo las conocí uno en Facebook y otro en Twitter. Y no terminé asesinada en una cuneta, por suerte. No pusimos casi nada de mi rehabilitación. Yo soy alcohólica, porque uno nunca deja de serlo. Hice la rehabilitación hace un tiempo en CREA (Centro de Rehabilitación de Adicciones). Son gente espectacular y fue un proceso interesantísimo. Lo que tuvo de alucinante esta clínica y el proceso para mí fue no solo que me enseñaron a bancarme con una adicción y a que no me hunda sino que te preparan para la vida. Me dieron herramientas para encarar mi vida como mujer, como mamá, como hija, para que después yo salga de ahí y construya, no solo para no tomar más, sino ser más racional y cuestionarme cosas. Es un proceso, yo siempre lo cuento porque se sale, pero tenés que realmente quererlo, sino no tiene sentido. Yo realmente me siento otra persona. Siento que me parí. Eso nos quedó afuera. En noviembre ya resolvimos que arrancamos con una parte dos.
-¿Estás contenta con el resultado?
- Estoy muy contenta con el resultado del espectáculo, confío en él, me siento muy cómoda haciéndolo, es muy mío, hasta al escribirlo, usar mis propias palabras, mi propia forma de expresarme, no siento que estoy sola. Es como si me sentara y hablara de mí en mi casa, claro que con más energía y con más chistes. No me siento incómoda, no es raro. Además con 15 años de terapia yo te resumo todas mis miserias en 15 minutos. Es parte de mi reírme de mí y conmigo. Me divierte.