Paula Barquet
A mí también me parecía raro y complicado", confiesa Laura cuando explica por qué eligió construir su casa en Lomas de Carrasco hace tres años. Hoy asegura que vivir allí es "espectacular, alucinante".
Lo mismo Virginia, cuya familia fue una de las primeras en asentarse en ese barrio privado. Los argumentos se repiten: seguridad, tranquilidad y espacios verdes, sin necesidad de rejas, alarmas o puertas trancadas. "Es aquello de mi infancia", dice sonriente. "Se cumplió nuestro sueño".
Cuando recuerda su niñez en Colonia, Virginia evoca la imagen de numerosas barras de niños jugando en el barro y corriendo por el campo sin peligro. En Lomas, afirma, es lo mismo sólo que "no se siente el orín del zorrillo". Las imperfecciones de la naturaleza fueron obviadas.
Los carteles blancos al costado del camino asfaltado indican sectores y lotes. Hay casas de distinto estilo y extensión, pero casi todas tienen jardín amplio, barbacoa y piscina. La administración de Lomas sólo exige que no tengan más de dos pisos, cercar si se tiene mascota, y colgar la ropa en un tendedero cerrado.
Lomas de Carrasco y los otros siete barrios privados que conforman Rincón de Carrasco, alrededor de Camino de los Horneros, responden a dos grandes públicos, según entiende Rodolfo Victorica, de la inmobiliaria Caldeyro & Victorica. Por un lado, el "veterano que le gusta la casa, el jardín, que capaz se va por el verano a Punta del Este o de viaje y puede dejar la casa sola sin problema de robos". Muchos de ellos son extranjeros, en su mayoría argentinos, que trabajan en empresas extranjeras u organismos internacionales.
El otro segmento es la familia joven de clase media alta, a menudo compuesta por argentinos cuyas mujeres no trabajan. El boca a boca funciona a la perfección a la hora de recomendar el estilo de vida de los countries. Los eligen para disfrutar del hogar después de la jornada, y para que sus hijos crezcan seguros y felices.
"Aislados no", advierte Virginia sin dudar. "Primero porque es elemental, segundo porque sería patológico". Para ella, "al contrario de lo que parecería, vivir en Lomas expande los horizontes" porque sus hijos establecen amistades en el barrio pero también en el colegio -generalmente el British o el Christian-, y en el club -La Tahona, que funciona dentro del mismo country-.
Al asociarse a ese club de golf llegan las mañanas de gimnasio y los tés entre madres, los partidos de fútbol entre padres, la piscina y los deportes varios para hijos, y las jornadas de hoyos para todas las edades. En el country también hay ambientes cerrados donde festejar eventos y recrearse. La vida social prolifera con naturalidad del perímetro para adentro.
Está todo resuelto: no hay que salir ni para hacer las compras. A Lomas llega el lechero, el verdulero, el vendedor de agua mineral, el de pañales, el delivery de la farmacia y, por supuesto, el del supermercado, ya que el más cercano está a 15 minutos de allí en auto, en Lagomar. Hay un almacén entrando a Camino de los Horneros, al que no acuden "salvo casos extremos", afirma Laura.
Si se rompe el lavarropas, basta llamar a Multiservicios, una empresa contratada por la intendencia del country. Recibe la inquietud y rápidamente ofrece la solución. El costo se suma a los gastos comunes que, aunque dependen del metraje de la propiedad, van de 4.000 a 7.000 pesos por mes.
Con ese dinero la familia paga por la seguridad, que consiste en una veintena de guardias apostados en garitas, vigilando en moto o cuatriciclo adentro, y a caballo por fuera del perímetro. Además el country controla la entrada y salida de personas, requiriendo la previa autorización de los locatarios y la cédula de identidad de los visitantes.
Los gastos comunes también cubren la recolección de basura y la limpieza (ambas privadas), la iluminación y caminería interna, el mantenimiento de los espacios comunes, y la camioneta que cada hora lleva a los habitantes de Lomas hasta Portones Shopping y los devuelve a su hogar.
En realidad, muchos ni usan la locomoción del country, que sí suele ser el vehículo salvador para el personal de servicio. La familia promedio tiene un auto para el padre y otro para la madre, y si tienen hijos chicos contratan una camioneta escolar que los deja seguros en la puerta del colegio.
"No es para cualquiera, pero no por el estilo de vida", opina Virginia, quien insiste que el country es "un lugar como cualquier otro". La barrera, opina ella, es la lejanía que afecta al uruguayo promedio. No a ellos, que viajan todos los días 40 minutos de ida y 40 de vuelta para ir a trabajar.
José y Eugenia, al igual que Santiago, encuentran el mismo ambiente confortable en Jardines de Carrasco, donde viven 170 familias. No es un barrio privado: el acceso es público, la basura la recoge el municipio, y la gente puede pasear libremente por sus calles.
Pero en los hechos funciona casi como un country. En Jardines no entran más que quienes viven allí o van de visita. Los guardias de seguridad -pagados con gastos comunes optativos- no piden el documento al ingreso pero están atentos, sobre todo si entra alguien con actitud sospechosa. Además, las calles de Jardines dibujan un circuito prácticamente cerrado y ninguna avenida importante atraviesa el barrio. No es un lugar al que se llegue de casualidad.
La Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) prohibe los countries como los que alojan a cientos de montevideanos en Canelones. Dos interpretaciones de una misma ley -la de Centros Poblados, de 1998- explican la diferencia entre las comunas.
EXPANSIÓN LIMITADA. La disposición negativa de la IMM ante este tipo de fraccionamientos se fundamenta en una concepción filosófico-urbanística. "No es la decisión política de un partido", advierte Daniel Espósito, director de Espacios Públicos y Edificaciones. "Tiene que ver con un proyecto de ciudad con accesibilidad pública, sin segmentación según estratos sociales", explica. Además, Espósito considera que la planta urbana de Montevideo ya es lo suficientemente grande como para extenderla al área rural.
Por este motivo en 2006 la IMM frenó el emprendimiento Jacksonville, al costado de Zonamérica. El rechazo desató una polémica que ratificó la posición municipal al respecto de los barrios privados (Ver recuadro).
Desde la intendencia de Canelones, el director de Planificación Territorial y Acondicionamiento Urbano entiende que si bien allí se permiten los countries, no son "un modo de vida a alentar".
Por eso se está confeccionando un plan de ordenamiento especial que limite el crecimiento de esas pequeñas ciudades privadas y conserve la ruralidad de la zona. De ahora en más se exigirá que la residencia en el barrio privado funcione como la "casa de afuera" -es decir, que se utilice sólo con fines turísticos- y que los emprendimientos se asocien a algún proyecto rural, como por ejemplo un viñedo.
Es que los countries vienen creciendo con una tendencia constante desde que aparecieron en Uruguay, hace más de 20 años. Tuvieron un boom en 2004, cuando el censo constató que vivían cerca de 500 personas en Rincón de Carrasco.
Hoy, si bien no hay estimaciones sobre la cantidad de habitantes, el sector inmobiliario calcula que existen más de 100 barrios privados y semi-privados en todo el país, 20 de los cuales se construyeron en los últimos dos años.
"En Montevideo hay stock para rato", dice Carlos Gnazzo, director de Suite Homes Uruguay, una empresa que no vende directamente los lotes sino que se dedica al desarrollo de residencias, diseño y consolidación de barrios privados.
Gnazzo considera que hay suficiente oferta para el público capitalino. Para él, el mercado con más potencial es el de los barrios temáticos que se están asentando en Uruguay (y en el mundo), sobre todo para extranjeros. Pone como ejemplo la existencia de countries gastronómicos en Punta del Este o náuticos en las costas del Santa Lucía.
Pero así como algunos alcanzan el éxito, otros quedan por el camino. En Rincón de Carrasco, de ocho barrios instalados sólo se consolidaron dos, según Gnazzo: Lomas de Carrasco y Carmel, donde viven 200 y 20 familias respectivamente. En el resto abundan los terrenos vacíos. El empresario recuerda otros proyectos que quedaron "obsoletos" por la ruta 101, y Victorica admite que su inmobiliaria tiene un barrio entero a la venta. Asegura que "es muy difícil" concretar el negocio.
Con todo, los inversionistas siguen apostando al público montevideano. Cristina Pastro, directora de Planificación de la IMM, confirmó a Qué Pasa que recientemente se solicitó la ampliación del complejo ubicado al norte de Camino Carrasco -zona 10-, donde se encuentran San Nicolás y Los Olivos, barrios semi-privados aprobados en 2007. Existe otro proyecto dentro de Parque Miramar, en Canelones, cuyo eje sería uno de los lagos del barrio. Se llamaría, justamente, Los Lagos.
Lo más común es que los lotes de los countries se adquieran para construir, pero también se venden las casas ya terminadas o incluso se las arrienda. Muchos extranjeros eligen esta última opción cuando su estadía aquí es por trabajo y por lo tanto temporal.
Según datos proporcionados por Victorica, los countries de Rincón de Carrasco cuestan entre 35 y 80 dólares el metro cuadrado, dependiendo del nivel de venta que lleva cada emprendimiento. En general los terrenos ocupan entre 1.000 y 1.500 metros cuadrados. Los precios son relativamente bajos si se los compara con los 200 dólares que saldría el metro cuadrado en Los Lagos, o los 250 dólares que cuesta en Jardines de Carrasco, donde ya casi no quedan terrenos a la venta.
CUESTIÓN DE DINERO. Stefanie (21), Tania (23) y Maite (26) Feurich son tres hermanas guatemaltecas con ascendencia uruguaya. Hace seis años que viven en Carmel, a unas pocas cuadras de Lomas. Fueron las únicas que accedieron a publicar su apellido en esta nota.
Las tres se sienten "afortunadas" de que sus padres, con quienes viven, puedan mantener una residencia como la suya. Reconocen que el lugar es "precioso" y "te da la paz del mundo", pero están cansadas de tener que coordinar cada salida con horas de anticipación o levantarse a las seis de la mañana para ir a clase. Igual, lo que más les molesta es el prejuicio que reciben por vivir en un country, cuando en Guatemala era lo más común.
"Ah, Carmel, uno de esos barrios de ricos", cuenta Stefanie que le han dicho alguna que otra vez. Recuerda que en una ocasión una persona se sorprendió de que ella tuviera ganas de comer polenta. A Maite también le han pasado cosas similares, y Tania asegura haberse sentido despreciada muchas veces.
"Ya por ser de Carrasco te ponen el sellito de niña mimada y rica. Parece que acá, si no tenés tanto dinero y tuviste que esforzarte un poco más por las cosas materiales, sos mejor persona", opina Tania. "Me parece injusto que te estampen por el lugar donde vivís. Además estoy segura que en Pocitos hay penthouses mucho más caros", concluye.
"Si bien son barrios identificados con la clase media para arriba, como es lógico por el precio del metro cuadrado, no siento que haya diferencia con otros barrios como Pocitos o Punta Carretas", opina Virginia.
A ella nunca nadie la miró mal por vivir en un barrio privado, afirma, y Laura coincide. Sin embargo ambas se preocuparon por no revelar su identidad en este informe, quizá por miedo al prejuicio del que las jóvenes guatemaltecas hablan sin tapujos.
Una sociedad cada vez más fragmentada entre ricos y pobres, es lo que Espósito entiende que favorecen los countries. "La experiencia de América Latina indica que al habilitar barrios privados, inmediatamente surgen barrios pobres que nutren de servicios a los barrios amurallados", señala el director municipal capitalino.
Y aunque en este país aún no se vean murallas, en general se cumple lo que Espósito advierte (ver mapa). En el caso de Rincón de Carrasco, gran parte del personal de servicio (empleadas domésticas, jardineros, cuidadores) vive en Villa El Tato, un barrio humilde que se encuentra apenas pasando Lomas. Es fácil ubicarlo: comienza donde termina el asfalto de Camino de los Horneros, y empieza el pedregullo.
Allí vive Cristina, una de las dos empleadas que trabaja en la casa de Virginia. Hace seis años compró un terreno en esa zona junto a su marido y su hijo de 10, "porque era más económico que en Montevideo". Todavía no terminaron de construir su casa.
Cristina no se iría a un barrio privado "ni aunque ganara el cinco de oro". Preferiría mudarse al Parque Rodó o al Prado, donde las cosas están más a la mano. Y aunque reconoce que Lomas "es muy tranquilo", simplemente no le gusta.
Es capaz de mencionar al menos cuatro conocidos de Villa El Tato que encontraron su fuente laboral en Lomas. Hubo un tiempo en que los habitantes de ese barrio entraban casi sin referencias, cuenta Virginia. Hoy, por más que sigue siendo un "lindo barrio de gente trabajadora", le da la impresión de que Villa El Tato no escapa a la crisis de valores que protagoniza la sociedad.
Las diferencias sociales y culturales encuentran oportunidad de disolverse cuando los domingos, integrantes de ambos barrios asisten a la misma misa. La capilla, que queda en Villa El Tato, se nota prolija y recién pintada. Allí Laura va a bautizar a su hijo más chico en pocos días.
El contraste en el estilo de vida no genera reacciones negativas en quienes trabajan en Lomas. A Cristina, al menos, no le molesta. "Yo vengo a trabajar acá", dice. "Nuestro barrio es pobre, muy pobre. La diferencia es enorme. Sé que son dos mundos diferentes. Pero me parece bien si ellos pueden vivir acá", reflexiona con timidez.
"¿A quién se embroma?", cuestiona Gnazzo, quien considera que el "fenómeno" de los barrios privados no suele comprenderse en su totalidad por quienes no viven en ellos. Para el Estado, asegura, los countries suponen un costo cero. Las instalaciones sanitarias y viales, así como la iluminación y la seguridad, corren por cuenta de los habitantes, no de las intendencias.
Algo similar entiende Santiago, habitante de Jardines, que es arquitecto: "El municipio quiere una ciudad de intercambio más fluido. Lamentablemente la seguridad llevó a que la gente fuera a lugares más protegidos. Es un fenómeno universal", apuntó.
André, el hijo más chico de Virginia, tiene seis años. Está preocupado porque ve que cada vez quedan menos terrenos en Lomas; pregunta si se acabarán. "Sueña con darles a sus hijos una vida como la suya", explica la mamá. "Se ve que le fascina vivir acá... ¿Que qué le respondo? Que se quede tranquilo: siempre van a existir casas así".
La seguridad falible de los countries
La mayoría de las familias de Lomas de Carrasco no tiene rejas, alarmas, ni tranca las puertas: confía en el dispositivo de seguridad del country. Sólo una vez tuvieron un problema, hace un año, cuando hubo un faltante en una de las 200 casas. Se resolvió rápidamente pero la administración decidió revisar los bolsos del personal de servicio cada día. Luego cambió la empresa de seguridad, y se dejó de hacer. Ahora, cuenta Laura, "cada uno es responsable de la gente que lleva".
Qué fue de la polémica Jacksonville
Ni hotel, ni oficinas, ni parque ni pista aeróbica alrededor de un lago. Tampoco anfiteatro al aire libre, complejo de salas de cine o comercios de diverso tipo. Nada de lo que se planificaba en 2006 se ve hoy en Jacksonville, al costado de Zonamérica en la confluencia de la ruta 8 y la 101. Cristina Pastro, directora de Planificación de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), explicó que de aquel proyecto ambicioso lo único que no se aceptó fue la urbanización de residencias, elemento que disparó la polémica hace dos años. La IMM entendió que habilitar las residencias en un suelo hasta el momento agrícola, transformaba la zona en una pequeña ciudad aislada de Montevideo. El resto del proyecto Jacksonville se mantiene habilitado por el municipio.
Barrios futboleros
Así los venden las inmobiliarias: "los barrios de los jugadores de fútbol". Son Cumbres de Carrasco y Colinas de Carrasco. Sobre todo este último suele asociarse a la persona de Hugo de León, quien vivía allí hasta hace un tiempo, y que junto a otros futbolistas, fue uno de los inversores iniciales del country. En Colinas, sin embargo, hoy viven sólo dos futbolistas: Sergio Martínez y Gerardo Rabadja. "Está mal, es una confusión", afirma Pablo Boselli, inversor y gestor de los dos countries mencionados. Para él, es un invento de las inmobiliarias. Igual, reconoce que jugadores reconocidos como Sebastián Abreu y Álvaro Recoba son propietarios de algunos terrenos en Colinas que suelen alquilar a extranjeros que trabajan en Zonamérica. "Los jugadores de fútbol generalmente invierten en ladrillos, es lo que saben", dice Boselli, "pero no necesariamente en Colinas o en Cumbres". El concepto es aun más erróneo, dice Boselli, en el caso de Cumbres, cuyos inversores iniciales no tuvieron nada que ver con el fútbol. Un elemento que quizá aporte a la confusión es que allí funciona la escuela de fútbol Rincón de Carrasco. De todas formas, desde el sector inmobiliario insisten: Cumbres y Colinas apuntan a gente vinculada al fútbol, y lo ocultan porque no les conviene para venderlo.