Por: Analía Filosi
El abogado Jorge Taboada es el ex de Violeta Garcés (María Fernanda Callejón) y padre de su hija Rocío. Es el tercero en discordia en la relación que Violeta mantiene con su nueva pareja, Omar "El Negro" Pereyra (Ruben Rada). "Me sentí inmensamente feliz con la convocatoria para participar en una ficción en la que Canal 12 está poniendo toda su artillería. Estoy con mucha ilusión y muchas ganas de que sea un éxito", dice Gustavo Guillén (45 años), el actor argentino elegido para interpretar a la contrafigura de Rada en La oveja negra (domingos, 21 horas). Conocido galán "malvado" de telenovelas, Guillén se animó a probar con un género de comedia que nunca había hecho. "Es muy significativo y muy lindo hacer algo así porque hay otros tiempos de preparación, no es el ritmo vertiginoso de la tira, que es bastante agotador", destaca quien recuerda haber trabajado en un unitario hace mucho tiempo, El sillón de Rivadavia, que encabezaba Federico Luppi. De lo que no puede salir es de los "malos", si bien Taboada no es un malvado propiamente dicho, "siempre tiene que haber un tipo que se meta y arme conflicto, lo cual puede que después quede rotulado como el malo de la película". Esa constante presencia en el rol del antagonista es algo que el actor toma con humor, "se han encariñado con mi maldad" y, si bien le gustaría que llegara el galán, tampoco es algo que le quite el sueño. "El proceso que sufre el galán es bastante tedioso. Si bien termina ganando, el trayecto es muy sufrido. No elegí estar metido en este tipo de personajes, pero los malos me han divertido tanto y la he pasado tan bien, que se ve que a los productores también les gustó. Para el actor es más divertido hacer de malo, pero por supuesto que me gustaría ser galán. Siempre digo que hay tiempo para todo en esta carrera y tengo asignaturas pendientes que sé que se van a dar pronto".
La asignatura de bailarín ya la cursó y nada menos que con una uruguaya: la hoy inmensamente mediática Abigail Pereira, de quien fue pareja en "Bailando por un sueño" (ShowMatch). "Nunca había bailado. Es más, a mí me llevabas a una fiesta, me ponías música más acorde a lo que estaba acostumbrado cuando iba a bailar -disco, década de los 80, principios de los 90- y me llamaba la atención. Pero lamentablemente últimamente hay una tendencia de priorizar la cumbia o el cuarteto, y a mí me pone de muy mal humor, con perdón de toda la gente que hace cumbia y cuarteto. Será porque soy músico, baterista, y tengo la música incorporada dentro de mi ser desde un concepto mucho más amplio: las viejas bandas de rock, Deep Purple, Yes, Led Zeppelín, Rush… todas bandas legendarias donde el hecho de hacer música era algo maravilloso", cuenta. "ShowMatch iba por el tercer intento de convocarme, ya les había dicho rotundamente que no por prejuicio y miedo a hacer el ridículo. Pero en esta oportunidad me sentí con muchísima seguridad. Y cuando me comentaron que mi soñadora iba a ser un travesti uruguayo, más aún porque me parecía que íbamos a poder dar algo realmente muy potente. Afortunadamente no prevaleció nunca la condición de Abigail. Es más, cuando Marcelo Tinelli la nombraba, en las primera coreos decía `presentamos al travesti uruguayo Abigail Pereira`, pero en lo sucesivo nunca más usó la palabra travesti. Significaba una consolidación muy importante de Abigail dentro del certamen como mujer y como soñadora".
Guillén define a "Bailando..." como "una de las experiencias más alucinantes que tuve en mi vida. Pasábamos muy bien. Pero no sé si lo volvería a hacer, porque ya supe lo que es. A mí me gusta que las cosas me generen sorpresa. Creo que no repetiría". Pero la duda nunca se le generó por el ataque que los realities reciben de los defensores de la ficción, aunque él sea actor. "Para algunos `Bailando…` está dentro de un cuadro de reality, para mí no lo es. Tiene un entorno totalmente distinto a un reality, no estamos todos encerrados en un lugar haciendo nada".
-Pero reality no es sólo encerrar gente…
-No, pero siempre se conceptuó así. Yo nunca fui de la partida de acusar. Para mí, hay una diferencia grande entre ShowMatch y Gran Hermano. En una época pasó lo mismo con los talk-shows, con la TV abarrotada de esos programas, donde la ficción había pasado a un tercer o cuarto plano. Creo que hay modas o situaciones en etapas televisivas que hay que pasarlas. Me parece que algunas aportan muchísimo y otras no aportan absolutamente nada. En el caso de `Bailando...`, acepté porque representó un desafío enorme ponerme en la piel de un bailarín y, paralelamente, tratar de cumplirle el sueño a este maravilloso ser que es Abigail. Me comprometí desde un lugar en el que nunca sentí que estaba dentro de un reality.
También fue una forma de liberar al músico que lleva dentro. "Cada vez que tengo posibilidad, lo hago. Armar una banda no es tarea fácil, pero capaz que se da que el `Negro` Rada necesita una noche un baterista o un percusionista… acá me tiene".