Daniela Bluth
El psiquiatra llegó a la casa de Juan y el joven estaba subido a un árbol. En medio del jardín, creía que podía volar. Había estado deprimido y sentía que tenía superpoderes. Apenas salía de la adolescencia. Fue internado y tratado con psicofármacos, pero ante cada aparente mejoría, volvía a recaer. Cuando la enfermedad adquirió rasgos de depresión grave, el médico recomendó recurrir a la Terapia Electroconvulsiva (TEC), conocida popularmente como electroshock, una técnica cuya eficacia en muchos cuadros psiquiátricos está probada pero que genera miedos e incertidumbre en buena parte de la población. Después de una serie de aplicaciones, Juan salió del estado crítico y, aunque tuvo oscilaciones, nunca repitió episodios de la magnitud de aquél encuentro inicial.
En Uruguay se realizan unas 15.000 sesiones de TEC por año, indicada en casos de depresión, cuadros maníacos, intentos de suicidio y esquizofrenia. Cada día, decenas de pacientes reciben este tratamiento en hospitales públicos, sanatorios y clínicas privadas.
"Sala de terapia electroconvulsiva" dice un austero cartel que da paso a una habitación en una de las alas del Vilardebó, donde cada mañana entre cinco y 10 pacientes se acuestan en una camilla para ser tratados. Una pequeña chapa de bronce que dice "Dr. José Otegui," cerca de la terminal Tres Cruces, recibe a unas 12 personas, que cada lunes, miércoles y viernes son tratadas de forma ambulatoria en esta clínica privada.
La TEC consiste en producir crisis epilépticas mediante el pasaje de pulsos muy cortos de corriente eléctrica de bajo voltaje. Si bien desde que el paciente ingresa a la sala hasta que sale caminando por sus propios medios puede pasar hasta una hora, la descarga dura unos segundos. Hoy, el tratamiento se realiza con anestesia y un relajante muscular, por lo que la crisis es sólo cerebral y el paciente no presenta movimientos corporales.
El escenario es bastante diferente al de la década de 1940, cuando el uso de la técnica se extendió, pero se aplicaba sin anestesia y para algunas enfermedades para las que no estaba probada su eficacia, como casos de Síndrome Down, o para corregir situaciones consideradas "socialmente inadecuadas", como la homosexualidad.
En realidad, la técnica del electroshock surgió a partir de la experiencia de que muchos pacientes con enfermedades psiquiátricas mejoraban cuando sufrían una convulsión. Comenzó a utilizarse con ese fin en Roma a partir de 1937.
"Donde más eficacia tiene y es 100% seguro es en la melancolía, que es la depresión más grave, que en general se ve en el contexto del trastorno depresivo monopolar o bipolar", explicó el psiquiatra Eduardo Blengio. En muchos de estos casos, agregó, "la terapia electroconvulsiva es de salvataje". La mejoría, dicen, comienza a percibirse a partir de la tercera o cuarta sesión.
Virginia tiene un trastorno bipolar y le realizaron tratamiento con TEC dos veces, a los 21 y a los 30. Las dos veces fueron en momentos de crisis de su enfermedad y las dos veces respondió "de manera excelente saliendo del episodio", recuerda hoy. "Yo personalmente no tuve tiempo ni condiciones para decidir. Mi madre, que fue quien tomó la decisión, la primera vez estaba muy afligida porque yo estaba mal hacía meses y no había medicación que me sacara de ese estado. Cuando le plantearon la alternativa no dudó en decir que sí. La segunda vez, aunque el episodio era diferente, todos sabían de los buenos resultados y también les pareció adecuado", contó Virginia.
Cuando los pacientes requieren internación, los principales centros privados en Montevideo donde se aplica electroshock son el Sanatorio Etchepare, Villa Carmen y el Instituto de Tratamiento Integral (Iral). Para los casos ambulatorios, la clínica a cargo de Otegui es la más concurrida. Además, Otegui junto a otros cuatro médicos es dueño de los equipos; hay cinco aparatos instalados -en los centros donde hay más pacientes- y dos portátiles. En promedio, dijo Otegui, se hacen unos 500 tratamientos por mes.
Por lo general, los psiquiatras indican entre seis y 12 sesiones, que se realizan día por medio. El tratamiento está cubierto por las mutualistas; de forma privada cuesta entre 1.000 y 1.500 pesos por aplicación.
Cuando la patología depresiva o maníaca es recurrente y el paciente no puede recibir medicamentos o éstos no muestran eficacia a largo plazo, se aplica un tratamiento de "mantenimiento". La frecuencia, que varía según el paciente, puede ir desde una vez por semana a una aplicación cada dos meses. Es el caso de Eduardo, que ahora ronda los 70, pero comenzó con la TEC hace más de 15 años. Diagnosticado con un trastorno bipolar, Eduardo no recuerda bien los primeros meses de su enfermedad y las sesiones que lo sacaron de la crisis, pero admite que ahora lleva una "vida normal". Eso sí, en su agenda, un viernes por mes está marcado con una cruz: tiene que ir a la clínica, someterse a la anestesia y luego al tratamiento.
No sé y no me acuerdo. Que mata neuronas. Que las achicharra. Que disminuye la capacidad intelectual. Que borra los recuerdos. Que deja estúpido. Que aliena. Que es un tratamiento para locos. Más allá de los mitos y estigmas que rodean esta técnica, el principal efecto secundario de la TEC es la pérdida de memoria inmediata: los pacientes no recuerdan con claridad algunas cosas relativas a los días en que se realizaron el tratamiento o las semanas previas. "El gran efecto secundario es la pérdida de memoria reciente", coincide Virginia. "Con el tiempo vas recuperando todo, pero toma bastante tiempo y al principio es un poco angustiante no recordar, por ejemplo, de dónde conoces a alguien que te habla de manera muy cercana... Y quizás era un profesor que te daba clase en facultad en el tiempo que estabas mal. Son muchos los olvidos, en todas las áreas, pero lo más complicado son los dos o tres primeros meses", agregó. Para Eduardo, la pérdida de la memoria también es lo más "desagradable" del tratamiento y le gustaría poder recordar cosas que se le "borraron completamente".
Para afectar lo menos posible la memoria, dijo Otegui, el tratamiento e debería hacer dos veces a la semana o indicarlo "de manera unilateral": estimular un hemisferio cerebral por aplicación.
Pese a que la técnica ha mejorado y la agresividad no es la que se ve en películas emblemáticas como Atrapado sin salida, la Terapia Electroconvulsiva sigue generando opiniones encontradas y cierta resistencia en los pacientes y sus entorno familiar. "No le podés contar a cualquier persona que te han hecho TEC porque no está muy difundido y lo único que se sabe es la palabra `electroshock`, que suena a experimento nazi. Pero en mi caso, los beneficios superaron más que mucho las pérdidas". La clave, dice Virginia, es aprender de la enfermedad y del tratamiento. Y buscar el equilibrio entre estar alerta y disfrutar de la vida.
Sirve para la anorexia
Aunque no es lo más frecuente, la TEC también se aplica en algunas patologías de la conducta donde hay riesgo vital (anorexias) o en cuadros psiquiátricos que acompañan el embarazo o puerperio, cuando los fármacos no se pueden usar por los efectos que pueden tener para el bebé.