Niall Fergurson (*), Newsweek
La raza humana está interconectada como nunca. ¿Eso es bueno? Pregúntenle a los Amos de la Red -los hombres que manejan las empresas que hace poco, Eric Schmidt de Google, calificó como los "Cuatro Jinetes": Amazon, Apple, Facebook y Google- y la respuesta será "sí". ¿Es tan así? Con tanta inestabilidad económica y política, vale la pena preguntarse si los Amos de la Red son los Cuatro Jinetes de una nueva clase de apocalipsis informativo.
Que no se me malinterprete. Amo todo lo que hacen. Todo, menos un corte de pelo, lo pido en Amazon. Escribo en una MacBook Pro. Me comunico con mis hijos, vía Facebook. A las siete de la mañana ya hice seis búsquedas en Google.
Además me gustan estos "Amos de la Red". Están entre las personas más inteligentes del planeta pero son autocríticos y a veces graciosos. Pero la pregunta que tengo para hacerles es de verdad, no la bravuconada de un ludita: ¿la increíble red que crearon, con toda su velocidad y su escala, no contiene ninguna vulnerabilidad? No hablo del peligro de su explotación por extremistas islámicos o ataques de cibersoldados chinos, aunque me preocupan esas cosas. Lo que quiero decir es que una red mundial de computadoras formada por mentes humanas unificadas es de por sí inestable y que marca el inicio de una era de intolerable volatilidad.
La revolución de la comunicaciones está dominada por dos grandes fuerzas. Una es la "ley" de Gordon E. Moore (de 1961) que dice que la cantidad de transistores que pueden colocarse en un circuito integrado se duplica cada 18 meses. En su forma más simple, la ley de Moore dice que el poder de las computadoras se duplicará cada dos años; un aumento de 30 veces en 10 años. Esa tendencia ya tiene medio siglo y seguirá hasta 2015 o 2020.
La otra fuerza es el crecimiento exponencial de las redes humanas. El primer e-mail se envió en el instituto tecnológico de Massachussets, también en 1961. En 2006, se enviaron 50 mil millones de correos. Internet nació en 1982. En 1993, solo 1% de las comunicaciones se hacían a través de ella. En 2000 era 50%. Ahora es 97%. Facebook fue soñada por un nerd en 2004. Tiene 800 millones de usuarios activos, ocho veces más que hace tres años.
El capitalista de riesgo ruso, Yuri Milner, ve eso como amigable. Cuando el número de personas online se duplique de dos mil millones a cuatro mil millones en los próximos 10 años y los dispositivos vinculados a internet lleguen a 20 mil millones, la humanidad colectivamente se volverá más inteligente. Milner aseguró que la cantidad de datos producida desde el comienzo de la civilización hasta 2003, hoy puede ser generada en dos días. Para lidiar con eso, Milner quiere "un cerebro global, con todos los humanos conectados entre sí y a la máquina e interactuando de una manera única y profunda con una inteligencia que no es humana o de una máquina"
En el futuro como lo imagina Google, ese cerebro se encargará de la mayoría de nuestros pensamientos, diciéndonos a través de nuestros aparatos portátiles, cuál amigo está a la vuelta de la esquina o dónde comprarnos un traje. Y si el mejor precio está en Amazon, solo cliquear una vez y nos ponemos a esperar el correo. Quizás ya esté en casa cuando lleguemos.
¿Pero no es un poco utópico de más?
La primera evidencia son los mercados financieros. Como dice el matemático Kevin Slavin, algoritmos de nombres exóticos son los nuevos amos del universo financiero. ¿Pero cómo les va a los robots?
Parte de la volatilidad del mercado financiero es achacable a la vieja y querida mano del hombre. Pero también es atribuible a la tecnología: solo hay que pensar en el "Flash Crash" del 6 de mayo de 2010, cuando el Dow Jones cayó un 9% y se recuperó en minutos.
¿Podría esa volatilidad propagarse a otros mercados de ese planeta financiero? Sí. Los problemas fiscales de Grecia desestabilizaron Europa y el mundo. Luego está el mercado de bienes de consumo duraderos. Sabemos que la velocidad con que las nuevas tecnologías han sido adoptadas por los hogares estadounidenses se multiplicó por ocho en 100 años. Pero eso tiene su anverso en la velocidad de la obsolescencia. Los consumidores son cada vez más volubles. Millones compraron BlackBerry cuando salió en 1999. Pero hoy el iPhone es el dispositivo más popular, y no soy el único con un BlackBerry muerto en un cajón. Amazon lanzó Kindle Fire para desafiar el dominio de la iPad en el mercado de Tablet. El nombre es apropiado. El mercado de estos dispositivos está en llamas. El mundo entero está en Wi-Fire.
En política, también, el electorado es cada vez más volátil. La carrera por un candidato republicano es un ejemplo. Hace poco, Sarah Palin era una contendiente seria. Después fue Mitt Romney. Después Rick Perry. Después Chris Christie. Mientras tanto, el número de votantes independientes que se han desvinculado de los partidos tradicionales alcanzó un máximo histórico: 37%.
El poder de la computación ha crecido de manera exponencial. Lo mismo la red humana. Pero el cerebro del Homo Sapiens sigue siendo más o menos el mismo órgano de aquellos cazadores-recolectores africanos de hace 200 mil años. Y ese cerebro tiene una tendencia a oscilar en su estado de ánimo, de la codicia al miedo y del amor al odio.
La realidad puede ser que al unirnos e inundarnos con datos, los Amos de la Red abrieron una nueva era de volatilidad, en la que nuestras emociones primitivas se combinan y se amplifican como nunca antes. Y la nube de información se podría así volver una nube de tormenta. u
La IDEA. La tecnología alimenta la volatilidad.
Niall Ferguson es un historiador británico especializado en Economía y Finanzas. Muchos de sus libros están traducidos al español. Entre ellos, Historia virtual (1997), La guerra del mundo (2006) y El triunfo del dinero (2008). Su columna en Newsweek, se titula "Conecting the Dots", conectando los puntos.