César Bianchi
Luis Eladio Pérez tenía 48 años, era senador de Colombia y miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores cuando fue secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Pasó siete años en cautiverio, en la selva. Estuvo encadenado casi las 24 horas diarias todos los días, todas las semanas, durante siete años. Sufrió comas diabéticos y un infarto cardíaco. Debió defecar en un hueco en la tierra, sin papel higiénico y ante la mirada de rehenes y guerrilleros. Además, padeció paludismo y leishmaniasis, el "cáncer de la selva".
Se hizo amigo de la rehén más mediática y símbolo de los secuestrados de las FARC, Ingrid Betancourt, con quien intentó fugarse sin éxito.
Quiso matarse varias veces. Cuando estuvo más determinado escuchó en la radio un mensaje de su mujer que le pedía que resistiera.
El 7 de febrero, tras negociaciones entre el gobierno y la guerrilla, Pérez fue liberado. En mayo publicó Siete años secuestrado por las FARC (Aguilar, 350 pesos). Allí, el periodista colombiano Darío Arizmendi lo entrevistó una y otra vez, hasta hacerle recordar todos sus padecimientos, las torturas, sus deseos y sus sueños en noches sin techo.
Hoy es un político que procura readaptarse a la civilización, pero que desconfía de los partidos. Qué Pasa charló telefónicamente con Luis Eladio Pérez, a ocho meses de obtener su libertad.
-¿Cómo va la adaptación a la vida normal?
-Con algunas dificultades porque imagínate que luego de siete años de secuestro no es nada fácil volverse a adaptar. Pero he venido superando circunstancias de salud. Estuve bastante afectado. He tenido ayuda psicológica que me permitió una readaptación más fácil al hogar. La comprensión y el cariño de la familia, entendiendo que todos cambiamos. Mi familia cambió, yo cambié, pero vamos bastante bien a pesar de lo que algunas circunstancias de estas postraumáticas generan…
-Dijo que necesitó ayuda psicológica. ¿Para superar qué cosas?
-Miedos, temores, sensaciones de persecución, irritabilidad frente a circunstancias particulares como cuando me mandan o cuando me dicen "haga esto o aquello". Me pongo muy mal porque -me decía la psicóloga- es un reflejo de siete años sometido bajo la presión de un fusil diciéndote qué tienes que hacer y qué no.
-¿De qué imágenes de la selva y el secuestro su memoria todavía no se puede escapar?
-En la noche me desubicaba con mucha facilidad. Había adquirido un hábito de dormir en ciertas condiciones, como en el suelo, o en hamacas o tablas allá en la selva. Al estar en libertad eso cambió, entonces había momentos en que no sabía donde estaba, no me orientaba, pero ya lo he ido superando. Hoy duermo bien. Cuando estoy despierto y en algunas circunstancias me afloran a la mente las imágenes de las cadenas, de cuando me encadenaban las 24 horas a los árboles. O recuerdo cuando me llevaban encadenado a hacer las necesidades fisiológicas delante de los propios guerrilleros y sin papel higiénico. Son imágenes recurrentes.
-¿Se sigue despertando a las tres y media de la madrugada, como en la selva?
-Sí, ese es un hábito que adquirí allá y ¿sabes que me gusta? Porque gano mucho tiempo desde las 3.30: leo la prensa, contesto correos electrónicos, y ya las 6.30 cuando se reactiva la vida normal ya he adelantado mucho.
-Todavía está en proceso de recuperar su rutina normal…
-Sí, sin dudas. Entre otras cosas porque ya no tengo la actividad que tenía, la de senador de la República, que me obligaba a tener una serie de compromisos. Con calma trato de cumplir compromisos desde las 9 o 10 hasta las 15 o 16 horas, normalmente procuro no comprometer cenas o reuniones nocturnas para poder disfrutar al máximo con mi familia.
-¿Sigue indignado porque el gobierno insiste con que recuperó una zona que todavía está en poder de la guerrilla?
-Es la antigua zona de distensión entre Caquetá y Meta, la famosa zona del Caguán, donde se realizaron los diálogos entre el gobierno de (Andrés) Pastrana y la guerrilla. El gobierno ha venido diciendo que tiene el control absoluto sobre esa zona y eso es mentira. Son 42.000 kilómetros cuadrados donde en su gran mayoría las FARC tienen una presencia supremamente activa, es como el corazón de las FARC.
-¿Qué tipo de torturas sufrió en la selva?
-Las físicas que se transforman en psicológicas: el encadenamiento permanente, el hostigamiento, el maltrato, los vejámenes, las groserías a las que nos sometían. En lo físico no nos pegaron, pero el hecho de que nos pusieran las cadenas las 24 horas con el ánimo de humillarnos era suficiente, o quitarnos los zapatos y obligarnos a permanecer descalzos mucho tiempo en los campamentos... Y había que hacer las necesidades en un hueco en el piso sin un mínimo de privacidad.
-Usted se enteró en cautiverio, con la señal de radio que captaban en la selva, que muchas esposas de rehenes ya estaban en pareja con otros hombres, y no seguían esperando a sus maridos. ¿Temió que le sucediera lo mismo?
-Yo tenía absoluto convencimiento del amor entre los dos. Pero a muchos militares, policías y políticos, ya sus señoras se habían ido con otros, los habían abandonado. Al final uno no sabía con qué se iba a encontrar (al quedar en libertad). Uno aspiraba, allá en la selva, a que la familia siguiese su vida, que no se fuera a truncar pensando en nosotros, porque teníamos más posibilidades de salir muertos que vivos. Algunas veces, cuando no veíamos luz al final del túnel, decíamos: "hombre, que cada uno haga su propia vida". No se podían aferrar a la fe o a la esperanza de que algún día iban a volvernos a ver porque podían encontrar cadáveres.
-Nómbreme las tres cosas (no personas) que más extrañó en cautiverio.
-La cama, la comida y... la televisión.
-El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha dicho que las FARC no son una guerrilla y no son terroristas. Usted que las sufrió en carne propia, ¿cómo la califica?
-Es una organización política porque de alguna manera tiene una plataforma de 12 puntos que el mundo conoció cuando la zona de distensión. Tienen una organización militar, una estructura con un reglamento muy estricto, de los más estrictos del mundo porque contempla la pena de muerte para casos específicos. Pero a la vez de que es una organización política y militar es una organización que comete actos terroristas. Empezando por el secuestro de personas civiles, desarmadas; es un acto terrorista porque tiende a intimidar a la población. No comparto esa apreciación con Chávez. Yo a él le debo mi gratitud por haberme dado la oportunidad de volver a la libertad, pero ese calificativo sí se lo merecen las FARC. Cometen actos terroristas: fíjese en el secuestro, en la colocación de minas quiebrapatas o bombas que golpean a la población y afectan a la gente. La comunidad internacional entendió que ese acto es de terroristas.
-Usted confesó que pensó varias veces en el suicidio. ¿Por qué cree no se mató?
-En un momento en el que estaba tomando esa determinación, escucho el mensaje de mi esposa (por radio) donde me decía que lo único que yo tenía que hacer era aguantar. Que no podía aflojar. Entonces empecé a resistir y eso se me convirtió en un reto diario y permanente para enfrentar a la guerrilla. De manera que cada (vez) que ellos me iban a encadenar, o cada (vez) que me insultaban o no me daban comida, o no me daban papel higiénico, para mí era un reto. "Ah, ustedes creen que me les voy a morir; pues voy a aguantar, voy salir a la libertad, voy a reunirme con mi familia". También la Biblia fue un inmenso desahogo espiritual...
-Usted es diabético y en la selva sufrió leishmaniasis y paludismo. ¿Tiene secuelas de alguna de estas enfermedades?
-Llegué con un cuadro médico complicado. Era diabético e hipertenso, imagínese lo que sufrí después. Tuve tres comas diabéticos, sufrí un infarto cardíaco en pleno secuestro, y agarré enfermedades típicas de la región como leishmaniasis ("el cáncer de la selva", como le dicen) y paludismo. No tengo secuelas claras. La leishmaniasis es así: un insecto te pica y te produce un gusano que te va carcomiendo por dentro. Se tiene que aplicar una droga que es muy fuerte para esa enfermedad tropical, pero que puede generar secuelas en la visión o en órganos importantes como los riñones o el hígado. No se ha detectado ningún tipo de lesión.
-Tuvo un intento infructuoso de fuga con Ingrid Betancourt, con quien generó y hoy comparte una gran amistad. Los medios y los políticos hablaban de ella y se olvidaban del resto de ustedes. ¿Quién es esa mujer?
-Es una mujer muy valiosa, inteligente. Soportó con muchísima dignidad todo el secuestro. Una mujer muy culta, que estudió en Francia Ciencias Políticas, y ha tenido un roce internacional significativo que le dio esa exposición mediática en el mundo. Se convirtió en un ícono de los secuestrados y se hizo merecedora de premios como el Príncipe de Asturias a la Paz, fue declarada en Europa la Mujer del Año y estuvo a punto de ganarse el Nobel de la Paz. Es una mujer que tiene una incidencia muy particular en la nueva historia de Colombia, y yo diría que en el mundo, por su acción frente a la lucha a favor de las víctimas de violencia en el mundo.
-Usted se decepcionó cuando arribó a su país y no había presencia del Congreso colombiano y casi tampoco del Estado… ¿Qué opinión tiene del gobierno de Uribe y de sus negociaciones con las FARC?
-No tuvimos el más mínimo grado de solidaridad al llegar a la patria. En el momento del secuestro yo era senador, era el presidente de la comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de Colombia, de manera que uno lo que menos esperaba era una solidaridad manifiesta por parte del Congreso de la República y en general del gobierno y de la sociedad… que no lo tuvimos. Yo he dicho que a nosotros no sólo nos secuestró las FARC, sino que también nos secuestró el olvido de la sociedad colombiana.
-¿Cree que el presidente Álvaro Uribe está haciendo las cosas bien, con respecto a sus tratativas con las FARC?
-No lo creo. No hay voluntad política para avanzar en una negociación. El presidente piensa que sólo por la vía militar se puede rescatar a los secuestrados y en ese sentido está muy equivocado porque eso puede ser el generador de la muerte de cada uno de los que todavía permanecen en la selva. Tiene que tener voluntad política para ceder, para avanzar en una negociación, sobre todo pensando que los que están allá pudriéndose en la selva son seres humanos que llevan 10 y 11 años secuestrados y abrigan la esperanza de recuperar la libertad con vida.
-Hace unas semanas logró fugarse del cautiverio el político Oscar Tulio Lizcano. ¿Lo conoció en la selva? ¿Qué me puede decir de él?
-Lo conocí como congresista, él estaba en la Cámara de Representantes. Fue secuestrado un año antes que yo, estuvo ocho años en la selva. Nunca compartí con él el secuestro. Me impresionaron muchísimo las imágenes de televisión, porque él no fue rescatado, él hizo un escape por lo que tiene todo los méritos por haber tomado esa decisión de escapar. Tuvo la fortuna de contar con la ayuda de uno de los comandantes de la guerrilla, que lo logró sacar. Hoy en día está recuperándose, tiene afecciones médicas complicadas. Hace unas horas se supo la noticia de que volvió a ser internado en una clínica porque tuvo una recaída. Pero se va a recuperar.
-¿Usted se alejó de la política?
-No. Tal vez sí de una forma activa para poder aspirar a volver al Senado o a la gobernación. Estoy desanimado en cuanto a hacer campaña. Pero estoy participando permanentemente en política. Todos los días hago política, opinando, generando posiciones y controversia en el país y estoy trabajando en el ánimo de construir una nueva Colombia, sobre la base de un proceso de reconstrucción nacional, que permita superar el grado de polarización que se tiene en Colombia. Que podamos avanzar rápidamente bajo la justicia social, en un clima de oportunidades iguales para todos los colombianos. A esos proyectos y con ese pensamiento seguiré trabajando en política.
-Entonces ya no pertenece a un partido...
-No milito por ningún partido, pienso en Colombia y en los colombianos. Yo siempre actué como liberal en las filas del Partido Liberal, pero hoy veo que ese partido perdió su rumbo ideológico, es un partido que no le genera ninguna propuesta interesante a la nueva juventud, a las nuevas generaciones de colombianos, de manera que me ha hecho reflexionar. Soy independiente, solo pienso en el beneficio de Colombia y los colombianos. Así podré avanzar mucho más que sesgándome o acotándome a algún color partidario.
La catarsis
"Me resultó muy interesante hacer una catarsis para el libro. Ahora soy un hombre sano, limpio. Acepté mis errores, pedí disculpas por los mismos y valoré las virtudes. Esa sanidad que le produce a uno la catarsis es la que me permite hoy hablarle con claridad al país, sin tapujos, sin cortapisas, y me permite sanear mi espíritu para no tener odios ni rencores".
Decepción. "Yo he dicho que a nosotros no sólo nos secuestró las FARC, sino también el olvido de la sociedad colombiana"