El cuento de La casa

| Entrevista al productor de contenidos de Gran Hermano y responsable del casting del reality.

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Por: Mariel Varela

En 2001 lo llamó la producción de Gran Hermano (GH) con una propuesta: ¿Te animás a hacer lo contrario a lo que hiciste siempre?

A Sergio Vainman le entusiasmó la posibilidad de "reciclarse" y encaró el desafío. Pasó de inventar ficciones (Montaña rusa, Verano del 98, La banda del Golden Rocket, entre otras) a editar el contenido que construían a diario los participantes de la casa más famosa del Río de la Plata.

Dejó de "poner" sus ideas en un papel para "extraer" lo más interesante que captan las cámaras una vez que la casa empieza a funcionar y así ir armando el relato en medio del universo de relaciones que se tejen. "Es una historia. Es la historia de ese grupo en esa casa. Y cuando termina el programa redondeas la historia. Y colorín colorado este cuento se ha acabado: ganó fulano o mengano", describe.

-¿Tenés la chance de manipular al público desde esa posición?

-Podría hacerlo eventualmente pero me parece que no sirve. Lo lindo de este juego no es manipular sino ver cómo lo que para algunos es maravilloso para otros es horroroso. La misma actitud de un participante para una parte del público es extraordinaria y para otros no. Y vos decís, cómo pasa eso si yo mostré lo mismo. Si yo intentara manipular traicionaría al público y a los participantes.

Prefiere que no lo llamen guionista. Ese no es su rol porque los participantes no reciben ningún libreto, sino apenas estímulos (propuestas de debates o actividades). "En ficción ponés las palabras. Acá tenés los hechos y contás la historia de la casa. No te podés equivocar porque si lo hacés, se te cae en dominó todo lo demás. Es la misma casa que te va marcando la línea", explica.

A los participantes no los llama personajes porque esto no es ficción. Prefiere decirles actantes: "El fenómeno que está en un medio pero actúa por sí mismo, no recibe un libreto. Se representa a sí mismo", explica.

Vainman es editor de contenidos pero también responsable de hacer el casting de Gran Hermano. Llegó a Montevideo junto a otros tres castineadores en busca de un uruguayo para GH 2012. "Vamos a ver. Yo estaría muy contento si en el mosaico hay una baldosa que pueda ser ocupada por un uruguayo".

percepción. No hay teoría sino el trajín que aportan diez años haciendo este tipo de selección. "Tenemos bastante buen ojo, no nos ha fallado", asegura. Miles y miles desfilaron ante Vainman. Los mira a los ojos y es capaz de saber si tienen algo para transmitir, si poseen ese "magnetismo que es inexplicable verbalmente pero existe".

Entre el equipo de castineadores también se entienden sin palabras. "A veces con una sola mirada nos damos cuenta de que alguien está pintando para seguir adelante con la indagación". Funciona así: cada interesado llena una ficha y a partir de ahí, se va escarbando en su intimidad.

La entrevista puede durar dos, cinco, ocho o diez minutos. Dependerá de cuánto interés despierte y de cuánto tenga para decir. Los de pocas palabras se descartan. "El que tiene poco para decir, tiene mucho menos para decir adentro de la casa".

La ingenuidad del primer casting es historia vieja. "Había cierto grado de desconocimiento. A medida que el juego se fue imponiendo, se fueron haciendo todos veteranos como espectadores. Entonces al ir al casting piensan, suponen que la tienen clara". Imitar al último ganador es un clásico. "Tampoco sirve porque cada GH es distinto porque se arma un grupo humano distinto. Nunca hubo dos GH iguales. No puede haberlo, de hecho. Son todas personas distintas y está basado en lo que estas personas hacen o no hacen. Sería imposible hacer dos iguales".

se busca. A Vainman no le gratifica lo rebuscado. Tampoco le interesa la apariencia física porque "hay lindos tontos y feos interesantísimos". Lo único claro es que tiene que haber una historia de vida detrás. Si está ligada a la superación y al esfuerzo, mejor aún. "Si te pregunto qué te interesa ver, un looser que nunca peleó por nada o un peleador. Te va a interesar más ver un tipo que superó dificultades, que es capaz de competir sanamente y hasta con picardía. Eso es lo que querés ver", dice.

Las historias simples también valen si la personalidad acompaña: inteligencia, rapidez, simpatía, gracia, ser entrador. No hay fórmulas ni recetas. No es una ecuación: vida fácil=tonto, vida difícil=interesante. "Es relativo. Hay que combinar las dos cosas".

-¿Hay historias que rindan por sí mismas más allá de la personalidad del participante?

-Difícil porque la historia tiene que estar corporizada. La historia por sí misma es un cuento pero tiene que haber alguien que lo cuente, que vos te lo creas, que tengas empatía con él. Participante e historia están muy unidos. Por eso se busca alguien que tenga una historia pero que también la sepa contar.

Luego que superan la primera etapa del casting, las personas deben someterse a un psico diagnóstico. Aquellos que presentan características violentas o están desequilibrados quedan afuera. "El aislamiento no es un chiste y tenés que tener una estructura psíquica que te permita soportarlo. No todo el mundo la tiene. De hecho, hemos tenido que descartar participantes muy interesantes desde otros puntos de vista pero que los psicólogos nos dicen que no son recomendables. Si te dicen eso y vos decidís ponerlo igual, estás asumiendo un riesgo enorme".

La introspección no tiene cabida en este juego. Se buscan personas que tienden a la histeria, al acting. Y es fundamental que haya un balance de personalidades. "Tenés que poner varios colores; poner complementarios y contradictorios para que algún color resalte. Si hacés todo de un mismo color, se empasta, no tenés nada que sobresalga, nada que se muestre".

la gran zanahoria. El denominador común es la búsqueda de notoriedad. Todos corren detrás de ella y entran a la casa con el objetivo de hacerse conocidos. En el primero quizá iban más por el lado de darle un giro a su vida rutinaria pero hoy eso quedó atrás para la mayoría.

Algunos ex GH mantienen relación con el canal; otros, como Parra (ganador del segundo) nunca más vuelven. Apenas dos o tres se recuerdan de cada edición. El resto queda por el camino. Y varios se quejan de que no se hicieron todo lo famosos que esperaban. "No tiene fama cualquiera. Se puede tener reconocimiento público momentáneo y eso es lo que les da GH, pero la fama es otra cosa, se gana con una carrera, un trabajo".

Esa fama efímera y ese caer de golpe puede hacerles daño pero Vainman asegura que todo el que entra al juego conoce las reglas. "Ya no hay nadie ingenuo. Nadie entra engañado ni está obligado a llenar una ficha de casting. Entonces me parece que no hay víctimas en este caso".

No se les vende un buzón. "Yo no puedo prometerles que van a ser famosos, cantantes, bailarines, actores. Será lo que deba ser. Lo único que hago es ingresarlos a un juego que tiene un ganador. Lo demás corre por cuenta de cada uno. No hay promesas", asegura Vainman.

"clientela". Estamos frente a la octava edición de Gran Hermano en Argentina. Uno se pregunta por qué funciona. Y la respuesta de Vainman es que hay dos cosas que no se discuten ni analizan: el éxito y el fracaso.

No hay una explicación lógica pero él define al público de GH como clientes que están esperando una próxima edición. "Como los que compran el diario todos los días. Y hay que atender esa clientela. Hay que darle el show que están esperando ver".

-¿Y qué esperan ver?

-Lo que esperan ver es un grupo de personas compitiendo sanamente a veces. Hay otra competencia que no es sana, con cosas que moralmente otros condenarían, una confrontación de personalidades, un choque de intereses. Eso es lo que les interesa ver y de hecho lo ven.

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