S.C.
Es como una iglesia más, por lo menos una de esas de ahora con sillas blancas de plástico. Pero no lo es. Es el local, en la calle Uruguay esquina Julio Herrera y Obes, donde se reúnen todos los lunes los Atletas de Cristo, el "ministerio" local de la famosa organización evangélica nacida en Brasil en 1984 y que tiene como algunas de sus figuras a los brasileños Kaká, Cláudio Taffarel y Paulo Silas y también al uruguayo Edinson Cavani.
Las reuniones en Montevideo no tienen nada del glamour del fútbol internacional. Acá, en el salón de la iglesia Camino de Gracia con sus paredes blancas y almohadones sobre las sillas blancas, no hay ningún famoso. Ni siquiera estrellas del modesto fútbol local.
"Vienen muchos juveniles", dice el anfitrión Miguel Peirano, de 50 años, vicepresidente de los Atletas de Cristo de Uruguay y delantero de Peñarol (en una época de oro que incluyó la Copa Intercontinental de 1982) y de la selección uruguaya. Peirano convirtió el gol que le dio a Uruguay la medalla de oro en los Panamericanos de 1983.
Hoy dirige al equipo del Carrasco Lawn Tennis en la Liga Universitaria. "Dios me hará dirigir algún equipo de fútbol de primera división", dice Peirano, que con sus vaqueros, remera violeta a rayas y championes no tiene lo que se dice pinta de pastor.
Es el primero en subir al escenario y el que le pide a los presentes "acomodarse los cabellos" y "ponerse lindos" para salir en el diario. También invita a sentarse en las filas de adelante, vacías. Agradece a Washington, el pastor de la iglesia que les cede el local. En la sala de 150 sillas, hay ocupadas unas 50, contando familiares de deportistas y otros curiosos.
En las reuniones de los Atletas de Cristo en Montevideo hay entrenadores y ex jugadores como Peirano, pero sobre todo jóvenes con sueños de estrellato, de seguir el camino de Cavani, quien va a estar en la ceremonia, aunque de manera virtual.
Heber dos Santos es un hombre flaco y alto que preside la organización y se ríe todo el tiempo. Tiene 36 años y con su remera Lacoste tampoco tiene pinta de pastor. Jugó en River Plate, en la selección uruguaya sub 23 y en Chile y Estados Unidos. Es entrenador recién recibido y dirige en las inferiores de Central Español, donde ha reclutado a varios jóvenes para los Atletas de Cristo.
Como Paolo Bica y Emiliano Rodríguez, de la tercera de Central, quienes van a las reuniones desde hace un año. Uno es zaguero, el otro delantero. Tienen 19 años. De pantalón deportivo, remera con un amplio escote en v y pelo bien cortito, Bica dice haber conocido a Cristo cuando empezó a participar de estas reuniones. Su sueño es llegar a Europa "y poder glorificar al señor" pero le brillan los ojos cuando le nombran a Cavani: "Es increíble lo que hace, me gustaría ser como él". Emiliano Rodríguez tiene un sueño más terrenal: jugar en primera división, "vivir de esto" y también "ayudar a los otros".
Hebert dos Santos le comenta a los jóvenes que "ojalá haya más Cavanis levantando la camiseta y diciendo que pertenecen a Dios".
"Lo importante es el camino de la salvación. Yo sentí la necesidad de la palabra de Dios", dice precisamente Cavani en otro momento de la reunión, en un tono pausado y con un acento italiano. Lo hace desde un video amateur grabado en su casa en Nápoles, donde en ningún momento se dirige directamente a los Atletas de Cristo. Todos lo escuchan en silencio. Cavani sí parece un pastor hablando de que ha tenido "muchas tentaciones" en el mundo del fútbol. Invita a dejar "todo en manos de Dios", a buscar "el camino de Jesucristo" y termina con un: "Que Dios los bendiga, un beso grande". No hay aplausos.
Cerca de Dios. Hace unos seis años Cavani estaba sentado en sillas blancas como éstas.
Iba a las reuniones acompañado por sus compañeros de Danubio, "el Mota" Walter Gargano -hoy también del Napoli y de la selección-, Enzo Scorza y Gerardo Vonder Putten.
Todos ellos entraron a la organización gracias a la invitación del futbolista argentino César González, que es Atleta de Cristo y a mediados de la década pasada jugaba en el equipo de la franja. "Toda esa generación venía acá con nosotros", relata con una sonrisa Dos Santos, quien también entró a la organización cristiana recomendado por González cuando los dos jugaban en Tacuarembó.
Cavani, recién llegado de Salto, solía sentarse en las últimas filas. Era humilde y tímido, recuerda Dos Santos. "Le tocó crecer muy rápido en el fútbol y emigrar. Todo esto que ha pasado con él lo ha hecho exteriorizar un poco más", dice Dos Santos. "Ahora habla muy bien delante de las cámaras, se lo ve dar testimonios sin ninguna vergüenza. Pero ama a Dios y es un buen representante de Jesucristo donde está".
A pesar de haber participado en la reunión del lunes, entrevistado por el suplemento Domingo de El País el 13 de febrero, Cavani dijo que pertenece a la Iglesia Evangélica pero que no le gusta "eso del Atleta de Cristo". Cavani dijo ser "un atleta para Cristo"; juega "para él, para darle gloria". No aclaró nada de eso en el video.
Sus viejos compañeros ratifican que Cavani iba a las reuniones de los Atletas de Cristo. Y especulan con que Cavani, por alguna razón, no quiere ser asociado a esa organización para no identificarse con la filial italiana de los Atletas. Pero son solo conjeturas.
Scorza, aquel que participaba en las mismas reuniones que Cavani, fue una joven promesa del fútbol uruguayo pero ahora está hace dos meses en su Rivera natal, sin equipo. Ex del Seregno de Italia, contó hace unos días a Ovación que ha sentido flaquear su fe: "Trato de pensar que por algo pasan las cosas y que van a venir cosas mejores. Pero me desespero y me pregunto dónde está Dios. Eso es lo que me está pasando".
Nadie habla de Scorza en la iglesia. Peirano afirma que, más allá de lo exclusivamente religioso, en Atletas de Cristo les preocupan otras cosas. "Como dice el Toto (Da Silveira), nos importa `la cabecita`", dice.
Las finanzas del grupo, explica Peirano a Qué Pasa, se basan principalmente en "ofrendas voluntarias", incluso de deportistas del exterior, pero no es costumbre pedir un "diezmo" a quienes participan en las reuniones.
Un jugador de primera división que suele ir a las reuniones, pero que no participó en la del lunes, es el mediocampista de Miramar Misiones Jonathan Ríos. Por allí también pasaron el atacante Marcelo Lipatín, el delantero Christian Stuani y el mediocampista Raúl "Tito" Ferro, todos ellos actualmente en el exterior. Entre varios ex jugadores que son Atletas de Cristo y participan de sus encuentros, están el delantero Juan Ravera, al legendario mediocampista Jorge Cardaccio y el argentino Fabio Giménez.
Otro que está en la vuelta es Steve McCarthy, misionero estadounidense que vive en Montevideo y jugó en las inferiores del Osasuna español y en la universidad estadounidense Oral Roberts.
La música. En determinado momento empieza a tocar un grupo de rock cristiano, liderado por Elías, un morochito de lentes que salta como un resorte cuando canta. Hay un coro de tres chicas, además un tecladista, un guitarrista y un batero que no tiene pinta de deportista. Es "el grupo de "alabanzas de los Atletas de Cristo".
Suena una melodía similar a las canciones de viejos grupos de pop argentino como Enanitos Verdes o Vilma Palma. La gente se para, hace palmas, levanta las manos, baila, canta. Conocen las canciones, se nota. Elías canta: "Jesucristo tú eres salvación y alegría / eres el amigo que me ama, eres tú". Más tarde entona: "Quiero nadar en tu río / beber de tus aguas". Y finaliza, a los gritos: "¡Señor, tú eres fiel!".
Termina el concierto y Hebert dos Santos anuncia que más tarde habrá "refrescos y pizza hecha por nuestras mujeres". Es decir, que nadie se mueva de sus lugares, que nadie se vaya que esto sigue. Y ahí sube al escenario Héctor Masters, un pastor que preside a los Atletas de Cristo de Argentina y ha sido invitado para la ocasión. Héctor no es deportista profesional y su cuerpo lo delata.
Masters no está contento con la imagen que tienen los fieles de la Iglesia y dice que "la batalla" se está perdiendo. "Somos los bichos feos por tener conducta, ser fieles y llegar vírgenes al matrimonio. La Iglesia perdió credibilidad. Parece que somos locos los que venimos acá", afirma.
Y anuncia que es "es posible salir de la droga, la homosexualidad, la prostitución". Dice que conoce muchos casos en los que eso ha sucedido. El pastor cuenta que los Atletas de Cristo argentinos están "tratando de evangelizar a Lionel Messi (el argentino que es figura en el Barcelona)" para tener un referente similar al uruguayo Cavani, quién "difunde un mensaje" cada vez que grita un gol y eleva las manos hacia el cielo en señal de agradecimiento.
El pastor abraza al presidente del "ministerio" uruguayo. Todos ponen las manos en alto y empiezan a orar cuando desde la calle entra un hombre vestido de blanco de la cabeza a los pies. "Buenas, vengo del Manchester", dice el sujeto. El clima se corta y todos miran hacia la puerta, sorprendidos.
No es el milagro que todos están esperando. No se trata de un cazatalentos enviado del Señor: es el mozo del bar Manchester, que pregunta si de ahí pidieron "unas pizzas". Alguien, resignado, corre a pagar la comida.
Termina la reunión y entonces dan la orden: "¡A meter diente!". Ahí llega la ansiada pizza, la Coca Cola y la despedida hasta el próximo lunes, cuando todos vuelvan a soñar con ser Cavani. Si Dios quiere.
15
años llevan en Uruguay los Atletas de Cristo. Hoy no van más de 50 personas a las reuniones.
"Si no fuera por él, no estaría acá"
Todo por una hepatitis. El entrenador y ex futbolista Miguel Peirano se empezó a interesar por los Atletas de Cristo después que sufrió esa enfermedad en 1993. Su vida no corrió riesgo, pero el problema es que Peirano siguió jugando al fútbol a pesar de la hepatitis, por lo que la enfermedad se agravó, cuenta hoy. "Estuve a punto de morir como futbolista. Pero me sané gracias a Él, tuve un encuentro con Jesucristo que cambió mi vida Si no, hoy por hoy no estaría hablando acá. Dios tiene poder", reflexiona Peirano. Hebert Dos Santos, también ex futbolista, preside la organización y conoció el mundo de los Atletas de Cristo gracias a un compañero de equipo, como sucede muchas veces. Dos Santos jugaba junto al argentino César González, quién también invitó a Edinson Cavani.