Camelot una versión rock and roll

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Con un fabuloso elenco encabezado por Jamie Campbell Bower (Arturo), Eva Green (Morgana) y Joseph Fiennes (Merlín), Camelot (estreno simultáneo en Moviecity, Cityvibe y Citymix, mañana, 21 horas) presenta la historia y el mito del Rey Arturo con la irreverencia suficiente para convertir a estos iconos en simples seres humanos que recorren un camino de sangre, sudor y lágrimas inspirados por el amor, el poder, el ego, la ira, los celos, la rivalidad, el coraje, la lujuria y la reconciliación. Todos luchan por convertir a Camelot en un lugar mejor y en un símbolo de una tierra ideal en el presente y para el mañana. Así lo explican dos de sus protagonistas: Eva Green y Joseph Fiennes.

MORGANA. La francesa Eva Green es quien interpreta a este personaje que los historiadores consideran muy controvertido.

-Algunos la ven como la enemiga acérrima de Arturo y otros como su salvadora, ¿tú qué pensás?

-En su relación con Arturo, no es la bruja maldita con el caballero blanco. En cierto modo lo odia, porque a ella se le ha negado el trono por ser mujer, pero a la vez le inspira ternura. Admira su honestidad, su sentido de la belleza. Él es un alma pura. Al principio lo odia, pero luego aparece una nueva faceta, otra Morgana que lo ama y lo salva. Es una hermosa relación, muy compleja.

-Es una versión bastante moderna.

-Es verdad. No es absolutamente fiel al mito, pero el mito tiene diferentes versiones.

-A Morgana hay varios temas que la persiguen en su vida. ¿Cómo afectan su desarrollo emocional y psicológico?

-Su padre la encerró en un convento durante quince años para mantener el secreto del asesinato de su esposa, la madre de Morgana. Durante ese tiempo se convirtió en un ser amargado y lo único que la mantenía con vida era la ilusión de que, cuando regresara al palacio, se convertiría en reina. Es muy ambiciosa y, cuando descubre que Arturo será el rey, no puede aceptarlo ya que se considera la heredera legítima.

-Está obsesionada con el poder.

-Sí, la ciega la ambición porque se siente herida, no es muy sano. Creo que con el tiempo va a aprender y va a ser menos egoísta. Querrá hacer cosas buenas para la gente y no solamente anhelar el trono por venganza.

-¿Creés en la magia?

-Absolutamente, he leído muchos libros. Pero creo en la magia terrenal, conectada con la naturaleza, los vientos, la tierra, el agua. Es fascinante, existe realmente. No se trata solamente de tener una varita mágica como Harry Potter o Walt Disney. Es algo que tenemos a nuestro alrededor todos los días y lo olvidamos. Lamentablemente hoy no estamos tan conectados con la naturaleza.

-Se ve a Morgana como una mujer de nuestro tiempo. ¿Qué creés que la hace una mujer contemporánea?

-Es muy independiente, ambiciosa, pero ha cometido algunos errores y ha hecho cosas terribles. Pero cree en las cualidades tanto de los hombres como de las mujeres y es más valiente que muchos hombres. Usa armadura pero también es vulnerable.

-¿Te ayudaron mucho a elegir sus vestidos y a crear su imagen?

-Muchísimo… Joan Bergin fue genial. Comenzó con una especie de túnica medieval y de a poco la fue transformando en algo más exótico. Luego la adornó con una cota de malla, más al estilo de Juana de Arco, y eso fue genial porque era muy importante para el personaje. El maquillaje también cambió.

-¿Cuál fue tu modelo favorito?

-Definitivamente el de cota de malla. Es magnífico. Era como si tuviera alas. Parece un diseño de Alexander McQueen.

-En un principio Morgana está tan llena de odio y venganza que parece incapaz de sentir amor, ¿es así?

-Sí, absolutamente. Tiene algunos sentimientos encontrados con respecto a Arturo, pero cuando llega el personaje de Sybil es como una figura maternal para ella. Estuvieron juntas en el convento, es su protectora. Es una hermosa relación. Mis escenas favoritas fueron todas las que tuve que interpretar con Sinead Cusack. Todas muy humanas.

-¿Por qué creés que es importante volver a contar esta leyenda?

-Es entretenida. Esta serie se centra más en la relaciones y en los actores que en los efectos especiales. Casi no hay escenas de este tipo. Espero que el público entienda por qué los personajes se comportan de la manera en que lo hacen, que se identifiquen con ellos y se emocionen.

-¿Cómo hacés para dejar el personaje cuando han terminado de filmar?

-La filmación de Camelot fue una de las más intensas en las que haya participado. Nunca tuve un descanso, estaba trabajando todo el tiempo, investigando, colaborando con el guionista, enviándole correos electrónicos. Durante los fines de semana trabajaba en el episodio siguiente. Por supuesto, yo no era Morgana y no maté a nadie. Es muy divertido interpretar a alguien tan segura de sí misma, de su sexualidad, de tantas cosas y ver cómo recorre ese apasionante viaje.

-¿Qué te enseñó sobre ti misma?

-Es tan equilibrada, fuerte, segura de sí misma, y yo soy tan indecisa. Me gusta la forma en que encara todo. No sé si me enseñó eso, pero fue muy divertido encarnarla.

-¿Qué cualidades compartís?

-Soy completamente diferente. No me veo tan segura de mí misma. Somos muy diferentes, sólo tenemos los mismos rasgos.

-Ya terminaron la primera temporada. ¿Ahora qué sigue?

-Terminamos los diez episodios y ahora tenemos que ver si tiene éxito. De ser así, haremos una segunda temporada.

MERLÍN. El inglés Joseph Fiennes encarna al famoso Mago Merlín.

-¿Queda bien decir que ésta es una versión rock and roll de Camelot?

-Es así. Es rock and roll desde el principio. El joven Arturo es arrojado al vacío. Es un bautismo de fuego. Merlín lo manipula y lo maneja para llevarlo hasta el trono creyendo que será una tarea fácil, pero resulta totalmente lo contrario. Empezamos mostrando la historia que todos conocen o que creen conocer y luego eso va cambiando a medida que los personajes van evolucionando.

-¿Merlín es bueno o malo?

-Es el tipo de pregunta que me encantaría se hiciera la audiencia. No deben quedarse con una idea fija sobre quién es y qué es. Creo que es el arquetipo de la dualidad, es tanto luz como sombras, ángel y demonio. Persigue la causa más justa. Realmente quiere llevar esperanza, unión y democracia a esta tierra, pero lo hará de una forma muy maquiavélica, oscura, ruda, brutal. Por eso pienso que es tanto un monje como un guerrero, es una mezcla entre Donald Rumsfeld y Obi Wan-Kenobe. Es un líder espiritual por un lado y un político siniestro por otro.

-Poder influir en la historia de esta manera ¿es una maldición o una bendición?

-Nunca se llega a descubrir si Merlín sabe lo que puede llegar a pasar. Por lo tanto existe esta dualidad: si anhelas algo y a la vez quieres llevar esperanza y democracia, podrías verte forzado a hacer cosas de una manera irracional. Creo que esa es la esencia de Camelot.

-De la misma manera que Jacqueline Kennedy comparaba los años de los Kennedy con Camelot, también representa la tierra de las promesas.

-Y lo es, pero para llegar a esa promesa hay un costo mental, emocional, espiritual y físico. No es fácil. Estamos viendo esos costos. Nuestra manera de recontar la historia de Camelot es como Wiki Leaks. Somos Wiki Leaks. Mostramos la verdadera historia de esa promesa.

-¿Creés en la magia?

-En nuestra mente somos profundamente susceptibles a la interpretación de los hechos y, a veces, cuando no conocemos algo, lo encasillamos o lo definimos de cierta manera para poderlo controlar. Quizás exista, quizás no. Merlín se encuentra en lo más profundo de esta idea misteriosa. Maneja e interviene, es parte de su existencia como druida o como seudo profeta. No es confiable. Pero cada uno puede tener su propia interpretación.

-Muchas veces a Merlín se lo ha caracterizado con el sombrero en punta, la capa y, siempre, como un anciano. Y tu personaje es un hombre joven y moderno. Como inglés, ¿no es una irreverencia no ajustarse al rigor histórico?

-A veces tenemos que ser irreverentes, tenemos que cuestionar. Es un elenco joven, un Arturo joven y por ende un Merlín joven. Quería disfrutarlo. No quería necesariamente meterme en los zapatos de otro estereotipo de producción, en otro antiguo retrato de Merlín. Es demasiado fácil. Quería desafiarme y desafiar a los espectadores, llevarlos más allá. Para mí Merlín encarna esa dualidad. Puedes mirar esa cabeza rapada y ver a un monje, pero también puedes ver a un guerrero. Y siempre me gustó que la gente cuestionara sus motivos, no que confiaran plenamente en él. Creo que a veces ni él puede confiar en sí mismo. Allí yace un maquiavélico jugador de ajedrez. Pienso que tiene otros veinte Arturos escondidos, esperando para salir a la luz si el Arturo del momento no funciona. Y él puede darle vida a esos Arturos. Esa es mi idea sobre el personaje.

-¿Cómo te relacionás con un personaje así?

-Leí que era tanto tinieblas como luz, ángel y demonio de acuerdo a varias interpretaciones celtas. Era un profeta y veía el futuro, pero yo no quería interpretar a un profeta con un sombrero en punta. Quería que fuera alguien real, visceral y activo. Camelot está plagada de espionaje. Merlín debe enseñarle a Arturo a sobrevivir en una corte, y entonces siempre lo está poniendo a prueba.

-¿Merlín te ha ayudó a encontrar tu dualidad?

-Es posible, soy de Géminis, quizás en una parte de mi mente tenga esta dualidad. No lo sé. Lo único que sé es que Merlín me ha enseñado a divertirme y a encontrar la otra cara de un asunto. Pero Merlín no es una forma de vida, yo no quiero vivir como él. Creo que alcanzará la luz a través de las tinieblas.

-Con su poder, ¿qué cambiarías del mundo?

-No sé. Creo que estamos presenciando cambios. En materia política, estamos viéndolo en varios países: Libia, Egipto. Y vemos grandes cambios porque existe el conocimiento y siempre hay una búsqueda a través de él. Yo vivo en un entorno privilegiado, donde existe la democracia y la libertad de expresión, y uno puede escuchar las noticias. Se lo debemos a la tecnología y a que la gente ahora puede conectarse con otras personas y ya no se la puede obligar a vivir en el silencio. Cada día ocurre un nuevo Camelot. Creo que la gente se da cuenta de que lo que pasó hace siglos es similar al cambio que se está produciendo en la actualidad.

-¿Hoy quién dirías que es similar a Merlín?

-Mencioné a Rumsfeld porque es mi interpretación. No quiero perjudicar a ningún político, cada uno tiene su idea. Creo que la razón por la cual utilicé eso es porque hubo en los medios un uso desmedido del tema de las armas de destrucción masiva y no existían. Pero siento, sin querer emitir un juicio, que fue una gran maniobra política para las masas. De repente iniciás una guerra porque te dan permiso y luego te das cuenta de que no había ninguna evidencia. Lo veo como una manipulación política extraordinaria. Entonces al usar ese nombre y el de Obi Wan, que es el gran abuelo espiritual, pensé que había una gran dualidad. No sé quién es como Merlín. Creo que ninguno se le parece. Ha sentado el precedente para esos grandes personajes como Dumbledore Gandalf u Obi Wan. Él es único, el verdadero original.

-¿Cómo viviste la relación con Arturo?

-Me encanta la relación entre Arturo y Merlín, es como la de Willy Wonka y Charlie, o la de Fagan y Oliver Twist. Es un amor muy fuerte, desafiante y controvertido. Yo utilicé eso como punto de referencia para la relación.

-¿Tienen la misma química fuera del set?

-Jamie irradia una energía positiva y una luz brillante. Es un placer trabajar con él y compartir momentos fuera del set. Es un verdadero primer actor joven y se ha hecho cargo de una gran responsabilidad, por lo demandante que es este personaje desde la parte física, que se irá volviendo más y más duro con el tiempo. Y siempre está sonriendo y dispuesto a hacer otra escena. Lo adoro.

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