-¿Qué trae de nuevo Sin atajos? (Domingos, 21 hs.).
-Un 70% de fiestas en Europa, el 80% en España, además de Italia y Portugal. También va a haber cosas de América, como los Grammys y los MTV. Arrancamos en Úbeda, en el sur de España, y nos fuimos hasta Navarra, en el norte. La idea es mostrar un poco más de reality, de cosas que pasan en el viaje: aeropuertos, peaje, comidas, hoteles…
-¿Qué podés contar de Ibiza, el arranque del ciclo?
-Es España, pero no es España… es un poco el mundo. Te das con italianos, alemanes, franceses, neozelandeses, australianos, japoneses, argentinos, uruguayos… El programa es una gran noche, el recorrido de alguien que va a pasarla bien: tardecita en la playa, el boliche de primera hora, el boliche de segunda hora, el after… Charlie, esta vez, va a mostrar la playa, lo turístico, y Rafa la noche, la joda. Se cambiaron los roles, pero sólo para este programa por lo particular del lugar.
-Ahora estás en Venecia.
-Vamos a hacer Il Redentore de Venecia que, de todos los carnavales de la ciudad, es el más popular. Va a salir de lo habitual porque le vamos a dedicar más tiempo al lugar.
-¿Qué es lo que más extrañás de Uruguay?
-La gente… Se extraña la falta de perfección; en Europa todo es perfecto, todo fluye, todos respetan las reglas. Ya me pasó en el primer ciclo con Estados Unidos. Todo funciona, pero es demasiado mecanizado. No podés cruzar por la mitad de la calle porque, si lo hacés, quedás como un marciano. Me pregunto hasta dónde esto es bueno y hasta dónde el hombre se deshumaniza para que las cosas funcionen. España e Italia es menos porque son más latinos, pero igual la gente es demasiado fría. Extrañás el favor de gente, el entender al otro.
-¿Muchos uruguayos por el mundo?
-¡Pah! Es increíble de verdad. Donde vayas encontrás uruguayos. En el primer trabajo que hicimos en Barcelona, por las ramblas, en diez cuadras nos encontramos con tres uruguayos. ¡La primera media hora! Tenemos un país afuera y un país de gente joven, lo cual es más preocupante.