NUEVAS RADIOS Y NUEVOS SHOWS

El año de Gustaf

Cumple 25 años de carrera y quiere festejarlo con todo. En Radiocero, concretará su sueño del programa propio -Feliz Día- despojado de sus personajes, que sí estarán en la programación de Radio Monte Carlo. En las tablas, presentará una recopilación de sus monólogos y La galleta de la fortuna.

Gustaf
El lunes estrena en Radiocero "Feliz Día", un programa en el que será Gustaf.

“El edificio en el que conviven Radio Monte Carlo y Radiocero tiene muchos rincones que aun la gente que trabaja allí desde hace tiempo no conoce. Qué decir de Gustaf, que hace muy poco que empezó a recorrerlo aunque sus sonidos lo acompañan desde su infancia. “Yo escuchaba a Raphael en la peluquería de mi madre, donde se escuchaba Monte Carlo: Aquí está su disco, Lucy Arregui… Me acuerdo una cosa alucinante con Vicente Dumas Sotolani, que una vez dijo: ‘con la audiencia no voy a tener ni un sí ni un no’. La gente empezó a llamar para que dijera ‘sí’ o ‘no’. Entonces le preguntaba: ‘Vicente, hoy te levantaste, ¿verdad?’. Y él respondía: ‘es verdad’. ‘¿Y abriste los ojos?’ y él decía ‘evidentemente’. Me crie escuchando eso. Sigo creyendo que la radio es un motor, una compañía fundamental”.

Gustaf intentará mantener eso haciendo que desde el próximo lunes sus casi treinta personajes se metan por los rincones de Monte Carlo, siendo los protagonistas de micros que saldrán luego de cada informativo presentando una noticia insólita. “Los 365 días del año”, aclara. “Hay noticias que son más para Jonathan Planchón o para el policía Negativo Fernández o para el actor italiano Rocco Siffredi… voy armando todo un rompecabezas que, a su vez, va dentro de otro rompecabezas donde se arma toda una grilla para que no se repitan las noticias”.


Compleja organización que lo tiene trabajando casi que sin descanso desde principio de año. “Franco Benvenutto (Gerente de Programación y Contenidos de estas radios) siempre tuvo una gran disposición para que yo fuera parte tanto de Monte Carlo como de Radiocero, y no se había dado por diversos motivos. Pero no se dio por vencido. Cuando salí de radio Sarandí, me pareció que era el momento para Océano FM (Amanece que no es poco), y ahora me pareció que era el momento para Radiocero, en esta etapa en la que estoy como artista”, explica Gustaf.

Es así que en Radiocero estrenará, también el lunes próximo, Feliz Día (lunes a viernes, de 11 a 13 horas). Allí no estarán los personajes, como pasaba en Océano FM, sino Gustaf, apuntando a un “concepto más emocional”, buscando remontar el día con diversas secciones. “Soy yo haciendo de anfitrión, conductor, animador, voy a opinar… todo desde un punto de vista más positivo. Yo creo que hay una gran crisis espiritual, entonces se trata de aportar más para que el que está escuchando se sienta mejor, sin que el comunicador esté en un pedestal ni le diga lo que debe pensar, hacer… simplemente intentar que el otro cambie el ánimo hacia un lugar mejor”.

“Vamos a hacer la celebración de cada día; siempre hay algo para celebrar, para agradecer. Ese va a ser el punto de partida”, detalla sobre la mecánica de un programa que contará con varias secciones: para hablar de fútbol, para que la audiencia haga catarsis, para ayudar en los emprendimientos de los oyentes como si el programa fuera una agencia de publicidad, con un espacio con música en vivo a cargo de una banda estable que cantará “una que sepamos todos” o un espacio al mediodía para escuchar esa canción que sirva para remontar la jornada.

“Todo lleva un trabajo de producción, de investigación… mucho trabajo en general”, aclara el comunicador, quien contará con la producción de Martín Duarte, mientras que Alicia Garateguy será su copilota. “Nunca había trabajado con ella, pero la conocía porque me había ido a ver con el padre a algunas funciones teatrales. La conocía como actriz. Hemos ido a comer juntos para preparar el programa porque a mí lo que me gusta es morfar (risas). Ya nos reímos juntos, que es fundamental, así que

Hacia allá vamos.

Amanece que no es poco, programa que abría la programación de Océano FM, fue una especie de transición para llegar a lo que Gustaf tenía como objetivo cuando estuviera cumpliendo 25 años de trayectoria, en 2019.

Amanece que no es poco me dejó un gran entrenamiento. Yo soy un trabajador, entonces soy muy obsesivo. Sentí que hay cosas en teoría que sí puedo plasmar y otras que no. También me dejó que puedo tener un programa de radio propio, con una impronta que yo quiero dar en cuanto a opinión, las cosas según el cristal por el cual las miro. Eso me sirvió muchísimo y ahora todo eso lo estoy volcando en Radiocero”, dice con entusiasmo.

Será el año para festejar las bodas de plata de su carrera y, como Gustaf se define como “un bicho que nació en el teatro” que no puede pasar mucho tiempo sin actuar, porque hay algo que “me pide el contacto con alguien que esté respirando ahí y te esté mirando”, lo celebrará con dos monólogos. Uno es el que ya viene haciendo con giras por el interior del país y que consiste en una recopilación de lo mejor de sus últimos monólogos. El otro llevará por nombre La galleta de la fortuna y se estrenará en junio en el Teatro Movie. “El tema central es la pregunta ‘¿cuán afortunados creemos que somos?’. Una especie de análisis disertación sobre esa gente que todo el tiempo está pidiendo sacarse el 5 de Oro y capaz se lo sacó de otra forma, no en dinero, y no se da cuenta de que lo tiene”, adelanta. “Me gusta hacer espectáculos conceptuales y tratar un tema”, agrega quien desde hace más de una década trabaja con Mauricio Martínez como productor.

Claro que no faltará el ya tradicional espectáculo de fin de año, ese para el que parece que ya no le quedan escenarios insólitos –o no tanto- por los que incursionar. “Tenemos una carpeta de lugares que se nos está achicando, ya no sabemos dónde hacerlo y cuál puede ser más grande (risas). Hay uno en estudio que puede ser fácil de adivinar, pero también tenemos dos o tres en carpeta que quedaron de otros años. Son todos dentro del ámbito popular. Me gusta esa cosa que te dicen, hasta queriendo denostarte, ‘es un artista popular’. Yo creo que lo popular no va en desmedro de la calidad artística, así que me encanta”, acota.

El último fue en el Auditorio Nacional del Sodre junto a la Orquesta y el Coro Juvenil. “Fue hermoso. No fue un espectáculo personal, sino un homenaje a todos los artistas que vinieron atrás, todos los grandes cómicos y las grandes actrices cómicas. Fue un trabajo de investigación y un gran trabajo de Matías Bello, que es el que hace los audiovisuales de los conciertos de Once Tiros. Con imágenes inéditas armó los videoclips que se pasaban mientras tocaba la orquesta; con arreglos especiales de Beethoven, que es la música de El chavo del 8. Veías en HD a Cantinflas bailando en la película El bolero de Raquel mientras la orquesta tocaba El bolero de Ravel. Había como 250 personas en escena, un espectáculo de dos horas… fue conmovedor. Estaría muy bueno que se vuelva a realizar. Las entradas se agotaron un mes antes”, cuenta y los ojos le brillan.

El humor que salva.

En estos 25 años de trayectoria, es evidente que las formas de hacer humor han ido cambiando y Gustaf ha sabido acompasarse a todos esos movimientos.

-¿Encontrás que se ha complicado hacer humor hoy en día? Porque parece que si tocás ciertos puntos sos racista o sos machista.

-Yo siento que el “qué” es el “cómo” y tiene que ver con la intención que vos tenés. Si uno hace algo con la intención de herir u ofender, el dardo va a llegar a destino, va a generar un daño, por más que sea humor, por más que esté solapado con eso de “estoy haciendo humor”. Pero en realidad el dardo fue con eso que decían las abuelas, de que “hay segundas intenciones”, y era verdad. Cuando vos tenés una primera intención que es hacer reír y hay una sátira, eso que inventó Jonathan Swift con Los viajes de Gulliver, ahí me parece que se puede hacer humor sobre todo. Ahora, yo entiendo que a veces hay segundas intenciones y se genera un daño. Y eso, en realidad, no me parece loable en un camino artístico.

Creo mucho en la libertad de expresión y, sobre todo, en la libertad de pensamiento. Pero también creo que si estos nuevos tiempos implican ser más inteligente y no tener un camino corto y fácil para hacer reír, yo los voy a acompañar y los voy a acompasar. Si todo esto significa ser más laborioso en pos de un camino del humor que sea más inteligente y que haya que romperse más el coco para no caer en lugares comunes, me parece perfecto y yo lo aplaudo. Entonces no tengo ninguna palabra en contra de lo que posiblemente se cree que está pasando.

-¿Tuviste alguna vez un problema por tu humor?

-No, de hecho en radio Sarandí hice todo tipo de personajes. Me acuerdo que estaba Villita, que era un personaje que hablaba absolutamente de todo, y estaba Juan Pordoquier, que era un elevado intelectualmente y superculto. Se puede hacer todo”.
-¿Estás de acuerdo con que se pueden decir cosas duras escudándose en que es humor?

-No creo en eso de que el humor te sirve para decir un montón de cosas. Es más hiriente, en algunas cosas, decirlo con humor. La ironía es hiriente. Entiendo a toda esa gente que fue objeto de burla, con un humor fácil que tal vez hasta yo he practicado. Porque acá nadie es un elevado, tampoco creo en esa cosa elevada. Me parece que hay que ser más sutil, más inteligente. Si tenés algo para decirme, no me lo disfraces. Yo no veo un acto de inteligencia en decirle algo hiriente a alguien con un chiste porque es mentira que se lo va a tomar con humor, no le va a gustar. Luis Cerminara me decía “lo que decís arriba del escenario -y esto va para cualquier medio de comunicación- después sostenelo abajo”.

-¿Y cuando lo está diciendo un personaje?

-Me ha pasado, yo hacía imitaciones de Jorge Batlle en radio Sarandí y lo tenía a él al lado. Estaba jugado y no iba a cambiar el texto. Cuando viene alguien a verme, no cambio el texto, si no ¿qué clase de artista sos? Soy yo, no es que bajo del escenario y me convierto en otra persona. Después está la psicología de cada personaje, obviamente que yo no tengo la psicología de todos los personajes que hago y no estoy en concordancia con ellos. No tengo el mismo razonamiento que tiene un Jonathan Planchón o un Negativo Fernández, pienso de determinada forma. Anthony Hopkins en su vida real no tiene la misma psiquis que Hannibal Lecter”.

-¿Puede haber programas de humor en TV hoy en día?

-Yo creo que el formato antiguo no resistiría. La gente dice “que vuelvan determinados programas, yo los vería”. Si los ponemos igual tal cual como eran, la gente no los vería, es mentira. Me acuerdo que había un sketch de Olmedo de los 80 que duraba dos bloques, iba a la tanda en el medio. Hoy no resistiría, son otros tiempos. Las nuevas generaciones están con el celular, viendo cosas de treinta segundos, cuarenta segundos, un minuto, un minuto treinta. Tal vez se puede generar un formato especial, pero tendría que ser como un género nuevo del humor, que tenga que ver con algo más serial. No digo una sitcom, que es un ritmo más yanqui, que de hecho la única que funcionó fue Casados con hijos porque los argentinos se apropiaron de ella. Pero utilizando uno o dos decorados, con buenos guionistas, un elenco reducido de cuatro o cinco personas, hacer algo seriado, tal vez de media hora, sería más fácil de ver. Ahí se podría hacer algo puro y exclusivo del humor.

Pasiones.

Si bien Gustaf ha trabajado en cine, cree que en su cuenta pendiente figura hacer más cosas en ese formato. La última película en la que actuó fue La otra historia del mundo (2018), de Guillermo Casanova, en la que tenía un personaje serio. “Se piensan que los cómicos no somos actores, es rarísimo. O te dicen ‘humorista’ para bajarte. Ana María Campoy decía ‘los cómicos pueden hacer todo’. No se encasilla uno, lo encasillan los demás. Es un camino que me gustaría desarrollar más, ser actor de cine”, remarca quien además fantasea con algún proyecto de televisión que lo pueda tener como anfitrión o animador.

“También le gusta mucho ver cine, sea en una sala o en su casa. “Tengo varias etapas. Ahora descubrí Qubit y me volví a hacer socio de Cinemateca. Yo me crie en Cinemateca cuando miraba tres y cuatro películas por día, iba a la Linterna Mágica, Carnelli, la trasnoche en Pocitos. Me gustaría tener más tiempo para leer y para ir al cine. Veo series también, vi You; ahora estoy con la francesa Diez por ciento, una comedia sobre una agencia de representantes de artistas, y estoy esperando por Peaky Blinders, que me parece genial, la música, la estética, las actuaciones, el arte”.
Otra cuenta pendiente podría ser el Carnaval, para el que siempre lo convocan pero para el que no encuentra tiempo porque llega a fin de año exhausto. “Soy fanático de las murgas, me encantan, me conmueven pila. Voy al tablado, veo cosas por tele. Escucho una batería y se me hace un nudo en la garganta”, apunta quien de niño le quedó grabado cuando Falta y Resto salía desde el club Fénix, en su amado Capurro. “Papá, que también es fanático de las murgas, viene y me dice ‘está ensayando una murga en el club, pero no me gusta el nombre, no tiene nombre de murga, no va a andar’ (risas). La primera noche que salen para el tablado, me acuerdo que yo estaba con mis padres y me saqué una foto con la murga. Y cuando la fui a revelar ¡no salió! Siempre le digo al “Flaco” Castro ‘la Falta me debe una foto’”.

Y qué decir de su gran pasión, el Centro Atlético Fénix, que lo ha hecho llorar y por el que deja la garganta cada vez que va a verlo a la cancha junto a su padre, que tiene 83 años. Por eso los días de función no puede estar ahí, junto al tejido, lugar que elige para seguir el partido, siempre del lado hacia donde ataca Fénix. “Tiene que ver con la niñez, nací ahí. Jorge Nasser dice una cosa que es muy interesante: ‘la cancha chica del fútbol uruguayo es el único lugar en que escuchás el ruido cuando el jugador le pega a la pelota’. Me encanta eso, me parece precioso. Es también como una metáfora de barrio, es un colectivo de personas que viven, sufren y se expresan a través del cuadro de fútbol, que es como una prolongación de ese colectivo”, filosofa un artista que cada año se reinventa para seguir siendo fiel a sí mismo y a su idea de que “el humor salvará al mundo”.

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