Por Mariel Varela
El entusiasmo permanece "intacto" desde aquella vez que decidió hacer de la música su profesión. Julio Frade se sentó frente a un piano por primera vez a los cuatro años y medio. La iniciativa partió de su madre, y al principio, el pequeño no estaba muy convencido: "Ella quería que estudiara música. A mí me empezó a gustar después de los diez años", rememora.
Medio siglo después de esos primeros pasos, dará muestras de su talento innato con un concierto solo para piano que se enmarca dentro de un ciclo que organiza el Espacio Cultural del Castillo Pittamiglio. La primera instancia será hoy, a las 19:30 horas, donde el pianista presentará un completo repertorio de tango desde uno de los místicos salones del edificio de Trouville. El jazz y la bossa nova tendrán su turno en junio y agosto respectivamente.
Julio Frade cedió parte de su tiempo dedicado al estudio y ensayo a Sábado Show para charlar acerca de este nuevo desafío que afrontará con impronta propia: "Yo toco estilo Frade, por eso tengo años. A esta edad debés hacerlo. Si seguís imitando como un monito, quiere decir que aprendiste poco", sentencia.
Cara a cara. El pianista con su público es condimento más que suficiente para amenizar la noche de tango en el Pittamiglio. Frade se encargó de seleccionar con cautela los temas que se ofrecerán durante la velada. "Vals, milongas, tangos de todas las épocas, desde los comienzos del siglo XX hasta los más actuales", indica el responsable de que hoy se pueda realizar la actividad musical en el castillo. En diciembre de 2009 Frade difundió en su audición radial el concierto lírico que promovía la institución con el fin de comprar un piano. El resultado fue que una oyente se contactó y donó el piano de su abuela, que data de finales del siglo XIX. Y Frade será el encargado de estrenarlo este sábado.
Horario y espacio físico cooperan para crear un clima espléndido dentro del emblemático recinto que cumple un siglo de antigüedad, un año de gestión cultural, y elige a un Frade aggiornado, empapado en sabiduría y experiencia para celebrar: "El diferencial está en que hago música con los conocimientos que acumulé de toda una vida. El tango suena distinto, incluso, y tiene todos los recursos de la música moderna. Quienes gustan de la música percibirán la diferencia, y les encantará", subraya.
Autodidacta. Telecataplúm estaba en pañales y Frade llegó justo para que sus creadores, los hermanos Sheck, confiaran en su talento, juventud y visón. "Tengo la música que necesitan para el programa", se animó a decir el pianista, que por aquél entonces tenía apenas 18 años.
Se recibió de bachiller en Estados Unidos y aterrizó en Montevideo con la mayoría de edad cumplida, convencido de que se dedicaría a la música y la aplicaría a la televisión. Y lo logró. La puerta de entrada fue su banda de música dixieland. Pero sin darse cuenta acabó haciendo reír. La situación se desvirtuó y ganó terreno en el ámbito de la actuación. Sin estudio ni formación previa, Frade se jacta de haber aprendido con los "más grandes" en la materia, que fueron quienes lo iniciaron. "Yo era muy gordo y mi figura resultaba graciosa. En aquella época se inspiraban en El gordo y el flaco, Los tres chiflado, Abbot y Costello. Siempre había un gordito para el humor. En este caso, era yo. Y así arranqué", recuerda quien hoy elige Warner y Sony para entretenerse.
La música lideró siempre en su ranking de prioridades. Pero la faceta de cómico le quitó tiempo al pianista: "El programa tenía tanto éxito que nos demandaba estar a la orden todos los días y a toda hora", relata quien a los 19 años se encontró en la pantalla de Canal 13, al lado del estudio de Sandrini, Biondi, Porcel y Olmedo.
Gustos. No suele escuchar música popular pero sí pianistas de diversos estilos para mantenerse informado: "Norteamericanos excelentes en jazz, cubanos y brasileños haciendo música tropical, y grandes en el tango".
¿Cantantes? En español, Paloma San Basilio, Nino Bravo y Luis Miguel. En inglés, Barbara Streisand: "La mejor por lejos". De tango, Julio Sosa y la uruguaya Valeria Lima. Con los años también aprendió a escucharse a sí mismo, y lo disfruta: "Tengo que hacerlo, y últimamente estoy muy conforme con lo que escucho", reflexiona.
"Es un viaje". Te rmina de tocar Alfonsina y el mar y se despacha con esa frase para describir la sensación que le despierta la improvisación. Ésta cumple un papel protagónico en sus conciertos, y Frade disfruta de apelar a dicha herramienta. Jugar de forma acertada con este instrumento reclama mínimo dos horas de estudio diario, y él lo cumple a rajatabla: "No estudio la técnica como se cree, sino los recursos armónicos". Tras un proceso de internalización, donde primero "pasa por la mente y se traslada a los dedos", el artista, que conoce la obra más que el propio autor, combina los recursos para generar algo distinto en cada concierto, y maravillar al público. "No es cualquier cosa ni a lo loco. La improvisación es muy medida, y está dentro de patrones muy fijos. Es como una autopista, si vuelvo a tocar no lo puedo hacer igual", finaliza Julio Frade.
El Palacio Peñarol recibió en 1982 a Astor Piazzola y Julio Frade. "Hicimos un concierto donde la atracción del programa éramos él y yo. Estábamos en un mismo plano y fue a instancias de él que dijo, al mismo tamaño tu nombre y el mío porque vos vas a ser el director", cuenta el músico que se dio el lujo de compartir el escenario con un grande del tango.
El mediador fue Fernando Tesouro, escribano y "tanguero de los buenos". Sucedió una vez que Piazzola visitó Punta del Este, y coincidieron en la casa de un amigo en común, Pipo Troise (médico y trompetista). "Tesouro insistió para que hiciéramos el concierto y Piazzola aceptó. Se comportó conmigo como un señor con mayúscula", reconoce Julio Frade, que también tuvo el privilegio de desafiar el Mono Villegas en un duelo de pianos en el teatro Stella, y repitió la idea junto a Panchito Nolé años después.