A principios de 1900, varios arroyos recorrían alegremente Montevideo e iban a desaguar al Río de la Plata. El Pantanoso y el Miguelete, en aquellos años limpios y hasta caudalosos, que desembocaban en la bahía del puerto, el Chacabuco que atravesaba el actual Buceo y vertía sus aguas a la altura de donde se encuentra hoy la Aduana de Oribe, el arroyo Malvín que hacía un recorrido de oeste a este, paralelo al camino Aldea, única ruta que conducía a Carrasco, rebautizada más tarde Avenida Italia y luego enfilaba hacia el río, bordeando unas canteras y el de los Pocitos, que nacía en la zona de La Blanqueada, pasaba por el zoológico, se unía a otro afluente que atravesaba el Campo Chivero, actual Parque Batlle y Ordóñez y se volcaba en la playa frente a la calle Buxareo. Aquella era la zona donde las lavanderas negras descendientes de esclavos e italianas recién llegadas, lavaban la ropa de buena parte de la ciudad. En ese lugar que en un principio fue llamado Pueblo de los Pocitos, nació lentamente, el barrio que lleva este nombre. Ya en las décadas del diez y del veinte del siglo pasado, muchas personas de gran poder económico comenzaron a edificar sus chalets de veraneo. Una de ellas fue el señor Clodomiro de Arteaga quien hizo levantar el palacete de la foto en 1897, sobre el Camino de los Pocitos, hoy Avenida Brasil y la calle Cristóbal Colón hoy Benito Blanco. Con columnas de mármol, escalinatas, bohardillas, miradores, estatuas y pórticos, la casona fue una de las tantas demostraciones del lujo arquitectónico de la época. Erigida en un paraje todavía semirrural (obsérvese el molino de viento a la derecha de la foto que fue sacada en 1910) el palacio recibió el nombre de Villa Sara en homenaje a una de las hijas de su propietario.