Rick Vecchio, AP
Con frecuencia estar en el tránsito caótico de Lima es como estar atrapado en una estampida de elefantes, y en ese vértigo desordenado el taxi más común de Perú —el Daewoo modelo Tico— parece un ratón escurridizo capaz de sortear cualquier obstáculo.
A menudo este pequeño auto de cuatro puertas, importado de Corea del Sur, es aplastado. Los periódicos sensacionalistas de Lima suelen mostrar fotografías sangrientas de accidentes catastróficos de Ticos, con los cadáveres atrapados entre los restos retorcidos.
Ahora, después de una década como el rey de los taxis irregulares de Perú, el Tico enfrenta nuevas normas de seguridad gubernamentales que amenazan dejarlo fuera de circulación.
Entre los requisitos, las nuevas reglas del Ministerio de Transporte incluyen una orden de que los automóviles deben pesar al menos una tonelada para poder operar como taxis. El peso de los Ticos no llega a los 900 kilos.
"El Tico no está diseñado para ser empleado como taxi", dijo Lino de la Barrera, experto en seguridad de tránsito y uno de los creadores de las normas. "La posibilidad de un accidente mortal es mayor en un Tico".
No hay estadísticas gubernamentales que especifiquen los accidentes de estos taxis, pero sus propietarios dicen que sus primas por el seguro de lesiones personales —exigido por el Estado— son 20% más caras que para otros modelos de vehículos.
Ridiculizados como trampas mortales rodantes por los peruanos de clase media y alta, los Ticos son más baratos que otros taxis y son el vehículo preferido por los residentes de los vecindarios más pobres de Lima.
Además, representan una fuente vital de ingresos para decenas de miles de peruanos de escasos recursos, que pagan el equivalente a nueve dólares para rentar los automóviles por turnos de 12 horas, y luego conducen como locos para recuperar sus gastos y obtener una ganancia modesta.
"Los cambios (de reglas) son injustos, pero no creo que los vayan a hacer cumplir", opinó Carlos Tiburcio, sentado al volante del Tico amarillo que compró hace siete años. "El problema no es que los Ticos sean frágiles, sino que aquí la gente no sabe manejar".
Daewoo dejó de producir el Tico en 2000, pero los "Super Ticos" de segunda mano, así llamados porque tienen ventanillas automáticas y paneles laterales con un moldeado especial, siguen siendo enviados a Perú.
"Aquí los Ticos son empleados casi exclusivamente como taxis, aunque la mayoría no están registrados para ese propósito", dijo Manuel Neyra, jefe administrativo de la autoridad de transporte de Lima.
Neyra dijo no estar de acuerdo en que el diseño del Tico sea peligroso en sí. Para él, la mayoría de los accidentes de estos taxis se debe a la inexperiencia de los conductores, normalmente muy jóvenes.
"Cualquier chaval puede tomar el auto de su padre y salir a trabajar como chofer de taxi sin entrenamiento profesional ni conocimiento de las normas", afirmó.
Los Ticos debutaron en Perú en 1994 después que los aranceles para importar automóviles se tornaron menos estrictos y se aliviaron las normas del transporte público, con el fin de disminuir el impacto de la escasez de transporte.
Daewoo ofreció facilidades de crédito, lo cual puso el automóvil económico al alcance de los peruanos de bajos ingresos.
Según cifras gubernamentales, al menos 58.000 Ticos fueron importados a Perú durante la década pasada, pero los expertos afirman que la cifra es superior. Sergio Baigorria, importador de estos autos, calcula que el número real supera los 80.000.
Baigorria adquirió estatura de héroe local entre los conductores de Ticos después que llegó tercero en la carrera Camino de los Incas del 2002, una agotadora travesía de 2.928 kilómetros a través de los Andes, con un Tico modificado.
El importador devenido automovilista dijo que se propuso demostrar que la mala reputación del Tico se debe a la forma en que "el auto es conducido, no al vehículo en sí".
"Lo que está haciendo el gobierno es una locura", se quejó. "Sólo va a crear más desempleo".
Los propietarios de los Ticos tienen que someter sus taxis a inspección, pero Barrera dice que es casi seguro que los autos no pasarán las normas de inspección más estrictas. "La gran mayoría realmente están acabados, muy desgastados", dice.
Por otro lado, el fenómeno Tico tiene también su lado oscuro: son uno de los automóviles favoritos para fugarse después de robos y asaltos.
El chofer Jesús Moreno, de 36 años, dice que lo experimentó cuando recogió a un par de pasajeros de aspecto común. El que iba en el asiento del copiloto sacó una pistola, mientras que el del asiento trasero lo tomó de la garganta y le colocó un cuchillo junto al cuello. Se llevaron el Tico y desaparecieron.
"Al día siguiente me enteré que usaron mi taxi para robar dos gasolineras", se lamentó.