Sí se puede

| El prestigioso periodista argentino Nelson Castro estuvo en Montevideo invitado para el festejo de los 162 años de B’nai B’rith. Aseguró que se puede hacer periodismo en radio sin leer los diarios al aire.

Joel Rosenberg

—Luego del auge de los programas periodísticos en la televisión argentina a mediados de los años 90, ¿cuál es la situación hoy?

—Hoy casi no hay periodísticos porque hay una exigencia de rating que los hace imposibles. Además, para hacer periodismo en televisión abierta hay necesidad de un lenguaje costoso. Y no lo quieren hacer.

—¿Es posible hacer periodismo de investigación en televisión?

—Es difícil. Y no es fácil tener una investigación seria una vez por semana, bien chequeada, contundente. Eso implica tiempos de producción. Cuando esto no se respeta, las investigaciones periodísticas pierden fuerza y valor. Yo pretendo que la controversia que genere una investigación sea propia del tema y no que gire en torno a la metodología de la investigación.

—Hay quien dice que una investigación seria termina en una presentación aburrida.

—Si uno lo hace bien, de forma adecuada, con un enfoque serio, sin explotación del amarillismo, ¿cómo no va a interesar?

—En su programa matutino en la radio La Red de Buenos Aires ¿se guía por las noticias que publicaron los diarios?

—No. Hacemos un trabajo de producción de todo el día. Yo no hago programas de radio leyendo los diarios; puedo tomar un dato, pero no leo el diario que está ahí, sobre la mesa, sólo como elemento de consulta.

—¿Por qué en muchos programas de radio en Uruguay y Argentina los diarios pasan a ser la única fuente de información? Incluso los leen enteros al aire.

—Por una rutina dañina del periodismo radial. Hay errores. Por ejemplo, se confunde a los productores con llamadores de teléfono; tener una buena agenda es importante para el productor, pero no es todo.

—Usted dijo en su conferencia en la B’nai B’rith que le preocupan los empresarios de otros rubros que compran medios de comunicación y mantienen sus otras empresas.

—Es una tendencia nueva que no es buena. El que tiene un supermercado puede pretender usar el medio de comunicación para favorecer su otra actividad. Se genera una tergiversación a veces real, a veces potencial. Por eso se debe ser exigente en cuanto al tema de la propiedad, la calidad, la idoneidad y la honestidad de las personas que adquieren los medios.

—¿Cómo deben manejarse los periodistas en esas situaciones?

—La tarea del periodista, en esos casos, está doblemente dificultada por el juego de presiones entre el poder político y los intereses del propietario del medio donde está. Debo decir que en los medios que trabajo mi libertad es absoluta. Pero no es el panorama de todo el país. Me podría callar la boca, pero creo que tengo una responsabilidad de decir lo que le pasa a otros.

—¿Qué le dice a los periodistas que trabajan con usted sobre las presiones?

—Siempre les repito lo mismo a los jóvenes que empiezan: tengan conciencia del valor de la ética, porque una vez que la perdés no la recuperás nunca más.

—¿En Argentina algunos demuestran más interés por estar en los medios que por hacer periodismo?

—Sí, porque estar en un medio da la sensación de ser un protagonista de la realidad. Entonces muchos quieren estar ahí, no importa cómo. Y eso no sirve. Los periodistas hacemos trayectoria con el tiempo: nuestra carrera es una maratón, no somos como los futbolistas. Nuestra carrera tiene que ver con la experiencia, con una trayectoria. Eso hay que explicarle a los jóvenes que, con tal de firmar una nota o aparecer en la tele, hacen cualquier cosa.

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