Como en tantos otros poblados rurales del Uruguay, el tiempo pasa bien lento en El Eucalipto, a unos cien kilómetros de la ciudad de Paysandú. La mayoría de la gente de allí vive del trabajo en estancias de la zona, o de lo que pueden vender en sus pequeños almacenes que se abastecen de ciudades cercanas, también pequeñas ellas.
Pero en la sala principal del edificio del municipio, allí donde los vecinos pueden hacer trámites del Correo o de Antel, hace poco se sumaron unos folletos que invitan a ser parte de una industria del futuro. En su frente solo se leen tres letras. En las páginas interiores se habla de hidrógeno verde, de “e-metanol” y “e-gasolina”, de generación de energías renovables y de una inversión que podría ofrecer cientos de nuevos empleos directos e indirectos, y miles durante la fase de construcción.
—Esto puede ser un antes y un después para todos nosotros —dice el alcalde Leo Moreira al recibir a El País.
Los habitantes de ese pueblo en que las cosas pasan lento —y donde HIF Global planea instalar sus plantas de generación de energía eléctrica renovable para alimentar otra planta de tecnología de punta a pocos kilómetros del río Uruguay, para producir a escala un combustible amigable con el ambiente antes de que ningún otro lo haga en otra parte del mundo—, pasaron a ser protagonistas de los trabajos de parto de una industria que por el momento no es más que una promesa a nivel mundial, pero que de concretarse —y hay quienes confían en lo haga pronto— se volvería la inversión más importante de la historia de Uruguay, y lo colocaría a la vanguardia en la producción de hidrógeno verde y los llamados e-combustibles, claves para la “segunda transición energética”.
Pero nada es sencillo. La empresa avanza en las tratativas con el gobierno —desde las ambientales hasta las negociaciones por los precios de suministro de energía, cruciales para hacer viable económicamente el proyecto y el principal “nudo gordiano” de las diferencias a resolver—, y advierte sobre una “ventana de oportunidad” que podría cerrarse si no se cumplen los plazos, con un contrato de inversión pautado para marzo, y una decisión final de inversión (DFI) estipulada para fin de este año.
Mientras, la población local aguarda las novedades, dividida entre aquellos que se ilusionan con el desarrollo prometido, y los que temen por sus posibles impactos, incluyendo el creciente reclamo desde la ciudad de Colón, Argentina, que aun con sus diferencias evoca la tensión de la instalación de las papeleras en Fray Bentos años atrás.
Del "humo" a la inversión: el origen del proyecto
Hay quienes dicen que todo empezó con una venta de humo. No porque el posicionamiento de Uruguay, desde hace años, como un potencial productor de hidrógeno verde —aquel que se obtiene separando las moléculas de hidrógeno presente en una fuente de agua a través de un proceso de electrólisis que utiliza energía eléctrica de origen renovable— pudiera tildarse de ilusorio o sin sustento alguno, más allá de tratarse de un mercado emergente.
Lo que ocurrió fue que en determinado momento, ese hidrógeno verde para el que Uruguay se promocionaba como posible productor empezó a ser visto en la industria como un insumo más en una cadena hacia un paso siguiente: los combustibles sintéticos o e-fuels.
Estos combustibles, en etapa de producción incipiente a nivel global, tienen la misma composición química que los combustibles fósiles y se pueden utilizar en los mismos motores a combustión, pero son generados sin recurrir a derivados del petróleo y por lo tanto son “neutros” en emisiones de carbono a la atmósfera. Su producción requiere fundamentalmente de hidrógeno verde y dióxido de carbono biogénico, capturado de procesos industriales de destilación o quema de biomasa forestal.
Con disponibilidad de agua, una de las matrices eléctricas más renovables del planeta, y una riqueza en biomasa, Uruguay podía plantearse como un actor competitivo en ese mercado.
Fue así que en 2022, la empresa estatal Ancap lanzó una invitación a expresiones de interés para aprovechar el dióxido de carbono (CO2) emitido por su subsidiaria Alcoholes del Uruguay (ALUR) en la planta de bioetanol de Paysandú, para la producción de e-fuels. Se presentaron varias empresas interesadas en el “humo” de ALUR y la posibilidad de combinarlo con otros “humos” de origen vegetal y con hidrógeno verde.
HIF Global —una empresa pionera en e-combustibles, con desarrollos piloto en Chile y accionistas como Andes Mining & Energy (AME), Porsche, EIG e Idemitsu—obtuvo la mejor puntuación con su proyecto de una planta de combustibles sintéticos en Paysandú.
Sus números son monumentales. La inversión, según el último memorándum firmado con el gobierno a fines de 2025, será de aproximadamente 5.385 millones de dólares, de los cuales 2.881 millones están previstos para la instalación industrial al norte de Paysandú, tres kilómetros tierra adentro desde el río Uruguay a la altura de las Islas de Queguay. Allí se instalaría una planta de hidrógeno verde por electrólisis, una planta de captura de CO2 de ALUR y de biomasa (combustión de residuos forestales), una planta que transforme esos componentes en eMetanol, y una planta que tome el eMetanol para producir eGasolina.
Otros 1.277 millones corresponden a la instalación de un parque eólico y una planta de paneles solares fotovoltaicos, que generarían unos 2,3 gigavatios de energía, similar a lo que consume el país en sus picos. Otros 1.226 millones de dólares están previstos para inversiones adicionales y tratamiento de efluentes.
Desde la firma del primer memorándum, a inicios de 2024, durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, el proyecto ha avanzado en los permisos y negociaciones necesarias para la instalación de la planta, desde la recategorización de los suelos hasta la reciente Viabilidad Ambiental de Localización, ya durante el actual gobierno de Yamandú Orsi, mediante la cual el Ministerio de Ambiente calificó de “razonable” la “implantación propuesta”, condicionada a estudios de impacto ambiental y social que recién más adelante podrían desembocar en la autorización definitiva.
A medida que todo ello ocurría, y el proyecto de HIF ganaba pie en Paysandú, alimentaba la ilusión de varios, pero también comenzaba a generar crecientes resistencias, sobre todo al otro lado del río.
Colón se resiste: las críticas desde Argentina
Cualquiera que cruza de Paysandú a Colón se encuentra a los pocos metros, ya de lado argentino, con el supermercado Rincón Sanducero, y allí con dos imágenes superpuestas que resumen la actualidad de la relación entre los dos lados de la frontera.
Allí donde los autos uruguayos continúan cargando sus valijas con productos argentinos a pesar del acortamiento de la brecha cambiaria —los productos de limpieza, dicen, siguen valiendo la diferencia—, ahora también hay un letrero que avisa de un posible conflicto en puerta: “No a HIF Global sobre nuestro río Uruguay”, dice el cartel que lleva el sello, entre otros, de la municipalidad de Colón.
“La planta en ese lugar va a destruir nuestro desarrollo”, señala a El País el intendente de Colón, José Luis Walser. Es uno de los que se ha puesto a la cabeza del movimiento en contra de la instalación de la planta en el sitio elegido por la empresa y autorizado preliminarmente por Uruguay.
“Nuestra principal preocupación es la ubicación. Planteamos la posibilidad cierta de reubicarla sin modificar lo grueso del proyecto”, dice Walser, que lleva un documento con cada una de las acciones y petitorios en estos meses, desde cartas al presidente argentino Javier Milei, comunicaciones a los inversores de HIF, y acciones en la justicia.
La principal planta del proyecto se prevé instalar a tres kilómetros del río que separa a Uruguay de Argentina, en línea recta con la costanera de Colón, uno de sus principales atractivos del turismo, que es a su vez su mayor actividad económica.
—¿Cómo no va a afectar? Acá la gente viene porque no se ve un edificio. Ahora va a ver unas chimeneas en frente —dice Guillermo desde su puesto “Paseos Acuáticos Guillermo” a orillas del Río Uruguay—. Fíjate el hotel ahí con su vista al río. Imaginate cómo afecta.
A unos metros de ese puesto, en una jornada de 38 grados de calor y decenas de personas en la playa, el vendedor de carnadas para pesca Héctor Ortiz dice a El País que el proyecto seguramente tenga un “impacto visual” y que le gustaría que estuviera en otro lado, aunque no le gusta “meterse en decisiones de otro país”. “Acá también se tiran las cloacas y nadie dice nada”. El comerciante agrega que en Colón ya se sienten muchas veces los olores a alcohol o cereal que provienen de la planta de Alur, en Paysandú, cuando está en plena producción.
“Estando un rato acá ya te das cuenta que los vientos son predominantemente del este”, dice Carlos Serrati, integrante de la multisectorial Somos Ambiente. En su opinión, los combustibles que produciría HIF de forma sintética, como el metanol, tienen un “alto riesgo” y le preocupa que algún accidente pueda impactar en una población de 40.000 personas.
En cada uno de los consultados sobrevuela el fantasma del conflicto por la instalación de Botnia en Fray Bentos a principios del siglo, que terminó con los puentes cortados entre ambos países.
“Yo creo que se está subestimando la situación en cuanto a la posibilidad de un conflicto”, dice el intendente Welser. “Está claro que nadie quiere repetir el doloroso proceso que fue Botnia y todos lo repetimos. Sin embargo... se están dando los mismos pasos. Nosotros advertimos que la conflictividad social va a crecer. Esto no va a pasar así nomás”.
Verde o nada: HIF sale al cruce de cuestionamientos
Lo cierto es que, de todas las incertidumbres que pueden rodear al proyecto hasta el momento, la localización no parece tener mucho espacio para sufrir modificaciones.
“Hay decisiones que ya se tomaron. La planta va a estar ahí, porque la Viabilidad Ambiental de Localización está ahí, la recategorización de los suelos está ahí… Ir para atrás supone volver a fojas cero”, dice Nicolás Olivera, intendente de Paysandú, que además cita algunos de los fundamentos de la empresa para instalarse allí, desde la proximidad con la planta de ALUR y el colector industrial, la cercanía de la ciudad y sus servicios, así como la posibilidad de captación de agua del río Uruguay y el transporte de la producción a través del puerto y el tren.
Sobre las críticas a HIF, Olivera insiste en que “empezó con una cuestión de impacto visual, pero van pasando los días y se le va poniendo picor con otros elementos”. El jerarca destaca que la empresa ya modificó parte de su diseño para minimizar el impacto del monte nativo —algo que motivó la aprobación de la recategorización de los suelos— y señala que de los intercambios que hubo entre los gobiernos —en especial la reunión de noviembre que contó con la presencia de los cancilleres de ambos países— surgió la decisión de pedir mayor “atención” a los impactos sobre Colón a la hora de hacer los estudios que exige la normativa uruguaya.
Desde HIF, por su parte, también ponen paños fríos a los cuestionamientos, tanto a los que provienen desde Argentina como los de organizaciones uruguayas que juntan firmas en contra del proyecto. En una respuesta por escrito a las consultas de El País, el CEO de HIF Uruguay, Martín Bremermann, señala que son conscientes de que “existen inquietudes en la vecina orilla” pero entienden que “muchas de ellas quedarán dilucidadas cuando esté presentado el estudio de impacto ambiental y social, que contendrá los estudios técnicos que permitirán a la ciudadanía tomar posturas basadas en evidencia”.
“Nos preocupa la información que circula que no está basada en evidencia, porque genera informaciones equivocadas sobre el proyecto. Hemos visto en otros proyectos que se vieron afectados por noticias falsas”, dice Bremermann.
Sobre la visibilidad de la planta desde Colón, por ejemplo, una de las críticas recurrentes es que las chimeneas, lejos de achicarse en las actualizaciones del proyecto, aumentaron “de 60 a 80 metros”. Desde HIF señalan, por un lado, que no se trata de chimeneas convencionales sino de ductos denominados “flares”, que “cumplen la función de permitir la respiración del proceso productivo y actúan como sistema de alivio ante eventuales sobrecargas, sin implicar emisiones visibles de humo”. Esos ductos, señalan, actúan “ante eventos excepcionales” y de forma “transitoria”, a diferencia de lo que ocurre en una refinería. “Esto es una planta de síntesis de combustibles, no una refinería”, dice Bremermann.
Por otra parte, desde HIF plantean que lograron una “reducción significativa de la altura de los flares gracias al trabajo de ingeniería hecho en el marco del estudio de impacto ambiental y social” y que por lo tanto “la altura no será de 80 metros”. Consultados sobre los detalles, señalaron que serán presentados oportunamente ante la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental (Dinacea), para “respetar la institucionalidad”.
Bremermann sostiene que de acuerdo a los estudios realizados por los técnicos de la empresa, “la visibilidad de la planta desde Colón será prácticamente insignificante”, debido a los kilómetros que separarán la planta de la costa y la cortina verde de casuarinas que se instalará en el perímetro del predio, algo que las organizaciones contrarias al proyecto señalan que no será suficiente.
La empresa también remarca como “antecedente relevante” el hecho de que ya existe “un complejo industrial operativo” en la costa uruguaya del río Uruguay, al norte de Paysandú.
En las respuestas de la empresa se repite un mensaje central: que su multimillonario proyecto solo tiene sentido si es respetuoso del impacto ambiental. En palabras del CEO de HIF, que “los e-combustibles son verdes o no son”. “Más allá de nuestras convicciones, los mercados a los que exportaremos así lo exigen. Si este proyecto genera modificaciones ambientales significativas, no será aceptado por los clientes, por lo que hay incentivos directos del negocio para cumplir con las normativas”, añade Bremermann.
Ante la consulta de impactos negativos a través de la producción de biomasa, o el transporte pesado, el CEO de HIF responde que “como en toda actividad humana, y en particular la industrial, existen aspectos ambientales que deben gestionarse debidamente”, y que “si bien existe una huella operativa, el balance final es ampliamente positivo para el planeta”, con un ahorro de emisiones fósiles que “supera con creces las “posibles emisiones locales”, que serán “mitigadas bajo los más altos estándares internacionales”.
La contracara: los vecinos que aguardan con ilusión
Mientras las voces críticas hacen su ruido especialmente al otro lado del río, en a Paysandú y sus alrededores prima el entusiasmo por la llegada de HIF, con la esperanza de ayude a apuntalar el empleo y revitalizar un músculo industrial que está en el ADN del departamento pero ha venido en declive.
En Constancia, un pequeño poblado a pocos minutos de la ciudad de Paysandú, Daniela Torena representa como pocas la ilusión de los vecinos por concretar la inversión. Hace un tiempo le tocó quedarse sin trabajo, al igual que su esposo: ella era niñera de unos mellizos cuyos padres se separaron; él trabajaba como camionero en un emprendimiento que cerró sus puertas. Para salir adelante se reconvirtieron como comerciantes de un pequeño almacén de comida al paso.
Y cuando escucharon acerca del hidrógeno verde, los combustibles sintéticos, y una multinacional que planeaba instalarse en la zona, la ilusión fue instantánea.
—Todos aquí estamos muy expectantes por lo que puede significar esta inversión, porque se necesita empleo —dice Torena a El País desde el almacén a un costado de la ruta 3, por la cual se prevé construir el ingreso a la planta, y por donde vio desfilar a “gente de todos lados”: de Alemania, de España, de Chile, de ministerios “de aquí y de allá”.
Torena no se perdió ninguno de los varios talleres que realizó la empresa en la zona. Fue contratada para hacer el catering para esos encuentros y se convirtió en una de las vecinas que más sabe sobre la inversión y sus vericuetos técnicos. Se mantiene al tanto de los grupos de Whatsapp en los que se informan las novedades y menciona de memoria los nombres de otros que, como ella, se acercaron para aprender sobre el proyecto que promete cambiarle la cara al pueblo.
—En el último taller nos dijeron que ya había interés en comprar el producto, como para fines de 2029. Pero igual siempre insisten en que nada está confirmado hasta tener el último sí.
Belén Portugal, vecina de la zona, también asistió a algunos de esos encuentros a partir de su participación en la Comisión de Fomento de la escuela local, a la que asistió años atrás como niña, de la que ya egresó su primer hijo y a la que todavía concurre su hija más chica.
Portugal, de 36 años, tiene un pequeño tambo con su marido, y cuenta que en las actividades con la empresa la convencieron de retomar sus estudios. “Yo había dejado el liceo y ahora estoy tratando de terminarlo. Me queda sexto para hacer este año. Y bueno, tratar de avanzar para quizá conseguir un trabajo ahí”, dice a El País. “Me gustaría hacer la carrera de técnico prevencionista”.
“Lo que me impulsó fue esto. Supongo que va a venir mucha gente a buscar trabajo, así que cuanto más capacitada esté, más chances de conseguir algo. ¡No me han prometido nada! Pero sí me empujaron a retomar los estudios”, explica.
No es solo Constancia que está de brazos abiertos esperando la concreción del proyecto. Tierra más adentro, en localidades rurales como El Eucalipto y Cuchilla del Fuego, los vecinos también ven con expectativa el aumento de la oferta laboral que vendría de la mano de la instalación allí de la planta solar y el parque eólico para alimentar la producción de los e-combustibles.
“Acá vivimos de la vaca y de la oveja. Pero no hay muchas oportunidades. Para las mujeres por ejemplo les es muy complicado conseguir algo”, dice el alcalde Moreira, que ve en los parques eólicos la posibilidad de aperturas de puestos de trabajo en limpieza y jardinería, además de otros servicios que se requieran.
En los documentos presentados ante el gobierno uruguayo, HIF menciona que su planta generaría 300 puestos de trabajo, con picos de 3000 durante la obra y otros momentos de aumento de la demanda, por ejemplo para el mantenimiento. En los parques de generación de energía se emplearían entre 50 y 80 personas de forma permanente.
El intendente Olivera es otro de los que no oculta su expectativa por la inversión y el derrame que pueda tener en la zona. “Soy un entusiasta, tratando de contener la euforia. No es solo la inversión: son los cientos de casas que se van a alquilar, las miles de personas a alojar, la comida que se tiene que dar. Es un cambio importante para un departamento que ha estado golpeado por el cierre o los problemas de competitividad de otras industrias”, dice el jerarca.
La viabilidad del proyecto y la negociación clave con el gobierno
Más allá de las visiones encontradas que genera la posible instalación de HIF, todavía hay una incertidumbre que antecede a todos los ruidos: y es si justamente el proyecto se concretará o no. Allí las dudas no pasan tanto por lo ambiental, sino por la viabilidad del negocio.
HIF, que ya ha desembolsado unos 62 millones de dólares desde que iniciaron las tratativas, afirma tener “acuerdos marco” a 15 años con offtakers (compradores), con el compromiso de suministrar la producción de la planta en una etapa inicial.
Pero para colocar esos productos, HIF primero tiene que producirlos. Y para producirlos, necesita que hacerlo sea viable. Y para que sea viable, una clave pasa por la estructura de costos, que en aproximadamente un 70% corresponde al costo de energía eléctrica.
De ahí que el “nudo gordiano” de las negociaciones entre HIF y el gobierno sea el precio de la energía que cobrará UTE, un aspecto todavía no resuelto y que a lo largo de las negociaciones ha expuesto ciertas diferencias entre las partes.
Desde HIF son enfáticos en que confían en las perspectiva del proyecto, aunque también dan su mensaje. “Nosotros estamos comprometidos con nuestros clientes en entregar los primeros embarques a finales de 2029. El gobierno es consciente de esta ventana de oportunidad y de los riesgos que conlleva no cumplirla”.
“Sobre el final de todo esto… no creo, ni quiero, que el gobierno tome una decisión que haga inviable este proyecto. No creo ni quiero que deje escapar esta tamaña inversión por no hacer viable ese punto de equilibrio”, dice Olivera, el intendente de Paysandú.
“Ellos igual son cautos”, acota el alcalde de El Eucalipto, en referencia a la empresa. “En las charlas con nosotros nos dijeron cincuenta veces que no querían ser El Baño del Papa”.
—¿Como para no generar falsas ilusiones?
—Y bueno, ¡que todavía no te compres el water! Y está bien, pero la verdad que ellos están poniendo todo, y nosotros estamos confiando en que salga.
Los e-combustibles: para qué sirven y sus potenciales mercados
Los combustibles sintéticos o e-combustibles son un producto incipiente a nivel global que se posicionan como alternativa de cara a lo que se denomina la “segunda transición energética”, el paso siguiente a la descarbonización de la matriz eléctrica. Esta segunda etapa se plantea avanzar en sectores más difíciles de descarbonizar, como el transporte y la industria.
Mediante un proceso de síntesis de hidrógeno verde y dióxido de carbono de origen biogénico se puede obtener un combustible químicamente idéntico al de origen fósil, pero renovable.
La contracara es el precio: hoy en día, y se estima que al menos por un buen tiempo, estos combustibles sintéticos, más amigables, con el ambiente son mucho más costosos.
¿Hay alguien dispuesto a pagarlos? ¿Se llegó al punto en que ese sobrecosto encuentra igualmente su mercado? Son algunas de las preguntas a las que empresas como HIF creen tener una respuesta afirmativa. Los potenciales compradores están en mercados desarrollados como Europa o Asia, ya sea por cuestiones de regulación o de nichos dispuestos a pagar más por energía más ecológica.
Los e-combustibles servirían por ejemplo para mercados irremplazables por los vehículos eléctricos, desde los autos de lujo a combustión (no en vano Porsche es accionista de HIF), o para autos de fórmula uno. Mediante un proceso similar puede producirse e-jetfuel o e-SAF, para uso en aviación, algo que el proyecto de HIF Paysandú tiene a estudio para una etapa más avanzada.