En 1955 Glenn Gould, un pianista canadiense reconocido por sus interpretaciones de Johann Sebastian Bach, grabó un disco icónico de las "variaciones Goldberg" del compositor. Fue uno de los primeros discos long-play, la última tecnología para capturar y reproducir música. Poco después, anunció que abandonaba las actuaciones en vivo para dedicarse exclusivamente a las grabaciones, una decisión temeraria en tiempos en que la reputación de los músicos se conseguía en las salas de concierto. La carrera de Gould continuó floreciendo. En 1981, poco antes que los CD le robaran el mercado a los negros vinilos, hizo otro disco de la misma pieza. Los críticos lo llenaron de elogios. Murió poco días después de su lanzamiento, habiendo sufrido toda la vida problemas de salud y psicológicos.
En su recién editado libro, Reinventing Bach ("Reinventando a Bach"), Paul Elie usa la historia de Gould, y la de otros músicos sobresalientes, para argumentar que la era de las grabaciones le permitió a la música de Bach ser reinventada por sus intérpretes, además de ponerla a disposición de todo el mundo y para siempre como una "colección siempre en crecimiento de experiencias plenas". La música de Bach, dice, recibe su poder en parte de la calidad de la superabundancia, y su superabundancia hoy se consigue gracias a las grabaciones.
El interés por Bach ha tenido altibajos desde su muerte en 1750, y hace 60 años Leonard Bernstein dijo que "tenía que ir a ciertas iglesias o pequeños conciertos especiales" para oír su música. Elie muestra cómo técnicas de grabación cada vez mejores permitieron a Bach aparecer por todas partes, a pesar de una presunta caída en la popularidad de la música clásica: como banda sonora de Fantasía de Walt Disney, en canciones de los Beatles, e incluso como jingle en avisos que quieren vender distinción.
Albert Einstein, un gran fan de Bach, aconsejó "escuchar, tocar, amar, venerar y mantener la boca cerrada". Albert Schweitzer, médico, humanitario y músico que dedicó la mayor parte de su tiempo a los pobres de África, hizo en 1935 hizo la primera grabación, en un cilindro de cera, de la sublime Tocata y fuga en re menor para órgano (de la que la autoría de Bach, irónicamente, ha sido puesta en duda por algunos estudiosos).
Otro personaje es Pablo Casals, uno de los más grandes chelistas, quien a los 13 descubrió una copia de las seis suites de Bach para solista de chelo (hasta entonces olvidades) en una tienda de Barcelona. La tocó cada día de su vida pero no la grabó hasta 45 después. Leopold Stokowski era ya un famoso director de orquesta con muchas grabaciones a su nombre cuando le dijo a Disney comenzar Fantasía con la Tocata y fuga en re menor". Yo-Yo Ma, otro destacado violonchelista, tocó Bach en el funeral de su amigo Steve Jobs, quien sentía una gran afinidad con el compositor.
Elie acierta cuando dice que en menos de un siglo, una sucesión de nuevos medios de grabación -del cilindro de cera a los discos de 78 revoluciones, el LP, varios tipos de cintas, el CD y ahora la computadora- llevaron la música de Bach, en múltiples versiones, a grandes cantidades de nuevos oyentes con solo presionar un botón. Es un lujo que antes no tenían ni los príncipes, que tenían que contratar grandes orquestas. La tecnología de la grabación nos convirtió a todos en reyes. (THE ECONOMIST)