Traficantes de palmeras

César Bianchi

La sustracción, trasplante y venta de palmeras adultas nativas se ha convertido en un negocio próspero en Uruguay y hacia fuera de fronteras, "mercado negro" incluido. Lo peor es que "si todo sigue así" ya no habrá palmeras autóctonas y peligrará el ecosistema, advirtió el director general forestal del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Andrés Berterreche.

El 30 de setiembre la dependencia recibió la denuncia de un vecino, alarmado porque un grupo de gente estaba cortando y embalando decenas de palmeras butiá adultas a la altura del kilómetro 50 de la ruta 39, en Maldonado. Llegaron al lugar dos inspectores forestales junto al jefe de la Guardia Rural de Maldonado y dos empleados.

Se incautaron 67 palmeras nativas que iban a ser llevadas hasta un predio de 90 hectáreas en Manantiales, Punta del Este, donde se estaba construyendo un barrio privado. La empresa constructora, que adujo haber tercerizado la operación para conseguir las palmeras, necesitaba 300. Pero se habían realizado los trámites legales sólo por 233 de ellas. "Las demás iban de yapa", dijo el jefe del departamento Bosque Nativo de la Dirección Forestal, Juan Pablo Nebel.

Ahora el caso está a estudio de la división jurídica del Ministerio. La empresa infractora debió replantar las palmeras y seguramente tendrá que pagar una multa que puede ir de diez unidades reajustables a 2.000 (de 2.738 pesos a 547.600, unos 22.000 dólares).

Para Berterreche, ese numeroso decomiso de palmeras nativas fue una voz de alerta y no debe interpretarse como un caso aislado: "acá hay un quiebre, si yo no soy duro, nos quedamos sin el sistema de palmeras. ¡Tuvieron que llevar una retroexcavadora para sacar 67 palmeras! No se sacan como quien saca marcela con la mano. Fue algo serio", dijo.

Antes de esa operación, en 1996 la dirección intervino cuando el hotel Conrad de Punta del Este se aprestaba a colocar dos ejemplares de palmeras nativas, meses antes de su inauguración.

El resto es el típico contrabando "hormiga", que se constata mes a mes. Nebel dijo que "con frecuencia se ven camiones o camionetas transportando palmeras adultas", pero en la mayoría de los casos la propia Dirección General Forestal otorgó los permisos correspondientes.

En otros no.

Una ley ignorada

Los palmares butiá son una especie arbórea autóctona protegida por la ley. Su hábitat natural está en Rocha, Maldonado y parte de Lavalleja. Estos palmares, una de las principales atracciones turísticas y paisajísticas del este uruguayo, ya cargan con la amenaza que para su supervivencia supone la ganadería: las vacas se comen los brotes de las nuevas palmeras y no permiten que crezcan los ejemplares nuevos. Las butiá que conforman los palmares son ejemplares centenarios.

Además de la butiá, hay otras especies de palmeras nativas: la caranday (común en Soriano), la pindó (especie que abunda en las quebradas), la yatay (muy común en el litoral, espacialmente en Paysandú), o la palma "enana", que se encuentra en el departamento de Rivera.

Las palmeras exóticas, como la Fénix canariensis, que abunda en Colonia, sí son de libre comercialización. Pero, según explicó Nebel, hasta especies nativas como la butiá pueden ser legalmente trasplantadas y transportadas, si cuentan con el permiso de la Dirección Forestal. La condición para obtener ese permiso es que el árbol no esté en su comunidad natural.

Para obtener el permiso de extracción de esas palmeras hay que pedir una inspección del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca que tiene un costo de 2.053 pesos. Y luego comprar un papel que autoriza a trasladar la palmera, cuyo precio es de 150 pesos.

"Así como el uruguayo ha plantado eucaliptos, también ha plantado butiá. En distintas zonas de Canelones, por ejemplo, se han plantado estas palmeras. Ahí dejaron de ser naturales, si bien son de la misma especie. Cuando hay intereses por las butiá, entonces, damos permisos para extraerlas de zonas canarias", dijo Nebel.

Cada año, el MGAP autoriza la extracción de unas 300 o 350 palmeras nativas plantadas generalmente en quintas, casas particulares y predios privados que no forman parte de su hábitat natural. El negocio de comprar y vender palmeras está en alza: en 2005 hubo un pedido para extraer 250 palmeras en Cerro Colorado, Canelones.

"Pero las comunidades naturales en Rocha y Maldonado no se pueden tocar", agregó Nebel.

El funcionario quiso decir que no se deberían tocar.

Promedialmente, la Dirección realiza tres procedimientos por año de transporte ilegal, de unas cinco palmeras en cada caso.

"A éstas hay que sumarles las que no vemos, las extracciones ilegales que no detectamos porque no nos enteramos", dijo. "Forma parte de nuestra preocupación porque es nuestro trabajo".

Berterreche, en tanto, dijo que espera que ese contrabando no permitido de palmeras "sea menor", aunque admitió que su Dirección tiene "más problemas" con el corte ilegal del bosque nativo.

La dependencia del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca tiene sólo cuatro inspectores en todo el país que deben controlar los ilícitos de corte a lo largo de 810.000 hectáreas de monte nativo en todo el país, vigilar el stock de barracas y el transporte de productos del bosque nativo, entre otros, las palmeras.

Por eso, dijo Nebel, es fundamental que la policía y la propia población denuncien eventuales casos de corte. "Hay que hacer lo que hizo el vecino de Maldonado: llamarnos en cuanto se crea que se puede estar cometiendo una infracción".

Un mercado que crece

Lo que a ambos ingenieros agrónomos forestales más les preocupa es el crecimiento exponencial del mercado.

Los técnicos entienden que si el precio y la demanda de las palmeras que pueden comercializarse continúan creciendo, los operadores acudirán a las que están en comunidades naturales.

"Lo que tememos es que nos destrocen el ámbito natural de las palmeras. En la medida que hay un mercado demandante de este producto, acá y en Asia, lo que sucede es que muchas veces no alcanzan las palmeras sacadas legalmente, y apelan a las protegidas", dijo Berterreche.

Nebel agregó: "una palmera butiá en un bosque nativo no tiene valor, porque la ley forestal prohíbe su comercialización. Pero tiene un valor en el mercado negro, donde pueden estar ofreciéndoles 100 dólares a un productor rural por sacársela de su predio, y llevarlas a Hong Kong por 800".

En agosto de 2004 El País informó que en Nueva Helvecia y Rosario, Colonia, descendientes de chinos habían montado un negocio de exportación de palmeras Fénix canariensis a España y China. Ofrecían entre 700 y 800 pesos por ejemplar al estanciero que las tuviera en su campo, y las colocaban fuera de fronteras a 30.000 dólares cada una.

Berterreche y Nebel han notado otra tendencia inquietante: la proliferación de dibujos arquitectónicos de casas y mansiones a construir en Punta del Este con palmeras adultas en sus fachadas. Lo que los arquitectos no tienen en cuenta, dijeron, es que una palmera precisa entre 80 y 90 años en adquirir su tamaño definitivo.

"La persona que compra esa casa hermosa dice: ‘a mí me la vendieron con una palmera enorme, así que ¡quiero mi palmera ahora, no dentro de 80 años!’ Ahí nace la necesidad del traslado de un ejemplar adulto", dijo Nebel.

La Dirección Forestal dejó de otorgar autorizaciones para la extracción de cualquier palmera nativa hasta tanto no concluya el caso de las 67 robadas en Maldonado.

"Mis argumentos no son de puro romántico, yo no digo que me erizo cuando hablo de las palmeras, sino que el turismo en Rocha está basado en sus palmeras, por su belleza estética como árbol natural", sostuvo Berterreche.

"Estamos a favor del negocio, pero si sigue prosperando lo ilegal, nos quedamos sin palmeras. Y se destruye el ecosistema. Es un negocio grande el de las palmeras: es un oligopolio con una organización montada".

Según Berterreche, hay "tres o cuatro" acopiadores de palmeras, que trabajan para "una o dos" empresas exportadoras. El mayor referente en el acopio de palmeras es Mario De León, quien tiene un predio en Sauce y trabaja para una firma china.

Consultado para este artículo, De León dijo que sólo exporta Fénix canariensis, de libre comercialización, y que como él "unas 15 empresas se dedican a las palmeras". Después se disculpó por no poder brindar más declaraciones: los voceros son los empresarios chinos, dijo. Pero agregó que no se los podía entrevistar por teléfono o correo electrónico, sino personalmente, cuando decidan venir a Uruguay. "Claro que ellos no avisan cuándo vienen, caen cuando quieren". ©

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