No fue lo más simple de las cosas. Pero lo lograron y hoy lo disfrutan. Hereford, la banda de rock integrada por Daniel Martino (guitarra y voz), Frank Lampariello (bajo y voz), Guzmán Mendaro (guitarra y coros) y Rodrigo Trobo (batería), cumple 15 años. Para festejarlo, el martes 18 se pondrá a la venta con el diario El País un CD donde la banda recopila sus éxitos. Sábado Show repasó con Diego Martino y Fran Lampariello ese largo trecho.
-¿Qué significan 15 años?
-Daniel: Mucho tiempo, un proyecto de vida, una familia que se formó. Mirás para atrás y es mucha cosa la que pasó. Todos teníamos material filmado que nunca habíamos visto y se lo dimos a Pablo Banchero para hacer un DVD. Cuando nos lo mostró en algunas partes nos emocionamos. ¡Qué increíble! Cosas de tanto tiempo atrás y cómo pasa el tiempo, te parece que pasó ayer pero no pasó ayer, pasaron muchas cosas. Nosotros tenemos nueve discos, es una montaña, y en realidad siempre pensamos en el futuro, en qué vamos a hacer para crecer. Pero somos una banda vieja, súper constituida, sólida. No muchas bandas tienen la dicha de que cada miembro pueda ceder para vivir tanto tiempo. Nosotros nos sentimos muy bien.
-Frank: Nosotros creemos que seguimos siendo los mismos pendejos que arrancaron. (Risas). Siempre hablamos de que somos la única banda del medio que mantiene la formación, eso quiere decir mucho para nosotros. La unión que tenemos y cómo, a pesar de los encontronazos naturales, todos podemos dejarlos de lado y adaptarnos para tener la banda que todos queremos nos parece muy importante.
-D: Los choques son naturales, se producen cuando cada uno pone mucho amor en lo que está haciendo. Cada uno tiene una convicción sobre los temas que surgen y expone sus opiniones hasta llegar a un consenso, porque primero está la banda, primero estamos los cuatro, y después esta cada uno. No tenemos vidas paralelas a la banda. Y nos cuidamos.
-F: Nosotros convivimos mucho fuera del ensayo como amigos, nuestras mujeres son muy amigas y todos hemos tenido problemas personales por el camino, de los que nos hemos ocupado todos. Nos consolamos y nos aconsejamos. Somos una familia.
-D: Lo fundamental fue que teníamos familias muy parecidas. El tipo de raíz de la familia es muy parecida: gente de clase media trabajadora que llegó a hacer algo a fuerza de voluntad. Entonces la voluntad es un valor para nosotros muy importante y que hoy no está presente en la sociedad de consumo y del facilismo. Eso nos llevó a ponerle una voluntad muy grande a lo que estamos haciendo y ante una pelea pensamos en lo construido, en lo que estamos haciendo y nos lleva a analizar con más profundidad la situación.
-¿Qué balance hacen?
-F: Positivo. Cuando arrancamos teníamos una visión pero hay una realidad: estás en Uruguay. Más en el momento en que arrancamos, que no pasaba nada con el rock. Lo hicimos realmente porque nos copaba.
-D: Uno se pone a tocar la guitarra para ganar minas. (Risas). Querés tocar en una banda porque te gusta la banda y lo que genera. Y uno no va a tocar y se va a dormir: te gusta el antes, el durante y el después. No lo hacés con la cabeza pensando en un Pilsen Rock u otras cosas que nos han pasado. Igual las cosas van cambiando. Cuando empezamos decíamos `pah, qué bueno tener un video en MTV y cuando lo tuvimos fue `che, ¿viste el video?` o `qué bueno tocar en un teatro`. Las necesidades van cambiando. Hoy la necesidad nuestra es sacar un buen disco o llevarnos bien y disfrutar del show. La meta cambia. Antes el camino para llegar a la meta era uno, hoy la meta es el camino.
-F: Y estamos en al meta.
-D: La meta es Hereford, hace 15 años que disfrutamos de la meta, siempre hay objetivos, pero siempre arriba de la meta. El fin es estar nosotros bien con lo que estamos haciendo. Tuvimos épocas buenas, épocas malas, épocas muy malas. Pero el balance es positivo porque seguimos acá.
-¿Qué es lo que más cambió en estos 15 años?
-F: El Rodri, que está pelado. (Risas).
-D: Musicalmente fuimos madurando, como toda banda. Los primeros discos tienen letras más inmaduras, más jóvenes
-F: Cuando sos guacho, escribís una cosa y cuando vas creciendo ves otras cosas, otras realidades en las cuales te ves inmerso y vas cambiando el lenguaje. Daniel, sobretodo, de las letras del primer disco a las de este es impresionante lo que cambió. Bueno, ya desde el disco La corona del rey.
-D: Si, el cambió fue en La corona. Arrancás a componer canciones con 19 años y a los 30 viviste 10 veces más cosas y te pasaron cosas más profundas. Cuando uno tiene 20 años, sus dramas y necesidades son otras y a los 30 o 40 años son distintas.
-F: Entramos en un lenguaje más universal y es normal también. Lo que tenemos es que, al ser una banda de rock, siempre nos mantenemos jóvenes, tenemos ese espíritu. Yo soy un pendejo, él también.
-D: ¿Sabés cuándo madura un músico, cuándo envejece? Cuando se muere.
-F: Yo tengo 41 años, mis amigos de 41 años tienen otra vida distinta a la que tengo yo. Yo sigo pensando en salir, tomar una cerveza, tatuarme y estoy casado y tengo dos hijos, pero tengo esa mentalidad. Y sigo escuchando música al palo y eso es algo que tenemos los músicos que nos diferencia de los médicos. Podemos tener ese doble lenguaje.
-D: Es como una libertad de espíritu. Es más, cuando abordamos los temas logísticos y empresariales, porque es un emprendimiento y hay que meter un pienso en la veta comercial, no es la parte que espiritualmente más nos gusta. Lo hacemos pero nos sentimos invadidos. Cuando tocamos es un paréntesis en el continuo del pensamiento.
-F: Estás esperando que llegue el fin de semana para tocar. Tocás y lo problemas que tengas se disuelven, al menos por ese rato. Cuando estás colocado es como una terapia, es una viaje. Pueden estar cayendo bombas atómicas al lado. No me olvido más de un Pilsen Rock, en que estaba lloviendo torrencialmente y caían rayos. Estábamos tocando un tema de AC/DC y en el solo de bajo le digo a Chirola, "Chirola, nos vamos a morir acá arriba" y él me responde. "Sí, rock and roll" y seguimos muertos de risa. Alguien normal para todo en dos segundos. Pero era tal el goce, que seguimos. La gente estaba agitando y para nosotros era perfecto.
-¿Y cómo es seguir siendo rockero con familia e hijos?
-F: Es muy difícil. Yo los encerré 13 años. (Risas). Siempre la llevé bien. Siempre tuve el apoyo de mi familia y sobre todo de mi mujer. Es lo que mencionábamos hoy, el tema de los valores familiares siempre lo mantuvimos. No somos santos, somos músicos, pero tampoco somos diablos.
-D: Somos muy prolijos, nos rodeamos de bandas y amigos prolijos: Trotsky, Buitres. Las bandas acá, a nuestra edad, ya son prolijas, ya son familias constituidas, con hijos. Hay excepciones, pero son cabos sueltos. Igual el rock está relacionado con la noche, y la noche con la droga y el alcohol. Y una cosa te lleva a la otra, y a veces pasa; y si te agarra más joven, peor. Pero a esta edad no es tan sencillo caer en la tentación.
-F: Vivimos todo, vivimos mucho. Ya tenés otros valores de familia que te inculcaron de chico. Eso hace que vos metas eso en tu familia. Aparte, lo del rockero que vive tirado, tomando whisky y rodeado de minas acá no existe. Todas las bandas de rock de acá, casi sin excepción, tienen una cuota de sacrificio muy grande. Tanto las que llegan, como las que no llegan. Ninguna tuvo ese esplendor de Miami. Acá no se vive la vida de Los Ángeles.
-¿Se veían juntos durante 15 años, 15 años atrás?
-D: No, ni en pedo. 15 años para adelante… Yo no me proyecto en el tiempo, para mí es atemporal. Cuando nos cansemos, nos tomaremos una licencia o algo de eso. Los Beatles duraron nueve años, los Doors, cuatro. Claro, hablamos de otra cosa, pero Cold Play tiene tres o cuatro discos y seis años.
-F: Pero U2 tiene cuánto... y Camilo Sexto sigue cantando. (Risas). Nunca miramos cuánto tiempo vamos. Yo nos daba a lo sumo tres años al principio. Pero después, en un momento sí, cuando estábamos cerca de La corona del rey.
-D: El rock significa cosas distintas en el hemisferio norte y sur. En el hemisferio sur las bandas tardan más tiempo en ser aceptadas por la idiosincrasia del público. Allá, si gusta algo, gusta. Acá tenés que sacar un disco y romper todo y en el segundo reafirmar que rompiste todo.
-¿Cuál consideran que fue el disco más importante?
-F: La corona del rey, pero no tiene el tema más importante que es Bienvenida al show. El segundo tema más importante es Lo más simple de las cosas, y tampoco está en La corona. Fue un punto muy alto ese disco, por el tema que toca y porque salió el material indicado en el momento indicado. No fue un gol buscado. El disco era real, auténtico. .
-¿Qué es lo que más ha cambiado a lo largo de estos años?
-D: La gente respeta mucho los años, aunque no te consuman. De repente no tenemos un nivel de convocatoria asesino pero la gente nos respeta y si vamos a un festival nos ve y sabe las canciones.
-F: La gente es también más amplia, no tiene prejuicios. Es increíble ver cuando vamos a un boliche del interior cómo la gente baila cumbia hasta que nos presentan y entonces agita con nosotros, nos piden otra y cuando nos vamos siguen con la cumbia de nuevo.
-D: Antes los metaleros se peleaban con los punkis. Ahora comparten escenario.
-¿Cómo ven el rock ahora?
-F: Mejor, pero como que volvió a la calma luego de esa locura del año 2000. Cuando digo mejor me refiero a que estamos en una posición mejor. Antes habían bandas que andaban muy bien, como Níquel o Peyote, Los Traidores y Los Estómagos. Lo normal para una banda de rock acá es llenar un Teatro de Verano, no hacer un Pilsen Rock con 150 mil personas.
-D: 15 años atrás no podías porque no había infraestructura, equipos, nada. Cuando hicimos el toque Rock de Acá, que tocaba La Vela Puerca y pila de bandas más, no se llenó el Teatro de Verano. Era difícil. A nivel de sonido, las bandas tuvieron acceso a mejor calidad. Antes era imposible grabar con buen sonido. Con tres mil dólares no lograbas nada y los gastabas y no sonaba bien igual. Fue mejorando.