PROYECTO DE LEY

¿Muerte digna o "atajo"? El debate existencial que siempre vuelve ahora se dirime en el Parlamento

El 11 de marzo la palabra "eutanasia" se presentó en un proyecto de ley. Políticos y médicos se pronunciaron. Algunos hablan de libertad; otros de homicidio, tal como lo indica la legislación actual.

La eutanasia es considerada homicidio. El diputado Ope Pasquet busca quitarle la responsabilidad penal al médico que la practica.
La eutanasia es considerada homicidio. El diputado Ope Pasquet busca quitarle la responsabilidad penal al médico que la practica.que la practica.

"Yo decidí que soy dueño de mi vida y entiendo que puedo decidir cuándo tengo que acabar con ella” lanzó en televisión, en junio de 2019, el exgerente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Fernando Sureda.

Con un cigarrillo en la mano, sentado en el living de su casa, contó a Telenoche los padecimientos de la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad que conocía gracias a aquel famoso reto del balde de agua, y que conoció en carne propia cuando se la diagnosticaron en febrero de ese año. Pesadez, cansancio, parálisis en las piernas y la certeza de que la inmovilidad invadiría todo su cuerpo hasta morir ahogado. Así, resignado y convencido, pidió frente a cámara que se instalara el debate de lo que él llamó “una muerte digna”.

Lo que Sureda entendía por muerte digna, en ese momento, era la eutanasia, un tabú que poco a poco deja de serlo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la eutanasia como la acción del médico que provoca la muerte al paciente de forma deliberada. En la actualidad, la eutanasia -por ejemplo, aplicar de manera activa una inyección letal a un paciente- constituye un delito de homicidio según el código penal uruguayo.

Por otro lado, existe también el suicidio asistido, que se practica con el mismo fin que la eutanasia. En este procedimiento, el médico proporciona los medios y los conocimientos necesarios, de forma intencionada, para que el paciente cometa un suicidio. Por ejemplo, darle una jeringa con una dosis letal para que se la aplique él mismo. Esto también constituye un delito y se castiga con hasta cinco años de prisión.

Pese a que estas dos prácticas están penadas por la ley, existe un tipo de perdón judicial para la eutanasia. Desde 1934 está vigente en Uruguay el “homicidio piadoso”, una causal de impunidad para “sujetos honorables” que, tras súplicas de la víctima y motivados por la piedad, maten por lástima.

Pero esta figura constituye una excepcionalidad, ya que se dictó una sola vez en la historia por el juez Luis Charles, a un hombre que mató a su esposa (que padecía una enfermedad terminal) tras reiterados pedidos de súplica. Eso es lo más cerca que se está de la “regulación” de la eutanasia, pero el delito, sea perdonado o no, sigue existiendo.

Tras el pedido de Sureda, volvió a tomar protagonismo el debate que resuena cada tanto en la sociedad pero nunca con la fuerza suficiente: la despenalización de esta práctica. A nivel internacional, Holanda fue el primero en regularla en 2002. Le siguieron Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia. Además, Suiza, algunos estados de Estados Unidos y el estado de Victoria en Australia, cuentan con leyes que regulan el suicidio asistido.

En total, solo hay ocho países en los que el Estado da el visto bueno a la muerte como una elección voluntaria. España va camino a despenalizarla y en Portugal todavía se discute.

Si bien una legislatura se inspiró en otra, no hay dos iguales. En Suiza, por ejemplo, solo el suicidio asistido es legal, la eutanasia no. En Bélgica, la ley no tiene ninguna restricción de edad, siendo aplicable también a menores que cumplan con las condiciones establecidas.

De la misma forma, las cifras de muertos por eutanasia varían. En 2016, el 4% de las muertes registradas en Holanda (6.091 personas) fueron bajo esa ley, aunque el número bajó al año siguiente y en 2018 volvió a ubicarse en el entorno de esa cifra.

El proyecto.

Durante esos meses en los que buscaba ayuda para morir, Sureda llamó por teléfono a varios políticos, entre ellos, al diputado colorado Ope Pasquet, que el 11 de marzo de este año presentó un proyecto de ley sobre eutanasia y suicidio médicamente asistido, inspirado en su testimonio y en inquietudes previas que tenía el legislador respecto al tema.

El proyecto de ley redactado por Pasquet -y que también firmaron los diputados del sector Ciudadanos Felipe Schipani, María Eugenia Roselló, Laura Baccino y Walter Cervini-, tiene como objetivo quitarle la responsabilidad penal a un médico que “le da muerte” o “ayuda a darse muerte” a una persona “mayor de edad, psíquicamente apta, enferma de una patología terminal, irreversible e incurable”. También están contempladas las personas “afligidas por sufrimientos insoportables”, aunque no se especifica cuáles son esos sufrimientos.

Según el proceso que plantea, el paciente que cumpla con estas condiciones deberá ser visto por dos médicos que avalen la enfermedad y el “sufrimiento insoportable” que lo aqueja. Luego tendrá dos entrevistas con 15 días de diferencia para reflexionar.

Si cuatro días después de la última entrevista sigue queriendo morir, el paciente deberá contar con la firma de dos testigos además de la suya, si es que está en condiciones de hacerlo. Los testigos no pueden ser el médico ni sus familiares, y al menos uno de ellos no debe recibir ningún beneficio económico luego de la muerte del paciente.

Entonces, si el médico está de acuerdo, le proporcionará “los medios” para poner fin a su vida sin ser penado por ello. En otras palabras, lo ayudará a suicidarse.

¿Pero qué pasa si el médico no avala esta práctica? El proyecto no determina ninguna “obligación” para el médico, señaló Pasquet a El País, por lo que no es necesario que objete conciencia si no quiere aceptar el pedido de eutanasia. Negarse sería suficiente, ya que esta ley no está pensada para garantizar sí o sí la eutanasia al paciente que la solicite, sino para eximir de culpa al médico que la practique. “Puede decir que no, que vaya a ver a otro, puede decir ‘yo esas cosas no las hago’”, señaló el diputado.

En ese sentido, Pasquet aclaró que el documento está diseñado “por la vía sencilla”, que es la de perdonar al médico en lugar de consagrar un derecho de manera explícita. El derecho implícito, dice, es la muerte digna, aunque el proyecto no haga mención a ella. Señaló que una ley así es necesaria porque la eutanasia sucede desde siempre en Uruguay y “en penumbras”, por lo que el médico queda expuesto a su responsabilidad penal en caso de que un familiar del paciente se arrepienta de ese pacto secreto.

Blanco, negro o gris.

En relación a los métodos aplicados en esas “penumbras”, Federico Preve -neurólogo, dirigente del Sindicato Médico y militante frenteamplista-, dice que “hay límites que son un poco difusos”.

En algunos casos, la sedación a un paciente terminal cuyo dolor no se ve aliviado de ninguna manera “llega a dosis altas que pueden ser tóxicas”, dice Preve. De esa forma, se “favorece el proceso de muerte”. El neurólogo, que en varias oportunidades se expresó afín a una ley de eutanasia y felicitó públicamente a Pasquet por su iniciativa de tratar el tema en el Parlamento, aclara que esto no sucedería en lo que se conoce como “sedación paliativa”. Aunque deja un lugar a la duda: “Todos sabemos que no es un blanco o negro, no es eutanasia o sí (lo es). Es que las dosis de los medicamentos llegan a algunos límites que hacen que sean dosis tóxicas y sean letales. Son sedantes profundos”. explicó.

Preve asegura que la eutanasia es un “acto de máxima empatía”, y se anima a decir que llevar a cabo esa última voluntad de una persona es “un acto de amor”.

Sin embargo, la Sociedad de Cuidados Paliativos -una de las voces fervientemente en contra del proyecto de Pasquet-, no cree que haya ninguna línea fina ni límites difusos entre sedación paliativa y eutanasia.
“No es gris”, sentencia su presidenta, la médica paliativista Adriana Della Valle. Y repite: “No es nada gris. La sedación paliativa es la cosa más definida en cuidados paliativos, y también su diferencia con eutanasia y suicidio asistido”.

Por definición, la sedación paliativa es el último recurso al que acude el médico cuando el dolor del paciente no se alivia tras haber hecho todo lo que se tenía al alcance. Entonces, cuando el paciente terminal llega a esa etapa de la enfermedad, donde el sufrimiento es “indescriptible y angustiante”, se lo seda para que su nivel de conciencia disminuya. Y empieza una espera que no suele ser prolongada. El paciente abandona la conciencia para no sentir dolor a medida que se apaga su impulso vital.
“Lo mata la enfermedad, no lo mato yo. Esa es la diferencia”, dice Della Valle. Y puntualiza: “El objetivo de la eutanasia es matar”, mientras que el de la sedación paliativa es “aliviar el sufrimiento hasta que llegue el final”.

Della Valle, que coordina la unidad de cuidados paliativos del Hospital Militar desde 2006, cuenta que su tarea diaria es tratar a pacientes en esta situación. Asegura que no piden morir, sino dejar de sufrir. Contrario a la imagen colectiva que se tiene sobre cuidados paliativos, de personas moribundas y acechadas por dolores insoportables, la médica insiste en que también brindan servicios a personas con enfermedades crónicas que no necesariamente aguardan la muerte todos los días.

Pero siempre hay excepciones. Della Valle no niega que puedan existir personas que, aun recibiendo los cuidados, se nieguen a vivir con una enfermedad. Pero esos casos “son los menos, no los más”, insiste.
Para esos “menos”, Preve dice que esta ley les proveerá de un derecho.

“Otras personas seguirán la vida común y la historia natural de las enfermedades”, pero quienes elijan la eutanasia o el suicidio asistido, estarán haciendo “ejercicio de su libertad”, señala el neurólogo, y opina que esta práctica y los cuidados paliativos son escenarios complementarios.

En el mismo sentido se expresa Pasquet, que asegura que el sustento filosófico del proyecto es que “cada uno es dueño de su vida y puede decidir a partir de qué momento no aguanta más”.

Allí es cuando surge una de las tantas aristas del debate: ¿El paciente puede decidir? Pasquet dice que la persona debe tomar la decisión “con su propia voluntad, consciente y libre, seria y firme. Debe ser una persona plenamente consciente que diga ‘sí, yo quiero poner fin a mi vida”. En cambio, Della Valle opina que hay que tener en cuenta la “vulnerabilidad de las personas en esos momentos de casi muerte”.

Para la médica, la alternativa a este proyecto de ley que considera “irrespetuoso” para los valores de las personas y los códigos de ética médica, es asignar recursos humanos a la tarea de los cuidados paliativos. Si bien existe una ordenanza del Ministerio de Salud Pública (MSP) que promueve ese servicio en todo el país, y si bien Uruguay tiene el índice de cobertura más alto de Latinoamérica -59% de casos cubiertos según los últimos datos difundidos por la cartera-, Della Valle opina que no hay motivo para celebrar, ya que el sistema todavía no está presente de manera homogénea en todo el país. Insiste en que primero se deben desarrollar estos cuidados a lo largo y ancho del Uruguay, para después recién empezar a hablar sobre eutanasia.

DILEMA

Ética médica y objeción de conciencia

El código de ética médica, que fue elaborado por el colectivo de profesionales y luego refrendado por ley, penaliza la eutanasia. Esta práctica, “entendida como la acción u omisión que acelera o causa la muerte de un paciente, es contraria a la ética de la profesión”, dice uno de sus artículos. Y como en todas las cuestiones éticas, hay posiciones encontradas. Para Preve, el código “se debería cambiar”: “Si va a haber un cambio en la sociedad si se despenaliza la eutanasia, va a tener que haber un cambio en la ética médica”, señaló.

En cambio, Della Valle se muestra en contra de modificar cualquier código o ley al respecto. “Sigue siendo un homicidio”, dice.

El Sindicato Médico del Uruguay (SMU) no tiene una postura definida. Preve, miembro del sindicato, dijo que se está dando la discusión interna en la Comisión de Bioética, pero que al día de hoy se rigen por el Código.

Pero además de estas normas, en el debate entran en juego el juramento hipocrático y la objeción de conciencia. Los mismos elementos por los que Tabaré Vázquez vetó la ley del aborto en 2008.

El proyecto de Ope Pasquet, al no conceder explícitamente el derecho del paciente a acceder a eutanasia a través del sistema de salud, no “obliga” a que el médico haga esa práctica. Por lo tanto, no tendría que recurrir a la objeción. El diputado explica que si la eutanasia atenta contra los principios éticos del profesional, sencillamente puede decir que no.

Para Della Valle esto es problemático. Pone un ejemplo: “Fraile Muerto, un solo médico; ¿cómo hacemos?”. Insiste en que la objeción tiene que estar y que “el médico tiene todo el derecho del mundo a no hacer un acto homicida”.

"La vía sencilla"

Algunos diputados ya se han manifestado sobre el proyecto. Rodrigo Goñi, diputado por el Partido Nacional y católico practicante, dijo a El País que comparte la finalidad de “garantizar ese derecho en esa situación”, pero que no comparte “los medios”.

“De aprobarse esta ley, el paciente al conocer esta opción legal se puede sentir coaccionado a planteársela”, señala. El diputado dijo que, de alguna manera, la ley le generaría al paciente “una presión, una coacción moral, por ejemplo, pensando en sus familiares o su situación económica”.

Para el diputado nacionalista, de aprobarse esta ley, se estaría facilitando un “atajo”, y que antes de tomarlo, la sociedad debe saber que existen tratamientos y alternativas a la muerte para transitar ese periodo “tan existencial” del ser humano.

En términos más filosóficos, el diputado plantea que el origen de estas leyes en el mundo obedecen a una crisis de sentido. Si bien está afín a que se dé el debate, prefiere que sea una “reflexión” para superar lo que llama “una crisis antropológica”. Advierte, además, que se abre la puerta a lo que se conoce como “la pendiente resbaladiza”: la tendencia a expandir el uso de esta ley para muchos más casos que los que estrictamente se prevén.

No obstante, Pasquet subraya que la decisión le pertenece únicamente al paciente. Ante esas flexibilizaciones que pudieran haberse dado en otros países donde la eutanasia es legal, Preve señala que en este proyecto “hay garantías en el proceso” desde que interviene un segundo colega y hay períodos de reflexión.

Otra de las voces que se oponen viene de Cabildo Abierto. El diputado salteño Rodrigo Albernaz se manifestó “inamoviblemente en contra”. Según dijo a El Observador, los legisladores tienen como deber “hacer propuestas para mejorar la vida de los ciudadanos”, y que este proyecto promueve “una política de muerte”.

El canciller Ernesto Talvi, líder del sector que presentó el proyecto, se expresó así en Twitter: “En línea con países de vanguardia Ciudadanos presentó un proyecto de ley para legalizar la eutanasia a pedido de enfermos terminales. Son situaciones duras pero que debemos enfrentar. Es un asunto de libertad pero también de dignidad”.

Fernando Sureda. Foto: Archivo El País
Fernando Sureda. Foto: Archivo El País

Otra lucha.

Nueve meses después de aquella aparición en televisión, Sureda atiende el teléfono desde una cama en la que pasa “las 24 horas del día, los siete días de la semana”. Está paralizado desde la cintura hacia abajo y siente cómo va perdiendo la musculatura del pecho, por lo que cada vez tiene menos fuerza para toser. Su mayor miedo sigue siendo morir ahogado.

Pregunta cuánto tiempo durará la llamada, porque se cansa al hablar. Cuenta que la enfermedad aún no ha llegado al cuello ni a la garganta. “Espero que llegue antes a los pulmones de manera tal que no pueda respirar. Y morirme tranquilamente en cuidados paliativos, que es donde estoy”.

Tiempo después de aquellas llamadas a políticos para cambiar las leyes y así recibir una “muerte digna”, Sureda comenzó a recibir cuidados paliativos. Según cuenta para este informe, el equipo de psicólogos, médicos y enfermeros logró transformarlo “de un ateo militante a un agnóstico esperanzado”.

Se muestra agradecido con Pasquet, aunque admite que hoy su prioridad ya no es la eutanasia. “Pasó a un plano secundario en mi vida”, cuenta. Ya no piensa en morir así, en aquel “cuándo y cómo”. Solo morir.“El proyecto de ley está muy bueno, pero eutanasia es un paso más, un escalón que le hace falta a los cuidados paliativos”, dice. El hombre que impulsó el proyecto que tal vez llegue a ser ley ahora tiene otro foco: “Hoy mi lucha es lograr cuidados paliativos para todo el mundo”.



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