Millones tirados a los chanchos

| Los jabalíes provocan pérdidas millonarias al Uruguay. Algunos productores intentan controlarlos con el olor de los burros o la valentía de las llamas. Otros quieren acribillarlos desde helicópteros.

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Sebastián Cabrera

El sol cae en las sierras de Maldonado. Nelson Núñez, dueño de un campo ubicado entre Minas y Pan de Azúcar, se prepara para pasar una noche más en vela. Está decidido a evitar que los jabalíes, una amenaza para los productores rurales en buena parte del país, destruyan su esfuerzo de años de trabajo y maten las ovejas que aún le quedan.

Como cada jornada, monta su caballo y comienza a recorrer de arriba a abajo sus 3.000 cuadras de campo, dispuesto a espantar a cualquier jabalí que aparezca. "Ando noche y día cuidando la majada", dijo el productor, el único de la zona que aún cría ovejas. Todos sus vecinos las vendieron para acabar con el problema: "Pero yo soy ovejero y decidí mantener la majada. El costo es estar pendiente todo el día".

Sabe que, por más que se mantenga la noche entera sin pegar un ojo, es muy difícil que logre su objetivo. De hecho, el daño que han provocado los jabalíes en su propiedad es "incalculable", según sus palabras. Hace tres años poseía 5.000 ovejas y 2.000 corderos. Ahora le quedan 3.000 ovejas y sólo 500 corderos, sin haber vendido un solo lanar. Núñez sufre esta plaga desde hace más de diez años. Los jabalíes le han llegado a matar más de 100 ovejas en un solo mes, aseguró.

Su caso no es una rareza. No se sabe con exactitud cuántas ovejas se comen cada año los jabalíes, pero son muchas. En 1996, el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y la Dirección de Contralor de Semovientes (Dicose) realizaron una encuesta que arrojó cifras impresionantes: 180.000 ovinos muertos al año. Y nada hace pensar que la situación haya mejorado.

De hecho, la cantidad de lanares en todo el país ha bajado de forma considerable: en 1997 había 20 millones y hoy sólo 9,8, según Dicose. Con miras a llevar esa cifra a 12 millones en un lapso de cuatro o cinco años, el Ministerio de Ganadería presentó el 17 de febrero un Plan de Promoción Ovino que, además de créditos y promoción de nuevas tecnologías, incluye el combate a los jabalíes.

Es que este animal es señalado como uno de los responsables de la alta mortandad y de que muchos productores hayan decidido reducir sus majadas. En 1996, los jabalíes causaron pérdidas por tres millones de dólares al sector lanero, según el SUL. Además, esta especie ajena a la fauna autóctona nacional daña los cultivos e incluso se le atribuyen muertes de vacunos, por lo que en realidad las pérdidas que ocasiona son mayores.

Es por eso que el jabalí fue declarado plaga nacional en 1982 y su caza es libre desde entonces. Además, el 17 de marzo de este año, considerando "los perjuicios que para la economía del país resultan de los daños provocados por los jabalíes en los cultivos y majadas", un nuevo decreto presidencial incorporó a estos animales en la nómina de plagas de la agricultura uruguaya y facultó al Ministerio de Ganadería para organizar y fiscalizar su erradicación.

Gracias a Anchorena

Seguro que Aarón de Anchorena no imaginó los efectos que provocaría en la economía nacional cuando un día de 1928 decidió traer desde Europa algunos jabalíes en su propio barco, directo a su estancia en Colonia, hoy convertida en residencia presidencial.

La especie se expandió rápidamente, debido al ambiente favorable, a la inexistencia de depredadores naturales y a su capacidad de adaptación. También contribuyó el clima templado, con inviernos no muy rigurosos, que permite más de una temporada de reproducción por año.

El jabalí encontró en Colonia una oferta alimenticia muy amplia. Luego se dispersó y, ayudado por la red hídrica del país, llegó al este: a Maldonado, Rocha y Lavalleja. Como la oferta del monte nativo es muy escasa allí, donde los árboles tienen pocos frutos, pasó a alimentarse de ovejas, animales con poca capacidad de defenderse y muy torpes para huir, sobre todo cuando están preñadas o tienen mucha lana.

Además, los jabalíes se cruzaron con los chanchos salvajes que se encontraban sueltos en el campo. Hoy se cree que prácticamente no existe el jabalí en estado puro en Uruguay: se trata de un animal híbrido, más grande, agresivo y con mayor número de crías por camada que el jabalí original. Es por eso que la gente del interior, cuando habla del jabalí, muchas veces lo llama "chancho".

El jabalí no ha logrado ser erradicado en ninguno de los lugares del mundo donde fue introducido. Está presente en lugares con nieve y hasta en el trópico. Tiene una capacidad de adaptación increíble, aseguró Javier Frade, experto del SUL en el tema.

El relevamiento realizado en 1996, basado en formularios entregados a productores rurales de todo el país, indicaba que había jabalíes en el 32% de los establecimientos rurales y que provocaban daños en el 25%. Esos datos son los últimos existentes, pero se estima que el animal ha seguido expandiéndose.

Hoy las denuncias de ataques de jabalíes se concentran en Lavalleja, Maldonado, Cerro Largo, Florida, Treinta y Tres, Durazno y Rocha. Pero la situación es distinta en cada departamento. Lavalleja y Maldonado, por las características de su topografía y sus suelos, están afectados en casi toda su extensión, mientras que en Cerro Largo y Rocha el problema se concentra en ciertas zonas, asociadas a cursos de agua con monte ribereño.

El jabalí puede caminar 20 a 30 kilómetros por noche, y en los últimos años fue detectado en zonas donde no estaba en 1997, como Salto, Artigas, Tacuarembó, e incluso a sólo 30 kilómetros del centro de Montevideo, en los bañados del Santa Lucía.

Hoy se puede decir que el jabalí está presente en casi todo Uruguay y se expandió hasta el sur brasileño, donde también se lo considera una plaga. Su caza está permitida por ley en 30 municipios de Río Grande do Sul, donde estos animales afectan principalmente el cultivo de yuca, maíz y papa.

Respuesta compleja

¿Cómo controlar a los jabalíes? En busca de respuestas a esa pregunta, representantes del SUL, el Ministerio de Ganadería y la Unión de Cazadores Deportivos de Maldonado viajaron en 1999 a Barcelona, donde se realizó un congreso mundial sobre el tema.

Los uruguayos se convirtieron en la vedette del encuentro. "En España hay jabalí sólo en estado puro. Es un animal autóctono y no hace daño a las majadas, porque allí el monte nativo ofrece frutos muy nutritivos como olivas o avellanas. Nosotros mostramos las fotos del jabalí en Uruguay, la forma en que lo cazamos y quedaron impresionados", recordó Frade.

Así y todo, los españoles no se convencieron de que en Uruguay no hubiera forma de controlar la especie y vinieron a comprobarlo en persona. "No nos creían antes de llegar. Pero ya en Uruguay, comprendieron qué tipo de jabalí existe aquí, cuál es el terreno y la alimentación disponible", explicó el ingeniero agrónomo.

Uno de los consultores españoles, Juan Herrero, declaró en aquel momento a El País: "yo no niego que el jabalí mate ovejas, tiene potencial y agresividad para hacerlo. Pero no todas las que mueren son por causa del jabalí".

Su posición es compartida hoy por otras personas. Como un cazador que prefiere no dar su nombre, pero dice que las cifras "están infladas" y que todas las muertes de ovinos, cualquiera sea su causa, son achacadas a los jabalíes.

Frade admite que puede haber "una sobrevaloración" y que a veces los productores declaran una cantidad de muertes de ovinos "un poco mayor que la que realmente se produce por efecto del jabalí".

Por ejemplo, son habituales las muertes de lanares por parásitos gastrointestinales y el jabalí se aprovecha de eso: "come la oveja que muere por causas naturales y también la que él mata", explicó Frade.

El zoólogo Carlos Prigioni dijo que la muerte de ovinos por causa del jabalí es "inconfundible": "es una locomotora que pasa, retuerce el cuello del animal y lo aplasta".

Pero Prigioni entiende que en Uruguay no se han hecho estudios "serios y profundos" sobre el comportamiento del jabalí, porque para eso "se necesitan fondos".

De todos modos, el problema está lejos de ser ficticio. En 1999 los expertos españoles planearon una estrategia de acción para controlar la situación en cinco años. Pero no lo lograron. Todo lo contrario: en los últimos años parece haber empeorado.

Considerando las particularidades del "caso uruguayo", los consultores recomendaron dos tipos de medidas: eliminación de ejemplares y defensa del ganado y cultivos. Esto último incluye el uso de alambrados eléctricos, que aplica con éxito un buen número de productores. Según los consultores, el alambrado bien colocado "es una barrera prácticamente infranqueable para el jabalí".

Ariel Mora, productor de la zona de sierras de Garzón, en el límite entre Maldonado y Rocha, ha incorporado este sistema. "Esta es una zona proclive al jabalí, ya que hay monte natural y se ha extendido la forestación", comentó el productor.

Hasta 1999, cuando implementó el alambrado electrificado con el apoyo del SUL, Mora tenía cada vez más problemas con los jabalíes. "Empezaron matándome diez o 15 ovejas por año, luego pasaron a 30 y ya al final eran 60 o 70. Tenía que tomar una decisión: dejaba de criar ovinos o hacía algo para evitar que los siguieran matando", añadió.

Fue entonces que, con energía solar, electrificó un potrero de siete kilómetros y medio de extensión donde puso las 500 ovejas que le quedaban (había llegado a tener 900). Y se sentó a esperar. Hoy asegura que esta técnica es muy efectiva: "ahora casi no entran a esta parte del campo", dijo.

"Esta técnica tiene su costo, pero si se saca cuentas no hay dudas de que sirve. Yo lo recomiendo", afirmó. Sin embargo, el factor económico hace que en muchas propiedades no se implemente esta medida.

Otra recomendación de los consultores fue incluir perros "mastines" de protección en las majadas. Los especialistas ibéricos se asombraron al constatar que aquí no eran utilizados, a diferencia de lo que sucede en Europa y Estados Unidos, donde se usan en forma habitual para defender a las ovejas de ataques de jabalíes, osos, lobos o pumas.

En Uruguay se han realizado pruebas, sin buenos resultados. Frade comentó que la principal dificultad es la forma de explotación ganadera que se utiliza aquí: "En Europa los pastores salen a caminos propios o del Estado, están en contacto permanente con la majada y el perro. En nuestro país, donde la propiedad de la tierra es particular y los establecimientos están separados por alambrados o potreros, es complicado criar perros dentro de un rebaño".

Inventiva

Pero las autoridades no se dan por vencidas. "Estamos probando toda la batería de recursos que están al alcance", sostuvo Frade, el experto del SUL. Por eso en cuatro estancias del país se está experimentando con llamas, un animal que en otras latitudes se ha revelado como un celoso guardián de los rebaños de ovejas, enfrentándose incluso con los jabalíes.

"Se están haciendo experiencias puntuales con este animal, y en principio serían positivas", dijo Frade.

Un caso es el productor minuano Álvaro Trelles, que se siente muy satisfecho con la tarea que una llama está desempeñando en su campo (ver nota secundaria).

En cambio, Isidro Oyarbide no usa perros ni llamas en su estancia de Rocha, sino burros.

Oyarbide, cuyo campo está en el límite con Maldonado, leyó en una revista que este animal es muy efectivo para proteger a las ovejas. "Parece que la catinga del burro hace que los jabalíes no se acerquen, porque está relacionada con la de los leones", aseguró el productor con absoluta seriedad. Además del fuerte olor que desprende su excremento, la otra virtud de los burros es que "chillan" mucho cuando aparece alguien extraño y están alerta toda la noche.

Oyarbide tiene problemas con los jabalíes desde hace siete años, y sostuvo que en este período perdió 2.000 lanares. Además, afirmó que en una oportunidad él mismo fue atacado por un jabalí en celo cuando iba a caballo.

La situación está más controlada ahora, aunque Oyarbide no se anima a afirmar si la estrategia da resultados. Sucede que puso burros en dos potreros: en uno de ellos nunca más murió una oveja, pero en el otro sí tuvo bajas.

También hay quienes ponen cebos con veneno para matar a los jabalíes, pero esto afecta claramente a otras especies que deberían ser protegidas. De hecho, el uso de cebos tóxicos está prohibido y es considerado como un acto de caza de grave entidad.

También se han usado distintos tipos de trampas como corrales, pero estos sistemas tampoco funcionaron, sobre todo porque tardan mucho tiempo en librarse del olor que dejan los seres humanos, y que hace que los jabalíes no se acerquen.

Apunten

La mejor forma de control de los jabalíes es la cacería, aseguró Raúl Lombardi, que estudia la especie desde 1991 y ha realizado trabajos de investigación para la Facultad de Ciencias y para el Centro Interdisciplinario para el Desarrollo (CID).

Sin embargo, Frade advirtió que la inteligencia y el poderoso olfato de los jabalíes dificulta su caza y explica que ésta sólo rinde buenos frutos cuando se realiza en forma sistemática y durante períodos prolongados en un mismo lugar. "Han habido buenas experiencias de colaboración entre cazadores y productores", sostuvo.

Pero ese no es siempre el caso. Lombardi admitió que muchas veces los supuestos cazadores de jabalíes terminan matando animales autóctonos de caza prohibida y hasta han llegado a robar ganado. "Por eso, hay propietarios que no permiten el ingreso de cazadores a sus campos, a pesar de tener problemas con jabalíes", agregó.

Los consultores españoles, que seguramente no conocían demasiado la "viveza criolla", han recomendado especialmente dos tipos de cacería.

Uno se denomina "espera nocturna" y se considera un método eficaz y no muy costoso cuando hay ataques localizados o producidos por unos pocos jabalíes. La estrategia consiste en poner cebo para atraer a los animales y esperarlos por la noche en una zona cercana al monte, con buena visibilidad para disparar. Este sistema se aplica poco en Uruguay y está restringido a grupos de cazadores de Lavalleja.

El otro tipo es el más común en el país: la cacería con perros "de agarre", practicada por el 90% de los cazadores. Uno de ellos es Diego Negreira, de 28 años y dueño de un local de productos de caza en Montevideo. Salvo en verano, Negreira sale a cazar casi todos los fines de semana y su zona preferida son los campos de Río Negro y Paysandú. Allí la forestación ha traído "mucho jabalí" y, además, es más fácil cazar allí que en las zonas de sierras, donde los cerros y el monte ofrecen escondites a los animales y complican la tarea al cazador.

Al igual que sus presas, Negreira llega a caminar hasta 20 kilómetros durante un solo día. Junto a un grupo de cuatro o cinco amigos arranca a las 7 de la mañana: "y a veces no paramos hasta la nochecita", contó. Aunque a veces vuelve con las manos vacías, su récord, aseguró, es haber atrapado siete jabalíes en un mismo fin de semana.

El cazador advirtió que la rapidez del jabalí complica mucho las cosas. "El bicho lo único que quiere es escapar, no piensa en atacarte. En los primeros 100 metros no lo alcanzás ni a caballo. Pero después se empieza a quedar, se cansa y ahí es cuando lo atrapan los perros, que tienen más constancia", comentó.

El equipamiento básico para salir de caza consiste en un cuchillo, una escopeta calibre 12, un rifle y ropa cómoda. Pero lo único imprescindible son los perros, que en realidad hacen casi todo el trabajo.

Si bien ya se puede cazar con siete u ocho animales, es recomendable contar con algunos más. Se utilizan tres tipos de perros, cada uno con una función distinta. Los de rastro se dedican a buscar y delatar la zona donde se encuentra el jabalí. Después entran en escena los perros de alcance: generalmente están cruzados con galgo y son rápidos, ya que su misión es alcanzar al jabalí.

En tercer lugar aparecen los perros de presa, por lo general dogos, que atrapan al animal: lo rodean y muerden, al tiempo que ladran hasta que llegan los cazadores, que dan el "puntillazo" final. Primero disparan de lejos y enseguida se acercan para clavar el cuchillo hasta que el jabalí muere.

Luego, por supuesto, es norma sacarse la correspondiente foto con la presa rendida. Al final llega una de las partes más disfrutables: comer. El jabalí se puede hacer "de mil maneras", según Negreira: a las brasas, en milanesa o guisado. "La carne es muy sabrosa, y mucho más sana que la de vaca", dijo.

Pero está claro que nacen muchos más jabalíes de los que mueren. "Partimos de la base de que el jabalí no puede ser eliminado: no ha pasado en ninguna parte el mundo, y es menos probable que suceda en Uruguay, donde tiene muchos lugares para guarecerse y la velocidad de crecimiento de la población es muy alta", afirmó Frade, quien admitió que tiene "la frustración lógica" de saber que tal vez logre que la población deje de crecer o quede reducida a las áreas donde molesta menos. Pero nunca conseguirá que el problema desaparezca por completo.

Mientras, el fenómeno sigue creciendo. Expertos y autoridades desarrollan estrategias para controlar esta plaga.

En las últimas semanas las autoridades del SUL han comenzado a diseñar una experiencia piloto con helicópteros. Se trata de un sistema que se usa en Australia: dispararle a los animales desde el aire, sobre todo en zonas de bañados, a las que no es fácil acceder por tierra. El plan aún esta en proceso de evaluación, y se estudia su relación costo-beneficio.

Todo sea para que el jabalí deje de ser una molestia. Una costosa molestia.

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