ENTREVISTA

Fernando Marguery, el panelista al filo: "Me gusta ir al choque"

El periodista se sumó a Esta boca es mía en agosto. Lleva 35 años en Radio Rural y se define como un comunicador con opinión. Recuerda el cruce con Selva Andreoli cuando la llamó "señora de Valenti".

Fernando Marguery. Foto: Ricardo Figueredo
Fernando Marguery. Foto: Ricardo Figueredo

Fernando Marguery empezó en los medios de casualidad. Había ido a acompañar a su novia a una prueba en FM Del Plata. Cuando ella salió le dijeron que también buscaban una voz masculina, si no conocía a alguien. “Ahí está mi novio”, dijo ella. Marguery, que en ese entonces trabajaba en administración, decidió probarse.

Empezó a hacer su camino y en 1985 se sumó a Radio Rural luego de haber sido becado para estudiar comunicación en la Universidad de Navarra en España.

En la emisora tuvo la oportunidad de especializarse en un tema que, montevideano de nacimiento, desconocía: la información agropecuaria. Hasta la actualidad es parte de la CX4 o 610 AM. Está al frente junto a Horacio Jaume de Diario rural (5:30 a 8:30) y luego del programa periodístico Sin vueltas con coconducción de Alejandro Acle y que va hasta las 11:00 de la mañana. En ese programa, el presidente Luis Lacalle Pou dio su primera nota radial una vez asumido como mandatario en marzo pasado.

El nombre (“sin vueltas”) lo define como comunicador. Fernando Marguery es de los periodistas jugados en la opinión. Y fue ese perfil el que lo llevó a la televisión: desde agosto pasado integra uno de los paneles de Esta boca es mía, donde se debate cada tarde los temas de actualidad.

“Siempre ejercí el periodismo con una carga de opinión muy fuerte. Me gusta jugar en ese límite”, considera Marguery, que por estos días está en ejercicio de unas vacaciones.

Fernando Marguery. Foto: captura
Fernando Marguery. Foto: captura

—Dar opinión es un paso arriesgado en el periodismo, porque uno se expone a que quien escucha no esté de acuerdo. ¿Cómo te llevás con eso?

—Bien. Noté una diferencia cuando pasé a la televisión. En la radio, normalmente la tribuna está a favor porque el que te elige escuchar, sabe más o menos lo que pensás y se identifica. Puede haber diferencias pero estás interpretando a mucha gente. En Esta boca es mía me empezó a pasar algo que no me sucedía: primero que la repercusión es mucho mayor y segundo, que el espectro es más amplio. Tengo un nivel de crítica imponente, incluso de confrontación con los otros panelistas, con quienes, muchas veces, pensamos de forma radicalmente diferente. Es todo un aprendizaje el que tengo para hacer.

—Has tenido algunos contrapuntos duros...


—Siempre me gustó ir al choque y muchas veces provocando para generar la discusión. Me gusta generar en el otro una reacción, incluso para que me relajen. Sé que hay cosas que digo que pueden caer mal en el resto de los panelistas o incluso en los televidentes. Pero opino desde la honestidad total y la transparencia. Voy como pienso y siento, sin medir demasiado las consecuencias. Estoy siempre en el filo: de jugar en el borde a cometer un error hay un paso.

—Te paso hace no mucho cuando llamaste a Selva Andreoli como “señora de Valenti”. ¿Sabías lo que iba a generar?

—Sí. Ese día fue muy especial. Nunca me había tocado con Selva Andreoli en un panel porque nos hemos rotado desde la pandemia. Era la primera vez que la tenía en frente. Claro que sabía quién era y cómo pensaba. El invitado era el dirigente de la FUS, Jorge Bermúdez, a quien increpé, apreté y pisoteé, pero en su defensa me saltó todo el panel. Además de Andreoli, estaban Daiana Abracinskas y Verónica Amorelli. Bermúdez, además, me comparó con Bolsonaro. Todos me pegaban y yo no sabía para dónde arrancar. El as de la manga fue pinchar la pelota. Selva me estaba interrumpiendo entonces dije: "cuando la señora de Valenti me deje...” Y ahí se armó. Todos me entraron a criticar, pero se acabó el otro tema. Se desvió la atención, que era mi cometido.

(Mirá el video: El enfrentamiento comienza en el minuto 10:40)

—Al final pediste disculpas.

-Sí, le dije que si se había sentido ofendida, pedía las disculpas del caso. Pero yo no considero que la haya agredido. Es más, cuando terminó ese programa ella dijo: “Quiero aclarar que estoy muy orgullosa de ser la señora de Valenti”. ¿En qué quedamos entonces? ¿Le ofende o no? Es como la polémica por la policía que le pegaron en Rocha y a quien ninguna femenista salió a defender. Dicen que le pegaron porque era policía, no por mujer. Entonces nada es violencia de género. Porque si mañana le pegan una cajera de supermercado, le pegan por cajera no por mujer. Me parece que la línea es muy fina y que lo que hace mal al feminismo es el fanatismo.

—¿Crees que pasa eso en Uruguay?

—Sí. Hay fanatismos que distorsionan todo. En la ecología, cuando se fanatizan, se van al demonio. En el sector rural existe el problema de las jaurías de perros que atacan el ganado. El código rural habilita a los productores a matar a los perros. Pero si vos decís esto, saltan los fanáticos. “¡No me toques al perro!”. ¿Y la oveja no es otro animal? Con el feminismo pasa lo mismo. No ven los grises. Todo es blanco o negro.

—¿Hay una ideología de género?


—No sé. No sé qué quiere decir “ideología de género”. Ni me interesa profundizar. En lo que sí creo es en el repudio a la violencia, sea a mujeres, niños, viejos... a todos. Y otra cosa que creo es que hay una estrategia de la izquierda detrás. Estas agendas de derechos son una estrategia de las izquierdas, no solo en Uruguay. Caídas otras banderas, como la del socialismo real, como el “no a la banca”, al capital extranjero y el “yanquis go home”, muerto todo eso, levantaron la agenda internacional de derechos. Hay una utilización política del tema. No quiere decir que quienes están en estas organizaciones hagan política, quizás muchos estén convencidos, pero esos grupos son usados políticamente, en este caso por el Frente Amplio. No hay duda alguna.

—¿Considerás balanceado el panel de Esta boca es mía?

—Nunca está muy balanceado, al menos para mi lado. Por lo general quedo en minoría. Pero es divertido. Con Alfredo García, por ejemplo, me llevo muy bien y es panelista en Radio Rural. Todos los martes discuto una hora con él. De hecho, fue García quien propuso mi nombre para el programa luego de que se fuera Graziano Pascale, Estamos diametralmente opuestos en el pensamiento, pero tenemos una buena relación. Es un tipo como yo: tiene honestidad intelectual cuando discute. No está calculando políticamente nada de lo que dice. Yo tampoco le debo nada a nadie. No milito en política, más allá de tener amigos. Entonces, vos pensás como pensás. A mí me dicen: “Le estás haciendo los deberes a la derecha” y la verdad es que no le hago los deberes a nadie. Alfredo es igual: es un libre pensador.

Lacalle Pou en Radio Rural
Lacalle Pou en Radio Rural

—¿Cómo se gestionó la entrevista a Lacalle Pou?

—Con Lacalle Pou tengo una relación especial. Tuve la suerte de estar cerca de él personalmente. A través de otras personas hicimos cierta amistad. Él me abrió las puertas de su casa, de su familia. He estado compartiendo muchas veces en la casa de La Paloma. Lo considero casi un amigo, aunque tenemos una diferencia de edad importante. Un día le dije: “Cuando seas presidente, quiero tener una entrevista contigo”. Después del primero de marzo hice la solicitud y me la dio.

—La del presidente fue una situación excepcional, porque habitualmente no hacés entrevistas en el programa. ¿Por qué?

-Porque me aburrí de los políticos, me aburrí de que me mientan. No es que mientan, pero acomodan el cuerpo a su conveniencia. Vas a entrevistar a alguien del Partido Nacional o del Frente Amplio y ya sabés lo que te va a decir sobre cualquier tema. Es muy difícil sacarle algo que vos no sepas. Quizás se puede pisar el palito y generar una polémica con otro. Pero ¿para qué suma? Me aburrí. En el ciclo anterior a mí me cortó el teléfono Juan Castillo, otro día se enojó Pedro Bordaberry, Jorge Batlle también me cortó el teléfono en su momento. Porque yo preguntaba cosas que le molestaban o en la pregunta daba mi opinión.

—¿Crees que hay una grieta a la manera argentina?

—La grieta se da entre las personas que se interesan en los temas. Pero hay una gran masa de gente ajena al ruido de Twitter y a quienes no les importa nada. La gran mayoría de los uruguayos no está midiendo si tal o cual es “facho” o “foca”. No da bolilla. El lío grande se arma en los sectores que están más arriba en la información, están más comprometidos e ideologizados.

—Y a nivel de “campo-ciudad, ¿hay otra grieta?


—Sí y de los dos lados. Para mucha gente del Interior, el montevideano, es mala palabra. Esa grieta es mucho más preocupante que la otra y más difícil de resolver porque parte del desconocimiento. El montevideano medio tiene un nivel de desconocimiento y desprecio del campo que asusta. Cuando escucho ese resentimiento hacia los “oligarcas” de las las 4x4 me pregunto si realmente no saben la gran cantidad de productores chicos, granjeros, tamberos y ganaderos que hay en todos los departamentos y que son el motor del país.

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