Viaje a las Estrellas y Galáctica constituyen un dilema mental insoluble para los millones de enfermizos fanáticos de estos dos venerables culebrones espaciales.
Por : Elbio Rodríguez Barilari
Los guionistas de Viaje a las Estrellas y Galáctica queman más neuronas que la amplia mayoría de sus colegas televisivos.
Tanto el regordete Capitán Kirk, como su colega William Adama, de accidentado cutis, han sobrellevado sus personajes dando pruebas de fina ironía, dentro y fuera de la pantalla.
En Estados Unidos, donde son capaces de ponerse a discutir sobre la psicología profunda de Batman y del Hombre Araña, como si fueran Freud, Lacan, o el Licenciado Jorge Pelonga, este debate galáctico puede resultar hasta refrescante.
El otro día escuché en la tele un argumento que no me parece del todo descaminado: Viaje a las Estrellas trata acerca de lo que quisiéramos ser, mientras que Galáctica es acerca de lo que somos. Da como para pensarlo.
En Viaje a las Estrellas los humanos han desterrado las cosas negativas de nuestra especie. La tecnología ha sido dominada a extremos inconcebibles. No hay padecimientos económicos. No hay injusticias sociales. No hay racismo, ni entre humanos ni con otras especies inteligentes. Hay igualdad entre los sexos.
Aun cuando la Enterprise se zangoletea y echa chispas ante el bombardeo de algún extraterrestre con pinta de lagarto, los tripulantes conservan la calma y nunca se tiran pálidas.
Perdidos en un planeta hostil, esta gente mantiene la humildad y la solidaridad mutua, aunque les estén apedreando el rancho.
Las historias amorosas nunca son destructivas, ni onda teleteatro.
Hay especies malas, pero nosotros los humanos y otras humanidades aliadas, somos buenos, pacíficos mientras podemos, equilibrados, justos. Y aparentemente ya no se usa el dinero, ese gran corruptor.
En Galáctica, en cambio, los personajes toman demasiado, le pegan a la mujer, trabajan como burros, odian a su patrones, desconfían de los gobiernos y hasta le tienen miedo a la muerte.
Claro, mientras que los tripulantes de la Enterprise están de gira espacial por puro amor a la ciencia y al conocimiento, los de Galáctica están rajando de una raza de robots criminales y luchando por la sobrevivencia de la especie, como en Terminator.
En una etapa de la humanidad en que hemos padecido a Bush, a Bin Laden, al norcoreano chiflado y a Tinelli, cada uno de estos modelos tiene su atractivo.
Viaje a las Estrellas nos ofrece el descanso de un mundo diferente, casi utópico.
Galáctica nos propone identificarnos con sus personajes y sus ansiedades, mas cotidianas.
Ronald Moore, uno de los padres de Galáctica también escribió la friolera de veintisiete capítulos Viaje a las Estrellas y formo parte de su equipo de producción. Además, tuvo que ver en varias de las películas sobre las andanzas de la Enterprise. Como para que los fanáticos, conocido como Trekkies (por Star Trek), no le puedan echar nada en cara.
Galáctica trata de ser, digamos, mas real. "Una ciencia ficción que contenga toda la estupidez y la tristeza que experimenta la gente real", declama solemnemente un concienzudo panelista. Que agrega: "Esta es una ciencia ficción para la era de precios pico para la nafta, Setiembre 11 y desastres naturales provocados por el cambio climático al punto de que pueden ser destruidas algunas de las mayores ciudades".
O esta otra: "Uno no puede jugar a ser Dios y después lavarse las manos de las cosas que ha creado", dice el comandante de Galáctica, William Adama. "Tarde o temprano, llega el día en que no te puedes esconder más de las cosas que has hecho". Toma pa vos, eso esta mas cerca de Shakespeare que de Sofovich.
Claro que a nivel bien banana uno podría preguntarse qué pasaría si la Enterprise y Galáctica pelearan entre sí, quién ganaría.
Para terminar, debo anunciarles que los reguladores secundarios girodinámicos en la matriz del campo de propulsión se acaban de despolarizar… Agarrate Catalina que vamos a galopar.
barilarius@yahoo.com