LA ACTRIZ COMPLETA

Adriana Da Silva: "En Uruguay el éxito genera envidia"

La actriz vive un año intenso. En la pantalla regresó a Monte Carlo de la mano de Vespertinas, mientras que en teatro se prepara para En la cama, con escenas de alta sensualidad. En amores, se declara separada y sin pareja formal: “No soy de esas divorciadas que se pasan llorando la milonga".

Adriana Da Silva.
Adriana Da Silva estrena En la Cama, junto a Maxi De la Cruz, Luciana Acuña y Coco Echagüe este martes en el Teatro Movie. Foto: Rafael Lejtrer.

—Luego del final del primer ciclo de Buen día Uruguay (2012) volviste a Monte Carlo TV con Vespertinas, ¿cómo vivís este regreso?

—Muy feliz. En su momento, los tres quedamos muy afectados cuando cerramos el ciclo en el magazine. Nos quedamos sin un trabajo. Pero estar 15 años en un lugar no puede significar fracaso. Así que con el tiempo fuimos haciendo el proceso de poner las cosas en su lugar y te das cuenta de que no fue lo peor. Ahora se abrió esta posibilidad de Vespertinas. Me llamaron para hacer un casting y encantada llegué a la prueba. Fui la última en entrar y me emocionó mucho reencontrarme con compañeros: 15 años es una vida. Cuando empecé en Buen día Uruguay estaba soltera y sin hijos. Me casé, tuve hijas y me separé. Y así con los demás compañeros. Todos crecimos juntos. Para mí hoy es un placer volver.

—¿Qué diferencias encontrás entre aquella dinámica de Buen día Uruguay y Vespertinas?

—Ahora estamos trabajando sobre la inmediatez. En Vespertinas estamos todo el tiempo sobre la actualidad. El día en que procesaron a Raúl Sendic, por ejemplo, el programa iba a hacer otro. Pero lo cambiamos sobre la marcha. En otra época, se hacía el programa que estaba previsto y no había mayores alteraciones. Pero hoy la inmediatez, las redes y el móvil en vivo hacen que el programa tenga otra adrenalina. Para nosotras es un desafío: estamos siempre pendientes de lo que está pasando para ir definiendo las temáticas y el tono del programa. Por suerte nos va muy bien. Vespertinas comenzó con una hora de duración y ahora tenemos 1:30. La concepción inicial la cambiaron a una más periodística. Todas tuvimos que acomodar el cuerpo. Si bien Inés (Pereyra) viene del periodismo, para todas es un desafío diario. Todo el tiempo nos bombardeamos con información en el grupo de WhatsApp del programa.

—Venís de dos obras con buen suceso de público, como Falladas y Bajo terapia, ¿te sorprendió esa masividad?

—Lo que me sorprende es el público y el acceso a espectadores que usualmente no concurren al teatro. Me parece que Falladas impactó por la explosión y por diversión. En Bajo terapia era la locura con un final actual, duro, removedor. Ahora estamos en los ensayos de En la cama, también dirigidos por (José María) Muscari y producidos por Diego Sorondo. Es una obra que tiene mucho del devenir de una pareja que hace años que la viene remando. Muscari tiene claro lo que quiere y cómo lo quiere. Es muy claro y de buen ritmo, como la tónica que le imprime a los espectáculos. Trabajamos siempre muy bien. La gente se siente muy identificada porque habla con el lenguaje común, no en tonos impostados. Cuando en Falladas puteábamos de lo lindo, fue un amigo y me dijo: "qué suerte que hablaste como en tu casa".

—¿El uruguayo es políticamente correcto?

—Sí. Somos políticamente correctos. Y cuando alguien sale de la corrección públicamente, lo criticamos. Pero en el fondo tomos hacemos chistes feministas o machistas o para nada inclusivos. Muscari se ríe de eso.

En la cama implicará también para ti cierto despliegue de sensualidad en escena, como te ha pasado con otros espectáculos. ¿Cómo te sentís en esa faceta?

—Me siento cómoda como actriz. Es ficción y me desafía a plantearme de otra manera el escenario. En mi vida soy la mujer más simple del mundo pero en escena está bueno dar rienda suelta a lo opuesto. Cuando hice Doña flor y sus dos maridos, también tuve escenas jugadas, con un costado sexy. Los directores saben que puedo y me animo y trabajo para eso. Con En la cama tenemos escenas en camisón y ropa interior y con Luciana (Acuña) no paramos de entrenar porque hay que responder a ciertos parámetros. Algo se va a ver y si se ve, lo mejor es que esté bien ubicado (risas).

—¿Qué tipo de comentarios despiertan esas escenas? ¿Te llegan muchos elogios?

—Si, llegan. Pero es un todo. Cuando alguien te ve bien en lo laboral, te lo devuelve con mucho cariño.

—¿Cuál es tu límite en ese tipo de escenas?

—Hay límites, personales y también marcadas por la idiosincracia del uruguayo. En la versión argentina de En la cama había una escena en la que los actores terminan en una especie de orgía: los personajes femeninos se besaban entre ellos, igual que los hombres. Lo nuestro va a ser diferente. Coco (Echage), Maxi (De la Cruz), Luciana (Acuña) y yo estamos en TV y tenemos que cuidarnos un poco más. Además, no necesitamos ir a ese extremo para ir a lo sensual. Ellos (por los argentinos) son fuertes, van al impacto.

—Más allá de ese caso, ¿harías un desnudo?

—No. En Doña Flor hice una escena en la que estaba con un camisón y a contraluz se notaba la silueta. Un desnudo frontal no lo haría. Todos tenemos familias o niños chicos. Si le muestran una imagen o grabación que no esté buena, la pueden pasar mal.

—¿Es cierto que cuando una obra sobresale en el circuito teatral, se genera cierto recelo en el ambiente?

—Puede ser. Pienso que cuando un colega le va bien, debería ser motivo de alegría para todos. Si hay mala energía en la vuelta, trato de disiparla.

—Catalina Ferrand, que formaba parte de Falladas, dijo que en ese espectáculo algunos críticos se habían centrado en vos, sin darle mayor lugar al espectáculo en sí. ¿Lo sentiste así?

—A lo mejor sí. Lo que nos afecta a veces es que gente del ambiente, con mala vibra, critique. El mundo del teatro suele ser más complicado que el público en general. Las distinciones las hacen los del teatro. La interna nuestra nunca se vio afectada. En algún caso se hicieron comentarios desafortunados de gente que nunca le gusta nada de lo que ve.

—¿Hay envidia ante el éxito?

—El éxito genera envidia, sobre todo en Uruguay. Siempre está el "por algo" habrá sido. Nadie argumenta que se rompieron el lomo y trabajaron bien.

—¿Estás en pareja?

—No. Me permito tener pareja casual para salir. Me encanta para ir a cenar. Pero "el nuevo novio", digamos, no llegó. Esas cosas no se programan mucho.

—¿Estás con ganas?

—Sí. Soy de las separadas que no se queda llorando la milonga, ni soy una descreída de las relaciones. Pero como el amor es de dos, falta la otra parte.

—Hay un preconcepto, a lo mejor machista de que la mujer separada cuida más de su imagen. ¿Lo vivís así?

—No sé si es machista. Pero suele ser cierto. Cuando estaba en pareja, sentía que tenía que hacer todo: la casa, mis hijas, mi pareja... Al separarme di cuenta de lo fundamental que es el tiempo para uno mismo. En cierto momento de nuestras vidas, las mujeres nos adjudicamos el rol de ser un satélites todo. Estar en todo. Pero cuando empezás a ocuparte más de vos, empezás a estar mejor. Podés ir a entrenar, por ejemplo, o tener momentos con amigos. Hay que sacarse la culpa de esas cosas. Mi exmarido me ayuda mucho en esta etapa, se queda con las nenas. Después de separados, estamos muy bien coordinados.

—En una oportunidad has dicho que saliste con una persona más joven...

—Solo una vez. Me lo permití a instancias de él, pero trato de evitarlo. Siento que cuando son más jóvenes pueden tener necesidad de proyectar casamiento o hijos. Y yo no estoy para ese tipo de planes, así que pongo el stop. Prefiero estar con alguien más grande. De todas formas, en aquel caso, me embarqué pero en un punto me di cuenta de que para algunas cosas no estoy. Para ciertos reclamos no estoy. Se ve que no soporté el ritmo de alguna exigencia y largué por ahí.

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