Por: Mariel Varela
Son las dos y pico de la mañana del lunes. La murga Agarrate Catalina aterriza en el Club Banco Hipotecario (su punto de encuentro) tras finalizar una noche y madrugada de cincos tablados: Defensor Sporting, Teatro Plaza, Primero de Mayo, Velódromo y Club Malvín). Cada escenario supone una experiencia distinta. Y así lo viven. Algunos tienen mayor componente de magia y adrenalina que otros y eso genera retroalimentación entre artistas y público. En ese juego interactivo se mezclan emociones varias y ello se conjuga en una energía distinta para cada circunstancia. Los murguistas palpan la buena vibra en el aliento del público y la vuelcan en entusiasmo y alegría sobre las tablas, en la mayoría de los casos o en desazón, en otros pocos. Por ende, el espectáculo sale mejor o peor dependiendo de cuestiones técnicas, ambiente, acústica, sonido, pero sobre todo de la gente y su devolución. Se percibe desde todos los ángulos: arriba, abajo de las tablas, y en la bañadera. "A veces la murga está un poco triste", comenta el integrante Rafa Cotelo, y atribuye ese estado anímico a los tablados agendados.
El reloj está a punto de marcar las tres de la mañana. Una nueva noche de febrero culminó en los tablados y en el Teatro de Verano, pero algunos más fanáticos que otros siguen en sintonía carnavalera. Es el caso del taximetrista que me toca en suerte. Cuando me subo al coche aún quedan unos cuantos murguistas dentro del club sacándose la pintura con toallitas de bebé y quitándose el traje para vestirse otra vez de civiles, regresar a sus casas, dormir unas pocas horas, y retomar una nueva jornada laboral. El taxista tiene la radio prendida y escucha los comentarios de la instancia de esa noche en el Teatro de Verano. El tema, entonces, es el Carnaval.
-¿Qué murga sale de acá? - pregunta.
-La Catalina
-Ah, estuvieron en el Defensor más temprano, ¿no?
-Sí, fue el primer tablado.
-¿Ah, sí? Yo llevé a un par de chicas hasta ahí más temprano que iban con las remeras.
El diálogo ilustra una realidad cada vez más palpable en las noches de febrero y desde hace varios años: La Catalina, la murga de los hermanos Cardozo, no es indiferente a ninguno -le guste o no el Carnaval- ni pasa desapercibida sea por la razón que sea, pise el escenario que pise. Se trata de una cuestión que trasciende la calidad del show que brinda. Sábado Show fue en busca de desentrañar esa magia de la murga y acompañó a Agarrate Catalina durante toda una noche. Desde los aprontes y la previa en el Club hasta el arribo al mismo sitio unas cinco horas después, pasando por el maquillaje, el vestuario, la subida y bajada a cada tablado, los flashes, los recorridos en el ómnibus, más flashes; los halagos, los fanáticos con la camiseta puesta (sin importar la edad) cantando el repertorio de memoria, la ovación alrededor del ómnibus, los gritos a las individualidades; los invitados especiales (extranjeros, por cierto) que esa noche acompañan a la murga en la bañadera, los autógrafos, más flashes, y la presencia de Viviana y su bolso repleto de merchandising de la murga (llaveros, remeras, stickers) para vender en cada tablado.
En síntesis, aunque el espectáculo 2011 se llame Gente común, poco le cabe el adjetivo "común" a Agarrate Catalina en el ambiente carnavalero. Las anécdotas de una noche de tablado y bañadera junto a estos murguistas sustentan la afirmación, y no dejan mentir.
Síntoma. "Escuchen, murga", grita Coco Rivero, director escénico de Agarrate Catalina, desde la mitad del ómnibus con el objetivo de acaparar la atención de la veintena de murguistas que acaban de subir tras finalizar la actuación en el primer tablado de la noche -Defensor Sporting- y lo único que quieren es sacarse peluca y traje y quedar con las calzas porque el calor es insoportable. Cual director técnico, Coco dispara una seguidilla de correcciones -individuales y colectivas- en el trayecto hacia el Plaza, e improvisa un ensayo a las apuradas con los que le pifiaron en los tonos. Indicación va, indicación viene, acaba por cortar los chistes verdes de los hombres -que son mayoría en el equipo- y la divertida guitarreada que se arma para calentar la garganta con alguna retirada vieja, o por qué no, con una plena como Polvo de estrellas, ya que según el menor de los Cardozo, "hoy están tropicales".
Quien lo observa de afuera puede ver en Coco a un espectador más. Pero es mucho más que eso. Va y viene en la tribuna con cuaderno y lapicera en mano, atento a captar cada falla y evitar posibles errores en la competencia del Teatro de Verano, y siguientes tablados. Coco se queja del sonido y todos coinciden en que fue malo. Eso sí, el tono utilizado para el tema "Violencia" dio en la tecla: lento pero "adecuado, propio de una murga y no de una hinchada". La búsqueda de la perfección artística y escénica, los tres utileros que acompañan, así como la necesidad de estar al alpiste de cada ínfimo detalle es "síntoma" de que la Catalina anda por otro rumbo.
Mario es un veterano fanático de la Catalina como tantos. Vive en la calle y sale día por medio a recorrer todos los tablados con la murga. Le dan una mano en lo que pueden y le permiten ocupar un asiento en el ómnibus de Antel, un lugar que varios seguidores se disputan cada noche pero al que pocos acceden. Este es de los "síntomas" que casi nadie conoce pero que acerca a la Catalina a su pose más popular. Parece que esta noche Mario se vino "elegante". Se vistió de traje y corbata, se colocó un pin verde de la murga, y hasta hizo de guía a los dos invitados de lujo, Leo y Mariela, una pareja de turistas. Él es madrileño y empezó a escuchar murga gracias a ella que es argentina pero vive en España hace una década. Agarrate Catalina visitó Madrid en una de sus giras en 2010, y allí Mariela y Leo tuvieron la chance de conocerlos, verlos en vivo, y los murguistas dejaron abierta la invitación para frecuentar la bañadera cuando anduvieran por estos pagos. Él es docente y sacó vacaciones especialmente para venir en febrero, usufructuar ese paseo en ómnibus y realizar el circuito de tablados. "Tenemos sus discos pero verlos en vivo es otra cosa", comenta emocionado Leo. Invitados internacionales aluden a otro "síntoma" peculiar de esta murga de las cuatro estaciones.
Bañadera. Championes All Star marrones, cordones anaranjados, rojos, y rosados a tono con el vestuario de cada uno. La limpieza de las calzas es uno de los temas que se maneja en la bañadera: se lavan día por medio porque sino se estropean.
El ómnibus está en la puerta del club a las 20:45 y el chofer empieza a apurarlos con chifles y bocinazos. Algunos son más rápidos y ya están prontos. Otros tienen encaminado el vestuario y terminan de pintarse en el trayecto o viceversa. Si bien la murga tiene una maquilladora para las actuaciones en el Teatro de Verano, cada uno se pinta como más le gusta para actuar en los tablados, tomando un boceto como guía, pero con la posibilidad de "experimentar" frente al espejo, según Yamandú Cardozo. La instancia de apronte es clave para el diálogo, la joda, las carcajadas, el canto, y las anécdotas. "¿Te acordás cuando en 2008 nos auspiciaba una marca de preservativos?", rememoran entre risas. "Yama todavía la usa para dormir", continúa otro la broma.
Con la vianda de Delicias Criollas en mano, ya están prontos para salir rumbo al primer destino. Así es, vianda. Resulta que este año la murga consiguió que un grupo de mujeres rurales cocine para ellos comida "rica, casera y sana" a cambio de que las nombren en los tablados y así evitar los "choripanes" cada noche. La bolsa de papel marrón contiene un par de tartas de verdura, fruta y galletitas. La comida es otro tema recurrente entre los muchachos, y suelen aprovechar los recorridos para hacer algún que otro trueque entre ellos dependiendo del apetito nocturno. Este domingo el menú tiene bonus track gracias a una amiga de Nico que le dejó un regalo especial en el club: una bolsa repleta de bizcochos caseros.
Vaivenes. El primer tablado es para "calentar", asegura Coco Rivero cuando los muchachos salen algo desalentados del Defensor. "Complicado el público", comentan. Los rostros de los murguistas dicen mucho al descender las escalinatas y abandonar el escenario. Pero también los delata alguna que otra queja directa, concreta y cierta. "El tablado es con choripan y afuera", grita alguno desconforme desde el fondo del ómnibus en alusión al Cine - Teatro Plaza, que dista mucho de lo que es un tablado propiamente dicho.
La revancha se da en la Plaza Primero de Mayo. El cambio de aire ya empieza a respirarse al bajar de la bañadera y entrar al tablado ubicado frente al Palacio Legislativo. La gente se acerca para que le firmen las camisetas, halagarlos con algún comentario, sacarse una foto. Y los más pequeños piden las pelucas prestadas a los murguistas para jugar un rato. Incluso Tabaré Cardozo, director de la murga, le dice a una de las chicas que tiene al lado si le puede prestar una gomita de pelo porque parece Willy Wonka. El mano a mano previo con fanáticos y público incide a favor de la murga, que sube al escenario con otro espíritu.
Mariela, la chica argentina residente en España, advierte ese ambiente especial al ir a comprar un refresco: "Le pregunté a la vendedora por las murgas anteriores y me contestó, `ahora viene la mejor`". El clima es el ideal por primera vez en la noche. Y el mejor indicio de que la intensidad y energía son perfectas se vislumbra en los más chiquitos. Los niños con las caras pintadas dejan de correr por el tablado, se acercan al escenario y miran todo el espectáculo de corrido, como hipnotizados. Sacan fotos, y escuchan atentos como si entendieran realmente de qué se trata. A Mariela sobre todo le llama la atención la cantidad de niños que hay en el tablado.
"Feliz Carnaval para todos. Está divino el tablado", se despide Yamandú y saluda a los que quedaron afuera y se acercaron para disfrutar el espectáculo. Cierra con las palabras justas y esperadas ante un tablado que se levanta para aplaudir, bailar, cantar y ovacionar.
El ímpetu se traslada a la bañadera y los comentarios se cargan de felicidad y expectativas. "Divina la gente, espectacular. El mejor tablado", dice alguno, no importa cuál porque coinciden todos. "No sé cómo se escuchó de abajo pero de arriba estuvo bárbaro", dice Yamandú. Y para dar respuesta a ese pedido está Coco Rivero, que sigue la opinión de la manada, asiente y les hace un mimo.
Retirada. El último tablado tampoco suele dejar muy conforme a la murga por el cansancio y porque "la energía baja y ya no es la misma", según Coco Rivero.
Cuando la mayoría de los murguistas están prontos para emprender la retirada rumbo a club Banco Hipotecario, dejar los trajes y cambiarse, sucede algo tan inesperado como cómico que coloca el broche de oro a la noche. Yamandú grita desde adelante: "Rafa, hay una señora que dice que si le diste un beso a un travesti, podés darle un pico a ella también" (la murga menciona este episodio en su cuplé). "¡Hacela subir!": el grito es unánime. Con una tarta de jamón y queso en la mano, Rafa (Cotelo) pide por favor que un pico no, un beso en el cachete está bien. Pero el ruego resulta en vano porque la señora no le da tiempo, dispara directo para el fondo gritando, "¿dónde está?, ¿cuál es?" Y cuando lo encuentra, no se salva. Con la ayuda de sus colegas murguistas que le sostienen la cabeza, la mujer le roba un pico. Pero la señora no sube sola. Otra muchacha más joven la acompaña y el que liga es otro murguista, Maxi Porciúncula, que se tira al agua, la agarra desprevenida, y le roba con éxito un beso con el ómnibus en marcha. Al parecer, las mujeres son argentinas, ya que "una uruguaya ni loca se sube porque después te la encontrás en la feria y se quiere matar" (según los muchachos).
El resultado: una vuelta al club a pura risa, bromenado a Rafa, con la excusa perfecta para recurrir a la cantidad de anécdotas que los varones de la Catalina tienen en su historial y ahora agregarán esta también.
Un recorrido en el ómnibus de la murga de los cardozo por los cinco tablados de domingo