Turquía ama los dramas

Boom de teleteatros entre los árabes.

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Owen Matthews, Newsweek

Un bello príncipe otomano está cazando en el bosque, cuando aparece un grupo de jinetes con un mensaje fatídico. En tanto, un barco esclavista lleno de núbiles mujeres rusas destinadas a los harenes de Estambul se abre paso a través del mar Negro. Así comienza Siglo magnífico, la respuesta turca a The Tudors. Este teleteatro histórico basado en la vida de Suleiman, el magnífico, es parte del centenar de programas producidos por la industria turca del drama televisivo. Las seriales se volvieron un fenómeno cultural en todo Medio Oriente, como parte de un renacer del poder suave de Turquía y alimentando una pequeña revolución social entre las amas de casa del mundo árabe.

El episodio final de Noor congregó a unos 85 millones de espectadores desde Siria a Marruecos. "Esas seriales tienen un gran impacto", dice Izzet Pinto, CEO de Agencia Global, distribuidora de Siglo magnífico y Las mil y una noches, otro exitazo ambientado en el Estambul actual. El secreto está en la cercanía. "Ni los personajes, ni los temas, ni las locaciones son extrañas" a los espectadores, dice Kemal Uzun, director de Noor. "Tenemos geografía, culturas y lazos cercanos".

"Lazos" es un eufemismo para referirse al Imperio Otomano, cuando los turcos dominaban la región que ahora consume con voracidad sus dramas. Más allá de un siglo de nacionalismo árabe, los espectadores árabes son fanáticos de programas que apelan a un idealizado pasado otomano. La locura comenzó en 2009, cuando el magnate de medios saudita, el jeque Waleed al-Ibrahim, empezó a comprar dramas turcos para su canal de cable panárabe, MBC. En lugar de doblarlos al árabe clásico, al-Ibrahim lo hizo a un dialecto sirio-árabe entendido en todo Medio Oriente.

Claro que lo que engancha a los espectadores son las historias. El secreto de un buen teleteatro es que allí están todos las cosas buenas y malas de la vida, aunque exageradas. La mansión de la viña, el primer gran teleteatro turco, es de 2002. Era la historia de una mujer de ciudad que se casa y va a vivir con una familia de pueblo chico en una vieja casona. Allí se encuentra con la vieja Turquía que muchos espectadores dejaron una generación atrás: feudos de sangre, hijos ilegítimos, las amargas rivalidades entre las mujeres de la casa. Noor es una historia de Cenicienta con una chica de pueblo que se casa con un rico galán de Estambul para envidia de su suegra y su cuñada que son malísimas. La cosecha de teleteatros del año pasado subió un poco el tono: Las mil y una noches muestra a una madre que se ve forzada a acostarse con su jefe para conseguir medicinas para su hijo con leucemia. Amor prohibido incluye suicidio, traición, adulterio, una madre inmoral y una hija vengativa.

El mundo de los teleteatros turcos, a pesar de todo su adulterio y venganza, muestra un idealizado país moderno y secular, una versión estilizada de la Turquía moderna. Por algo, cree Irfan Sahin -CEO de Dogan TV Holding, el grupo de medios más grande de Turquía y productor de Noor- el país se convirtió en "un modelo con un gran impacto en los países vecinos". La creciente popularidad de los teleteatros turcos coincide con el crecimiento del poder suave de Turquía en Medio Oriente. El comercio con la región se cuadruplicó desde 2002 y el año pasado se anunció una zona de libre comercio con Siria, Irak y Jordania. Turquía también ha estado íntimamente vinculado a la primavera árabe, presionando al egipcio Mubarak y ofreciendo mediar entre los rebeldes y Gadafi en Libia.

No todos los espectadores se entusiasman con el país y sus exportaciones culturales. Cuando Noor se emitió por primera vez en Arabia Saudita, el presidente del Supremo Consejo Judiciario arengó al asesinato de los ejecutivos del canal por exhibir "inmoralidad". Y a medida que los teleteatros se volvían más arriesgados, tocando temas tabú como el adulterio, el aborto y el alcohol y mostrando mujeres empresarias, no sólo dedicadas a su familia, la controversia no hizo más que crecer. Incluso Siglo magnífico causó un debate con conservadores denunciando el retrato de Suleiman bebiendo vino y con un harén de mujeres sexies (ambos detalles son históricamente verídicos). Incluso el primer ministro Recep Tayyip Erdogan intervino, calificándolo de un "esfuerzo por mostrar nuestra historia bajo una luz para las futuras generaciones". Después de eso, los ratings treparon hasta las nubes.

Lo que es claro es que, guste o no, la televisión cambia las sociedades al forjar las aspiraciones de la gente común. Durante los últimos 80 años, el secularismo oficial y una fuerte exposición a la cultura popular estadounidense, hicieron una Turquía infinitamente más occidental que sus vecinos en todo, desde la vestimenta a la política y las costumbres sexuales. En la década de 1980, seriales como Dallas influyeron a la sociedad turca en tiempos en que el país gradualmente se abría a las empresas y el materialismo. Ahora que el mundo árabe se encuentra en un similar período de cambio, muchos telespectadores están, conscientemente o no, mirando a Turquía. Pero esta vez no con resentimiento hacia los amos otomanos, sino buscando un estilo de vida que sea musulmán y moderno.

Un amor que ya es mutuo

De acuerdo a un reciente estudio de la Fundación Pew, 17% de los turcos creen que su país debería buscar inspiración en Europa, mientras que 25% cree que el futuro está en Medio Oriente. Un signo tangible del nuevo amor regional es un boom de turismo árabe hacia Turquía, alimentado porque sirios, jordanos e iraquíes no precisan visa. Este verano (boreal) se esperaban unos 150 mil turistas árabes en Estambul. Eso es cuatro veces más que hace cuatro años.

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