El candombe que vino del frío

Daniel Amaro nos obsequia con uno de los mejores discos de su carrera. Espléndida alianza de música y texto, sonido trabajado y cautivante. Un CD redondo, valga la expresión.

La música popular uruguaya no es pródiga en vozarrones. Abundamos en sutiles cantautores de voces delicadas, como Darnauchans, Cabrera o Drexler. También contabilizamos las anti-voces de intérpretes tan peculiares como Mateo, Leo Masliah o Jaime Roos.

Rada es un gran vozarrón, sin duda, como lo fue el de Julio Sosa. Y tenemos dos tenores tan potentes como el Canario Luna o Braulio López. Pero son los menos. Daniel Amaro es, definitivamente, uno de esos pocos vozarrones, disfrutando de una garganta superdotada, con amplitud de registro, generoso volumen y variedad de colores.

Desde hace muchos años, Daniel es parte del exilio cultural. En su caso, el puerto de recalada ha sido la lejana Noruega. Y desde allí se nos descuelga con otro hermosísimo CD intitulado Uno y su Corazón. Este fonograma está siendo distribuido por Perro Andaluz y es francamente recomendable.

Antes de iniciar su precoz carrera como solista, Daniel Amaro tuvo una aún más precoz trayectoria con el recordado grupo Cold Coffe. En aquellos lejanos tiempos yo lo tenía fichado como uno de mis vocalistas rockeros favoritos. Hasta que un día, de repente, lo oigo cantando en español una musicalización propia sobre un texto de Nicolás Guillén. Y acompañándose con una guitarra acústica criolla, no la Gibson o Martin de cuerdas de acero que hubiera estilado un rockero acústico.

Desde aquella solitaria incursión, año 1971, fui siguiendo la carrera de Daniel y pude conocerlo mejor un poco más tarde, a través de mi trabajo en el Discodromo Antishow de Ruben Castillo.

En su papel de trovador, Daniel tiene el honor de haber sido uno de los pioneros de las llamadas TANGUECES. O sea, canciones urbanas montevideanas o porteñas que, sin ser 100 por 100 tango, tenían el aroma y hasta el sabor del género rioplatense. Baste recordar la emblemática A la ciudad de Montevideo, construida sobre texto de Carlos Maggi, nada menos. Maggi y Castillo, dos visionarios, siempre "le dieron para adelante" , como dicen los murguistas, a Amaro.

Daniel anduvo por Buenos Aires, por España, y finalmente encontró su Norte, nunca mejor dicho, en Noruega. Pero artísticamente nunca perdió contacto con el Uruguay. Cada verano anda por allá, cantando y recargando las provisiones de murga y candombe. Y entre las postrimerías del siglo XX y estos comienzos del XXI, nos ha deparado una serie de discos estupendos.

El que hoy nos ocupa es una verdadera fiesta. Me cuesta elegir un tema sobre otro. Rodeado de un grupo de músicos escandinavos que se desempeñan en el candombe, el tango, el samba y la milonga con sorprendente frescura, Daniel ha logrado un disco redondo, si se me permite el juego de palabras.

Después del vital Agua, de Fernando Cabrera, y del brutal Agua podrida, de Leo Masliah, era difícil meterse a cantarle al líquido elemento. Sin embargo, en El Agua, Daniel consigue la hazaña. Una letra directa y poética a la vez, una música vivaz y una elegante alusión a los Beatles, son algunos de los elementos a destacar.

Hablando de las tangueces, acá Daniel las visita nuevamente en un par de temas, con bandoneón incluido, y yo diría que ya invade claramente y sin pedir permiso, el terreno del puro tango.

Hay otra colaboración con Carlos Maggi, en el entrañable tema que da título al CD, Uno y su corazón.

Y si me la tengo que jugar, mi preferido sería Polvo enamorado, donde juega con esa imagen tomada del poema Amor constante más allá de la muerte, de Francisco de Quevedo. Encontrar continuidad con ese poeta enorme de los siglos XVI y XVII, en una canción popular uruguaya del siglo XXI, me parece algo sencillamente delicioso.

El CD termina "arriba", con un memorable samba, muy en onda Chico Buarque, que satiriza ciertos prejuicios sociales en contra de la fiesta de Momo.

barilarius@yahoo.com

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