Cuentas pendientes: rock uruguayo y sandro

Si los e mails pesaran, mi computadora se hubiera desfondado ante los correos en torno a cuÁl rock nacional ha sido el mejor. También, un respetuoso y restrasado contra-homenaje a la memoria de Sandro.

Por: Elbio Rodríguez Barilari

Primeramente, me excuso con los lectores y la revista por haber interrumpido el flujo normal y sabatino. La verdad es que con el pre-estreno en Chicago de mi primera ópera, anduve a cuatro manos… Pero ya volvemos a la normalidad.

ROCK URUGUAYO Y LETRAS. Segundamente, la columna intitulada "Rock Uruguayo es el de Ahora", y su secuela, sobre las letras de ese mismo rock y su evolución en el tiempo, motivaron toneladas de e-mails.

Fueron mayormente de dos tipos. Tipo uno: e-mails muy largos y fundamentados, verdaderos tratados históricos y literarios, como el que me mandó Ernesto Sclavo, que conservo a manera de material de consulta. Impublicables por su longitud, pero nos divertimos mucho intercambiando con estos lectores sabios. Y todos aprendimos.

Tipo dos: e-mails cortitos en ese tono lumpen, tan frecuente en el mundo de hoy, lamentablemente, insultándome por pensar que el rock uruguayo actual es mejor que el de antes. O por decir que el rock uruguayo de antes hablaba de tú y de ti, como si no fuera verdad. Estos correos electrónicos son impublicables por respeto a la inteligencia de los lectores. A los que escriben en este tono, les digo: ¡Vayan a cantarle a Tinelli!

SOBRE SANDRO. Un lector, de nombre Leandro, me reclama sobre por qué no escribí una necrológica de Sandro. "¿Cómo es que no hizo nada sobre la muerte de Sandro, con la importancia que él tuvo para millones de personas en toda América Latina?", protesta el lector.

Leandro tiene razón. Pero yo no soy la persona para escribir sobre Sandro. Otros lo hicieron, abundantemente y con mucha más autoridad. La muerte de Sandro me tocó, como símbolo de una época y de un mundo. Pero no era mi mundo.

Para bien o para mal, nunca conecté con Sandro, más bien las cosas que él representaba eran cosas que a mí me hacían correr para el otro lado. Y ojo, no digo que yo tuviera razón.

En esa época estábamos muy divididos por tremendos prejuicios entre lo camba y lo terraja, tierra, fornega, tito, y no se cuántos términos más.

Aunque Charly García, en su necesidad casi patológica de mirarse en el espejo de la cultura de EE.UU., haya inventado que Sandro fue el Elvis Presley de Argentina, la verdad es que Sandro, con los Náufragos, Juan y Juan, Heleno y tantos otros, eran la encarnación de lo terraja.

A pesar de que la música que considerábamos terraja era muy popular en Uruguay, no había muchos cultores uruguayos de esa modalidad prototípicamente porteña. Estaban Los Iracundos, claro, que muy pronto se volvieron más internacionales que uruguayos, pero en general, para referirnos a esa música la llamábamos, despectivamente: la porteñada".

¿Con qué derecho hacíamos esa discriminación antipática, clasista, repugnante? No lo sé, pero ahí estaba, como un muro de Berlín cultural, más o menos a la altura de la Avenida 8 de Octubre, diría yo.

De Sandro recuerdo dos canciones: "Rosa, Rosa" y aquella otra lenta que hablaba del mar. Me chocaba el sonido de su banda, me chocaban sus trajes, me chocaba su gesticulación, me chocaba su transpiración…

No me chocaban ni los trajes, ni las gesticulaciones, ni la transpiración de Jimi Hendrix, ni que quemara la guitarra, ni aquel pañuelo que se ataba en la pierna…

Tampoco me chocaba, aclaro, la cosa tan sobria, casi rígida, de Zitarrosa, de Atahualpa Yupanqui, de mi querida Mercedes Sosa, de Los Olima o de Viglietti. Los grandes de la canción folclorística o eran ni cambas ni terrajas, eran otra cosa, pertenecían a otra categoría. Interesante ¿no?

Siempre he leído que Sandro era una gran persona, que todos lo querían. Una razón más para respetar y lamentar su fallecimiento.

Al escribir estas lineas, por deferencia al reclamo de un lector, las siento más como una confesión de limitaciones, mías y de tantos otros uruguayos de mi generación, que como el tributo a Sandro, o el acto de reivindicación histórica de su música, que yo, honestamente, no estoy en condiciones de hacer.

Un acorde menor, profundo y blusero, para Sandro de América.

barilarius@yahoo.com

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