No estudió actuación de niña porque estaba enfocada en el deporte, aunque el cine estaba latente. Fiorella Vescovi miraba los Oscar fascinada y les repetía a sus padres que se mudaría a California desde los cinco años. Apenas apareció la chance de irse becada por el hockey a la Universidad de Lindenwood (Missouri), no lo dudó. La uruguaya que soñaba con Hollywood en secreto se graduó en Negocios Internacionales y decidió dar el salto: se fue a Los Ángeles y se metió de lleno en el arte. Hoy celebra que Pilotos de papel, el corto que escribió y dirigió basado en una historia familiar, obtuvo el apoyo de Netflix y se estrenó en el prestigioso HollyShorts.
El cine no figuraba entre los planes remotos de Fiorella Vescovi. De niña dedicaba tantas horas al deporte —hacía equitación, hockey y tenis— que no había espacio en su mente para cuestionarse su veta artística. “Me lo guardaba para mí, no pensaba en eso, pero amaba ver películas”, comenta en diálogo telefónico con Sábado Show desde Los Ángeles, donde reside.
Recuerda haber visto Titanic más de diez veces en la pantalla grande y compartir con su padre el amor por Jurassic Park.
Tenía una meta clara y repetía como un loro desde que tenía uso de razón que su destino estaba lejos de su país natal. “Sentía que Uruguay me quedaba chiquito, quería explorar el mundo. Aparte soy gay, crecí en los noventa y no se fomentaba el amor. Sentía que no podía ser quien era”, se sincera.
Algo en sus entrañas le decía que armaría su vida en Estados Unidos. Era una intuición, pero ni siquiera hoy logra descifrar de dónde vino ese ímpetu.
Tampoco imaginó que su fantasía de llegar a Hollywood —esa que se hacía más potente cada vez que trasnochaba para ver la ceremonia de los Premios Oscar— se iba a poder concretar.
Sus padres, ambos abogados, solamente la dejarían irse sola con 17 años si era a estudiar. Así que apenas dio con la oportunidad de una beca deportiva para jugar hockey sobre césped en la Universidad de Lindenwood, le “prendió cartucho” y se instaló en Missouri.
Vescovi demoró 23 años en hacer el clic y comprender que había nacido para actuar y contar historias.
Todo empezó a cambiar el día que se graduó en Negocios Internacionales y Marketing. Tiró una moneda para decidir si se mudaba a Nueva York o Los Ángeles y terminó eligiendo la meca del cine. El azar había decidido su destino y su vida dio un vuelco.
Manejó sola durante tres días con 22 años desde Missouri y, al llegar a Los Ángeles, se hospedó unos días en el apartamento del único amigo que conocía en la nueva ciudad, hasta que dio con unos roomies y se mudó a Hollywood.
Empezó a trabajar en restaurantes y luego a hacer comerciales. “No era mi sueño, pero sí un paso”, cuenta. Con ese dinero logró pagar un semestre para estudiar actuación en el prestigioso Howard Fine.
“Una vez que entré, me picó el bichito y no lo pude dejar. ‘Era esto’, pensé. ‘¿Por qué esperé 23 años para hacerlo?’”, reconoce, aunque no se arrepiente del camino recorrido.
La actuación no fue el único descubrimiento que hizo en Los Ángeles. Con el tiempo entendió que también necesitaba escribir, inventar historias y poner en palabras aquello que llevaba dentro. Otra vez se preguntó por qué no lo había hecho antes.
Hoy escribe para desahogarse, interpelarse, desentrañarse y comprenderse; y en ese camino también fluye el autoconocimiento. Así empezó a contar relatos sobre la familia elegida, como Mal de amores, una producción LGBTQ sobre amistad que circuló en más de 24 festivales de cine de todo el mundo y fue nominada a Mejor Cortometraje de Comedia por los Premios NewFilmakers LA 2024.
El quiebre en su lenguaje creativo sucedió casi sin proponérselo, con Pilotos de papel, el corto con el que logró el apoyo del Latino Film Institute (LFI) y Netflix Inclusion Fellowship.
“Mi último corto, Mal de amores, lo había hecho sola, a pulmón y con mi dinero. Me propuse como meta lograr una fellowship y me llevó tres años, pero lo logré”, asegura emocionada.
Pilotos de papel, inspirado en una historia familiar y ambientado en la dictadura uruguaya, tuvo su estreno mundial el 15 de agosto en el prestigioso festival HollyShorts de Los Ángeles, calificador para los Premios Oscar.
Para su autora y directora, la ansiedad quedó atrás y esa noche fue todo disfrute.
Cómo se gestó el corto "Pilotos de papel", que apoyó Netflix
Fiorella atravesaba un año difícil en 2024 y decidió tomarse unos días para despejarse. Se fue al desierto de Colorado, en Palm Springs, con unas amigas, y un sueño con su abuelo Enrique Vescovi terminó siendo el disparador de su proyecto más personal.
En la escena, salía de un sótano con su clásica sonrisa y se le presentaba a su nieta. “Fiore, te extraño”, le decía. Ella lo sintió tan real y conmovedor que, apenas se despertó, llamó a su padre para contárselo.
La magia y la inspiración siguieron en el aire y, cuando en febrero de 2025 viajó a Uruguay, sus padres le contaron una historia familiar en un restaurante frente a la playa que terminó de avivar su imaginación.
“Mientras mi padre hablaba yo armaba la película. Armo películas todos los días cuando me hablan, aunque no las hago”, reconoce entre risas.
De vuelta en Los Ángeles, se puso a investigar y le hizo un sinfín de entrevistas a su padre vía WhatsApp para reconstruir aquel episodio que marcó su vida.
En esas charlas interminables con él, que además es un gran contador de anécdotas, tomó forma Pilotos de papel.
El corto sigue a un joven de 18 años —su padre— que en 1972 se convierte en el chofer de sus sobrinos y los lleva a la cárcel a visitar a su hermano preso. “Es la historia de un tío que intenta proteger la inocencia de esos niños”, explica.
Para construir el relato se inspiró en La vida es bella (1997) y Aún estoy aquí (2024).
Su intención no era contar la dictadura desde una perspectiva histórica, sino emocional, para narrar cómo este joven tuvo que hacerse cargo de cosas que no eran acordes a sus 18 años. “Me importaba mostrar el trauma generacional y cuántas familias se destruyeron”, afirma.
La historia gustó y logró el apoyo. Si bien Vescovi pensaba desarrollar el proyecto de todas formas, contar con el respaldo de Netflix significó un salto profesional. También resalta que le permitió conocer e intercambiar con otros cineastas latinos.
La beca implicó financiamiento y mentoría del Latino Film Institute.
Vescovi hizo la preproducción en Los Ángeles junto a Samantha K. Tan y Tara Hotchkis, mientras que Federico Veiroj y Alina Kaplan ayudaron a organizar la producción en Uruguay.
“Confié en ellos y me armaron un equipo espectacular. Fue una experiencia divina”, resume.
Armó el elenco junto al director de casting Joaquín Mauad. Eligieron a dúo a Joaquín Cuña -“el mejor actor que podría haber encontrado para que interprete a mi papá”, asegura-, Carla Moscatelli, Sofía Silberberg, Gerónimo Bermúdez, Juan Manuel Diaz Rumi, Diego Damaso y un grupo de niños que, según Vescovi, la “derritieron”.
El 28 de mayo, Pilotos de papel tuvo una proyección especial en el Egyptian Theatre de Los Ángeles, como parte de LALIFF y de la muestra de becarios de LFI y Netflix.
El estreno mundial llegó el 15 de agosto, en HollyShorts, y en setiembre lo presentará en NewFilmakers LA. Planea aplicar al Festival de José Ignacio y al Festival de Cinemateca para que pueda proyectarse en Uruguay con el equipo completo y sus padres presentes.
Ellos ya la vieron y quedaron felices, y para Fiorella Vescovi esa es su mayor recompensa: “Lo más lindo fue haberlo hecho con papá. Fue un regalo compartir con mis padres en el set y que me vieran hacer lo que amo en mi país”, concluye.