Hay otra verdad y también es incómoda

| Bjorn Lomborg era un ecologista tipo hasta que escribió El ambientalista escéptico porque descubrió que el mundo no iba tan mal como él mismo creía. Y no está solo.

PROFETA. Ahora Al Gore se dedica a advertir sobre lo que le puede pasar al mundo por el calentamiento global. 400x255
PROFETA. Ahora Al Gore se dedica a advertir sobre lo que le puede pasar al mundo por el calentamiento global.
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DANIEL RÍOS

El problema del calentamiento global volvió al tapete en todo el mundo. El último golpe fuerte lo dio el ex candidato a presidente de Estados Unidos, Al Gore, con su documental La verdad incómoda. Si uno se deja guiar por Hollywood o por los ambientalistas el panorama es tétrico. Los hielos patagónicos están desapareciendo, África y Australia ya están sintiendo los efectos del calentamiento y Uruguay perderá sus playas oceánicas. En ese contexto la tierra amenaza con convertirse en un horno inhabitable si los humanos siguen con su comportamiento perverso. Pero esa es sólo una parte de la realidad, o por lo menos una visión, la más divulgada, pero no la única.

¿Qué pasaría si alguien que se considera a sí mismo un ambientalista dijera que está en contra del protocolo de Kyoto? ¿Qué ocurriría si alguien demostrara que Al Gore y muchos ecologistas están equivocados? ¿Cuál sería la reacción del público si alguien comprobara que el mundo está mucho mejor que hace 100 años? ¿Qué pasaría con las organizaciones ecologistas?

Esas preguntas se conectan con un hombre clave. Se llama Bjorn Lomborg y es director del Instituto de Valoración Medioambiental de Dinamarca y profesor de Estadística. Su popularidad comenzó en la década de 1990 cuando leyó una entrevista al economista Julian Simon en la revista Wired. Simon decía, entre otras cosas, que es un error pensar que los recursos naturales se están acabando y que la superpoblación humana no es un problema serio para la vida en el planeta.

Como buen ecologista, Lomborg se indignó ante esas declaraciones tan políticamente incorrectas. Entonces compró los libros de Simon e hizo que sus alumnos pusieran a prueba cada afirmación. Ni el alumnado ni Lomborg lograron probar grandes falencias en los datos de Simon, ni en el manejo que éste hizo de ellos.

Ese fue el comienzo de un libro para Lomborg. Salió a la venta en 2003 bajo el título El ambientalista escéptico. Luego de analizar los datos con los que muchas veces trabajan los ecologistas, Lomborg concluyó que en materia medio ambiental existen problemas pero "en la mayoría de ellos se está avanzando para mejor".

Decir que el mundo va mejorando es un sacrilegio para muchos ecologistas. Lomborg cree que los ambientalistas tienen una visión selectiva e interesada de la realidad, y ellos pueden pensar que discursos como el suyo sirven para justificar a Estados Unidos como el único país que no firmó el protocolo de Kyoto.

Lomborg llegó a decir que "en Occidente el ecologismo es un sustituto de la religión" y luego de su libro -publicado en 11 idiomas- fue reconocido por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en abril de 2004. Ahora que el calentamiento global volvió a ser tema habitual de discusión, Qué Pasa entrevistó a Lomborg:

-¿Qué sintió la primera vez que pensó que el mundo no estaba tan mal como muchos creen?

-En un principio me sorprendí, me sentí aliviado pero también un poco molesto por no haber recopilado antes mejor información para formarme una opinión.

-¿Con qué argumentos avala su idea de que el mundo está en mejores condiciones ahora que hace décadas?

-En cuanto a polución del aire, está ha ido disminuyendo drásticamente en la mayoría de los países desarrollados. En realidad este es un dato conocido dentro del debate medioambiental pero ciertamente no es algo que se sepa normalmente. Por otra parte, la mayoría de los países desarrollados están reforestando y lo hacen porque lo pueden pagar. El punto es que la pobreza es un obstáculo importante para un buen medio ambiente. Si no sabés de dónde va a salir tu próxima comida, difícilmente te puedas preocupar por el medio ambiente dentro de 100 años.

-Parece difícil negar los deshielos. ¿Le parece que este es un problema serio y que es causado por el hombre?

-El calentamiento global es algo real y va a causar el derretimiento de algunos hielos. Claro que tenemos que tener en cuenta que, mientras el hielo en el Polo Norte está bajando, según las Naciones Unidas, en Groenlandia se está manteniendo y en la Antártida está aumentando porque el calentamiento genera mayor vapor de agua y este, a su vez, lleva a mayores precipitaciones. Sí, hay problemas medio ambientales, pero el verdadero punto es con qué deberíamos lidiar primero. Tenemos que mirar lo que podemos hacer y a qué precio. El problema es que los modelos climáticos muestran que podemos hacer muy poco respecto al calentamiento. Si todos los países, inclusive Estados Unidos, se acoplaran y cumplieran con el protocolo de Kyoto, de acá al 2100 lo único que se lograría sería posponer los efectos del cambio climático por un período de seis años. Además el costo de llevar adelante el protocolo de Kyoto sería, por lo menos, de 150.000 millones de dólares al año. Es una cifra que, según las Naciones Unidas, sería suficiente para resolver algunos de los mayores problemas de la humanidad como el acceso al agua potable, el saneamiento o un sistema de salud básico y la educación. Todo esto podría estar al alcance de cada uno de los habitantes del mundo. El calentamiento global va a afectar mayormente a los países en desarrollo porque tienen una menor capacidad para manejar sus efectos. De todas formas, para el 2100, incluso bajo los pronósticos más pesimistas, las Naciones Unidas esperan que las personas sean más ricas, incluso en los países en desarrollo. Antes de preocuparnos por hacer mucho para tener un pequeño impacto del calentamiento, deberíamos preocuparnos en gastar nuestro dinero en combatir el sida, la malaria o fomentar el libre comercio.

-¿Por qué cree usted que existe la percepción de que el mundo está ambientalmente tan mal?

-Porque las malas noticias venden.

-¿Usted cree que la teoría de la destrucción del mundo por parte del hombre es una buena fuente de dinero para algunas organizaciones?

-Puede ser, pero creo que la mayoría de las personas de las organizaciones ecologistas tratan de trabajar por un mundo mejor. Es genial tener a Greenpeace para decirnos cuáles son los problemas ahí afuera, pero tenemos que tener cuidado para no considerarlos la única fuente de nuestros conocimientos.

-¿Todavía se considera un ambientalista?

-Sí.

El caso de Lomborg es emblemático pero no es el único. Hay otros especialistas reconocidos que tampoco siguen el discurso verde y apocalíptico. Uno de ellos es Patrick Michaels, profesor de estudios ambientales en la Universidad de Virginia y científico adjunto en el Instituto Marshall en Washington. Fue presidente de la Asociación Americana de Climatólogos Estatales y presidente de programas en el Comité de Climatología Aplicada de la Sociedad Americana de Meteorología. Entrevistado por Qué Pasa, Michaels apoyó los conceptos que maneja Lomborg:

-¿Cómo evalúa el fenómeno del calentamiento?

-El calentamiento es un hecho. La temperatura de la superficie del planeta ha aumentado algo menos de un grado Celsius desde 1900. Hay dos períodos de calentamiento. El primero va desde 1910 hasta 1940 y el segundo desde 1976 hasta el presente. Entre medio de estos períodos hubo un proceso de enfriamiento. La causa del primer calentamiento fue el calentamiento del sol, mientras que la causa del segundo fueron los gases de efecto invernadero. La causa del enfriamiento entre 1940 y 1976 no se conoce.

-¿Cómo evalúa usted las acciones emprendidas por los movimientos ambientalistas?

-La política propuesta por la comunidad ecologista activa es muy contraproducente y, de hecho, no tendrá efectos detectables sobre la temperatura planetaria a lo largo de todo el siglo XXI. A modo de ejemplo, si todo el mundo cumpliera con el protocolo de Kyoto se prevendría un aumento de 0.07 grados Celsius cada 50 años lo cual es casi inmedible. Nos podremos acostumbrar a los cambios que están proyectados, incluso por las Naciones Unidas. Claro que si deseamos cumplir con el protocolo de Kyoto, sería necesario afrontar grandes costos en materia de impuestos y precio de la energía. Historias aterradoras como que el nivel del mar va a aumentar varios metros en el 2100, simplemente no tienen ningún sustento científico. Si se estudia el asunto cuidadosamente se verá que estas ideas no se sustentan en estándares científicos.

-¿Cómo evalúa la actuación de Estados Unidos en materia de cambio climático?

-Creo que la administración de George Bush reconoce la inutilidad de Kyoto y la necesidad de invertir en corporaciones eficientes y en tecnología. Esto no es muy popular entre la gente que no ha pensado mucho al respecto pero, en los hechos, es muy lógico. El problema ambiental más importante que tiene el mundo es la pobreza. Las sociedades pobres no pueden mantenerse limpias. Usan la energía ineficientemente y no pueden invertir en eso. Con una mirada al mundo, esto parece obvio.

Tierra caliente

D.R.

El dióxido de carbono se eleva a la atmósfera conformando una capa que evita que el calor salga de la tierra. Esto es lo que hace que la vida sea posible en el planeta. El problema es que, debido a las emisiones generadas por el hombre, la capa de dióxido de carbono se estaría haciendo cada vez más gruesa con lo cual la temperatura terrestre estaría aumentando notoriamente. Así se podría sintetizar el fenómeno al que se le llama calentamiento global.

Los ecologistas consideran que no es coincidencia que este aumento en la temperatura planetaria se haya iniciado luego de la revolución industrial. Durante años, Estados Unidos no aceptó al calentamiento global como a un hecho que para la mayor parte de la comunidad científica no representaba materia de discusión.

El presidente estadounidense George Bush, insatisfecho con los resultados de un informe científico acerca de calentamiento global presentado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, pidió a fines de 2001 un nuevo estudio a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. El nuevo informe no hizo más que confirmar las conclusiones del primer estudio.

El primer párrafo del informe dice que "los gases de efecto invernadero se están acumulando en la atmósfera terrestre como resultado de las actividades humanas, provocando el aumento de las temperaturas en el aire de la superficie terrestre y en las profundidades de los océanos. Las temperaturas están efectivamente aumentando". También señala que "los cambios observados a lo largo de las últimas décadas son principalmente consecuencia de las actividades del hombre, aunque no podemos excluir la posibilidad de que algunos cambios significativos se deban a variaciones naturales. El aumento del calentamiento inducido por el hombre y el consecuente aumento de los niveles de agua del mar se espera que continúen durante el siglo XXI".

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