ANTONIO ALVAREZ
En 1971, muchos asustaban a hijos y nietos, y a los amigos de hijos y nietos, con un cuento terrible: si el Frente Amplio ganaba las elecciones iba a fabricar pinceles con pelos de los niños. También se enseñaba una canción dedicada al candidato del Frente con tonada española: andate para Cuba/Seregni loco/que el pueblo no te quiere/ni yo tampoco.
Llegó la dictadura. La fábrica de pinceles no abrió. Seregni nunca se fue a Cuba; marchó a la cárcel. Pasó mucho tiempo ya. Y Seregni volvió a irse, si de verdad existe, al cielo de los políticos uruguayos. Ya (casi) nadie habla de no pagar la deuda externa, de lucha de clases, de explotación del hombre por el hombre, de reforma agraria, de revolución.
En su sexta elección el Frente llegó el gobierno. El hombre que lo llevó al poder dice ser un outsider de la política. Pero en realidad es un exitoso empresario, un oncólogo (alguien ha visto allí metáforas a las que más vale no afiliarse) con un liderazgo conservador y progresista, puritano y audaz, personalista hacia adentro y ambiguo hacia afuera, haciendo apuestas según soplen los vientos.
El Gobierno Vázquez es un gobierno a la uruguaya, negociado palmo a palmo, arbitrando delicados equilibrios entre sus ministros más populares. Astori representa la realidad del poder y Mujica los sueños voluntaristas que van quedando por el camino.
Algunos politólogos ya ven otro gobierno progresista en el horizonte. Si las cosas no cambian demasiado (una paradoja para un gobierno de cambio), la izquierda deberá enfrentar su propia tragedia. Con un gabinete sexagenario y sin recambios a la vista, ya se olfatea un planteo de reelección, lo que supondrá patear el tablero para un gobierno que ha respetado todas las reglas de la política nacional (bueno, está el canciller Gargano). Abrir el juego podría romper el complejo tejido frenteamplista con más de 30 grupos neobatllistas, trostkistas, marxistaleninistas, democristianos, socialistas, nacionalistas de cuchilla, socialdemócratas e independientes porque sí.
Lo que pase dependerá de cómo el gobierno sortee algunos tragos amargos que tiene por delante como la reforma tributaria. El ensamble entre el poder y el aparato político será la llave del futuro del Frente Amplio. En esta edición de Qué Pasa nos ocupamos de los militantes de base. A ellos habrá que explicarles por qué la imaginación no está en el poder, y por qué pedir lo imposible, es imposible de verdad.