Cuando la policía italiana arrestó a 28 inmigrantes ilegales paquistaníes en Nápoles hace cuatro años, las autoridades informaron que habían roto una célula de Al Qaeda que planeaba atentar contra la OTAN. En el procedimiento se encontró un diario paquistaní con la foto de un funcionario británico, explosivos, detonadores, mapas, documentos de identidad falsos y docenas de teléfonos celulares. Pero dos semanas después, todos los sospechosos quedaron libres por falta de pruebas. Los fiscales, que tenían poca experiencia con esa clase de inmigrantes, no pudieron mantener las acusaciones.
"Eran todos inocentes", dice Ejaz Ahmad, el editor de un mensuario en lengua urdu que se edita en Roma, que fue intérprete en las audiencias. La mayoría eran vendedores ambulantes. Los explosivos eran más que nada fuegos artificiales, comenta. "Y ahora, los 28 están trabajando en Italia".
El caso pudo ser un fracaso para la Policía local, pero dejó claro una cosa: lo nerviosas que están las autoridades europeas por las florecientes comunidades paquistaníes en lugares como Italia, España o Francia, donde hace unos años no había ninguna. Ahora son cientos de miles de paquistaníes que ingresaron a Europa vía Irán, Turquía y los Balcanes. También empiezan a utilizar una ruta africana, desde donde se embarcan hacia Islas Canarias o la costa meditarránea. Ya hay barrios paquistaníes en Barcelona y Boloña.
Lo que inquieta a las autoridades contraterroristas es que algunos de esos inmigrantes podrían estar vinculados a grupos terroristas, incluyendo Al Qaeda. Las autoridades toman los ataques de Londres en 2005 -hechos por británicos de origen paquistaní- como una señal de peligro. Y Gran Bretaña, recuerdan, es un país donde la enorme colonia paquistaní está bien establecida y se supone es conocida por las autoridades.
Pero Europa continental no tiene lazos históricos con el sur de Asia, y no está familiarizada con su idioma y costumbres. Y está el factor clandestino: los inmigrantes ilegales tienen una red de apoyo, virtualmente invisible para el gobierno, que parece benigna pero podría ser explotada por terroristas.
Roland Jacquard, un experto de seguridad francés, dice que París ubica a las redes paquistaníes como la segunda amenaza terrorista después de las redes de Al Qaeda en el norte de África.
Los europeos se la ven difícil para procesar a los sospechosos paquistaníes, incluso cuando los atrapan. En España, hace dos semanas, se cerró el juicio a 11 paquistaníes acusados de planear un atentado en 2004. Ocho fueron liberados. Sólo tres fueron condenados, y por canalizar 800 mil euros a organizaciones radicales en Pakistán.
Quizás no exista una conexión. Expertos creen que la amenaza está sobredimensionada porque la Policía no entiende a las nuevas comunidades.
Lo que es incuestionable son las cifras: los paquistaníes y otros del sur de Asia están entrando a Europa en cantidades sin precedentes. Las razones son muchas y acumulativas. Expulsados por la pobreza en sus países y a veces por la opresión política, llegan a Europa por la promesa de libertad, empleo y el abrigo de colonias de paquistaníes y bangladeshíes bien establecidas. Cuando una ruta se cierra, aparece otra. Según la ONU, cada vez más paquistaníes usan África como escala. Los paquistaníes, que tienen que hacer un largo camino, les pagan a los traficantes casi 10 veces más que los africanos, entre 11.000 y 20.000 dólares. Un barco llamado Happy Day fue atrapado en marzo en la costa de Senegal con 300 paquistaníes a bordo.
Los que llegan a Europa, se encuentran con nuevos y muy hospitalarios barrios. En la parte histórica de Florencia, por ejemplo, la Via della Scala tiene nueve locutorios para asiáticos del sur. En la calle de las principales perfumerías, hay un restaurante Pak Halai Kebab. Y en la cercana Piazza Santa María Novella, a minutos de la catedral y la galería de los Uffizi, docenas de trabajadores paquistaníes se agolpan para ser trasladados a fábricas textiles.
En España un paquistaní como Usman Yasar, obrero de la construcción de 29 años, puede sentirse muy cómodo en una ciudad como Logroño en La Rioja. Juega al cricket y come curry servido en tiendas iguales a las de su país. Si tiene problemas con sus papeles consigue ayuda en la Asociación Paquistaní de La Rioja. En una región de 300 mil habitantes, los compatriotas de Yassar son unos 6.000. Cifras oficiales ubican en 40 mil los paquistaníes en España, donde hace 15 años no había casi ninguno. España podría tener la mayor población paquistaní de Europa después de Gran Bretaña.
¿A qué se debe esa ola desde el subcontinente? De acuerdo al académico francés Abou Zahab, la inmigración paquistaní a Europa se inició muy lentamente cuando Gran Bretaña comenzó a cerrar sus puertas a los sudasiáticos en 1968. Al no poder entrar a Gran Bretaña, muchos inmigrantes se volcaron a Noruega, donde hay unos 30.000 paquistaníes de primera y segunda generación. Los primeros paquistaníes empezaron a llegar a Francia a comienzos de la década de 1970. Las cifras aumentaron en la década pasada cuando se incrementaron las trabas para pasar a través del canal de la Mancha. Muchos paquistaníes decidieron quedarse y probar suerte en el continente. Hoy hay entre 50.000 y 70.000.
Grupos diferentes buscan diferentes clases de trabajo. Mientras las filipinas encuentran trabajo como domésticas, los paquistaníes prefieren las fábricas. Cuando pueden arman pequeños comercios o locutorios, que emplean a a 4.000 paquistaníes en Italia, de acuerdo al periodista Ejaz Ahmad. "Los locutorios son también lugares de encuentro entre inmigrantes". Pero como señala la Policía, son un buen lugar para las comunicaciones clandestinas entre grupos terroristas. En España, por ejemplo, muchas de las presuntas conexiones entre paquistaníes y organizaciones terroristas se han hecho vía la hawallah, un sistema de transferencia de dinero, difícil de rastrear porque no deja documentos escritos y sus conexiones son verbales (y muchas veces en código). Uno paga en Barcelona y su contacto en Pakistán le da el dinero a la persona y grupo que uno pida, sea un primo o Al Qaeda.
Un momento
La inmigración paquistaní en Europa puede volverse un problema para Washington. En el Congreso estadounidense ya hay ideas para cambiar eso de que los ciudadanos británicos, incluyendo aquellos de origen paquistaní, ingresen a Estados Unidos sin necesidad de visa. Es que para los paquistaníes la meta siempre es ir a un país angloparlante. "Les encantan los ghettos paquistaníes en Manchester y Londres", apunta Ejaz Ahmad.