EL DEBATE DE LAS CIFRAS

Qué hay detrás de la baja en los delitos: ¿cayeron por la pandemia o por el combate a los narcos?

Según informe del Ministerio del Interior, los delitos volvieron a bajar. Larrañaga lo explica por el combate al narcotráfico; en el FA hablan del impacto de la pandemia y dicen que hay que esperar.

Foto: Fernando Ponzetto / Archivo El País
Foto: Fernando Ponzetto / Archivo El País

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Luego de un año en el gobierno, el Ministerio del Interior difundió las cifras de los delitos de marzo en comparación con el primer mes de gestión del ministro Jorge Larrañaga al frente de la cartera. Los datos elaborados y difundidos por el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad dan cuenta de una reducción en todos los delitos: una baja del 41,7% en homicidios en marzo de 2021 respecto al mismo periodo del año pasado; 17,5% fue la baja en las denuncias de rapiñas; 12,6% en hurtos; 13,4% en violencia doméstica y 41,7% en abigeato. Ese día también difundieron las cifras del primer trimestre del año y, al igual que en otras instancias el año pasado, bajan todos los delitos.

Por otro lado, el índice de victimización construido de la encuestadora Cifra —en base a una encuesta realizada en febrero de 2021 y difundida en Telemundo— da cuenta de que el 23% de los hogares de todo el país fue víctima de algún asalto o ataque violento, lo que constituye un descenso de nueve puntos en el índice de victimización en el último año.

¿A qué responden estas cifras? ¿Cómo analizarlas en un contexto de pandemia? ¿Cuáles son los factores que pueden hacer que un delito baje?

El Ministerio del Interior insiste en el éxito de su gestión, mientras que otros actores suman variables a la ecuación: reducción de movilidad, contexto regional y predisposición de la gente a denunciar, entre otros. Pero sobre todo: ¿qué está sucediendo para que haya menos asesinatos, menos rapiñas, menos hurtos?

“Cambió el mando, la estrategia y la táctica de combate al crimen”, dice a El País el ministro Larrañaga. “Asumimos con lineamientos estratégicos claros, aplicando la ley y la autoridad, restableciendo el orden y el respeto como base de la convivencia ciudadana”, sostiene.“Además, dimos respaldo jurídico y material a la Policía”.

El ministro repasa los principales cambios en su gestión: el nuevo esquema de despliegue territorial “incrementando el patrullaje y descentralizando el Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO)”, cambios en la estructura de las Jefaturas de Montevideo y Canelones, implementación de operativos “de alto impacto con regularidad”, la reapertura de comisarías y subcomisarías y destacamentos en todo el país, la creación de la Dirección Nacional de Seguridad Rural “para dar una lucha directa contra el abigeato”, entre otros. El abigeato es el único delito que había subido durante todo el año pasado, pero ahora también bajaron las denuncias.

En el Ministerio del Interior señalan que el combate al narcotráfico fue decisivo para disminuir la cantidad de rapiñas y hurtos, “con directa conexión a la reducción de homicidios”. Y destacan la creación de las brigadas departamentales antidrogas en Montevideo y Canelones, para que la dirección nacional pudiera enfocarse en las investigaciones de las grandes organizaciones.

En ese sentido, Larrañaga es contundente: “El corazón de nuestra estrategia es la lucha contra el narcotráfico y el narcomenudeo para que bajen los delitos, porque la droga es una de las madres de los delitos”. A su vez, expertos en seguridad hacen hincapié en las señales que se ha dado a la Policía para que actúe con confianza y respaldo, desde la campaña electoral hasta el primer día de gobierno.

El experto en seguridad y consultor privado Edward Holfman, se remite a aquellas dos fotografías del 2 de marzo del año pasado: la del ministro Larrañaga con el director de la Policía Nacional y todos los jefes de Policía del interior, y la fotografía del ministerio con el presidente de la República. “Eso muestra un respaldo, no solo del ministro, sino del propio presidente”, expresa.

Desde 2012 Holfman sostiene que el éxito en el combate al delito “no era un tema presupuestal sino de gestión política-ideológica”, y dice que ahora el tiempo le dio la razón. “Con un gobierno nuevo no podés tener una caída tan grande si no cambiás la gestión de la seguridad pública. Con mismos recursos y presupuestos se logró una baja considerable en todos los delitos”, señala.

Pero más allá de todo, el experto en seguridad se detiene en esas señales que “devolvieron la confianza” a la Policía: dar independencia a los jefes en el interior, los artículos en la Ley de Urgente Consideración sobre el agravio al cuerpo policial y la presunta legítima defensa y hasta el “cambio de discurso en el que la víctima era responsable del robo o asalto porque estaba donde no debía estar”, ejemplifica.

Jorge Larrañaga en conferencia de prensa. Foto: Archivo El País
Jorge Larrañaga en conferencia de prensa. Foto: Archivo El País

¿Y la pandemia?

Con el fin de generar evidencia sobre los efectos de la pandemia en la seguridad ciudadana en América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizó un estudio que analiza datos de denuncias y capturas policiales en Colombia.

Los datos del estudio muestran que en el período del 20 de marzo al 17 de agosto de 2020 los homicidios diarios por municipio cayeron un 16% en promedio. “Esta caída fue especialmente aguda durante el primer mes y medio (de pandemia), cuando el número de homicidios diarios por municipio cayó alrededor del 40%”, dice el documento. Más adelante volvió a cifras anteriores, según el estudio.

A propósito, el senador frenteamplista Charles Carrera (exdirector general de Secretaría en la gestión de Eduardo Bonomi) sostiene que “los delitos han bajado en todo el mundo” en el contexto de la pandemia. “Las rapiñas y los hurtos han bajado, no solo en Uruguay. En el caso de los copamientos han aumentado, pero esta cifra las autoridades no la presentan”, asegura Carrera.

“Creo que es relativo afirmar que los delitos bajaron; se requiere de tiempo y perspectiva para arribar a una conclusión”, agrega.

En suma, para Carrera es demasiado pronto atribuir la baja de los delitos a la gestión del nuevo gobierno. “Para poder ponderar la gestión falta que el escenario —componente de relieve sustancial para comparar gestiones— se normalice, y allí se podrá ver si los delitos realmente bajaron”, sentencia.

Para el sociólogo Rafael Paternain, quien dirigió el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad durante parte de la administración Bonomi y renunció en 2010, molesto por la forma en que se medían las cifras, el factor pandemia no se puede obviar.

Paternain, dirigente del sector frenteamplista Casa Grande, es crítico con “el discurso lineal” de Larrañaga al adjudicar la baja de los delitos únicamente a la gestión. “Hay una relación entre pandemia, cambio de gobierno, contexto y evolución del delito que no es una relación lineal”, dice. Y asegura que la pandemia “tiene un impacto”: ya sea por efecto mismo de la pandemia que afecta a la movilidad y el efecto que puede tener sobre la gente al momento de ir a denunciar los delitos.

La caída en los homicidios es un dato “positivo”, dice el experto, pero para él es clave entender por qué se da esa caída. “Esa es una pregunta mayor porque también ha pasado en otros países. Qué pasa para que suceda de un momento a otro, sobre todo en pandemia; qué variables se tocan, cómo esta nueva dinámica social ha afectado los núcleos de la criminalidad organizada, cómo se han ido redistribuyendo mercado” son algunas de las preguntas que plantea Paternain y que considera clave estudiar para explicar esa cifra fría.

Por otro lado, Paternain alude a una “fábula” en torno a la manera en que el ministerio da a conocer los números. “El único actor en el debate público que ha sostenido una relación interpretativa lineal a partir de los datos ha sido el gobierno, que ha dicho que la baja de los delitos tiene como factor explicativo el éxito de la gestión. Yo creo que es ahí donde está la fábula”, dice el sociólogo frenteamplista.

En el sentido contrario, el ministro Larrañaga es determinante. Para él la linealidad no está en su discurso, sino en el de los otros. “Quienes afirman que la reducción de los delitos tiene fundamento en la pandemia simplifican el tema y, en mi concepto, trasladan una afirmación sin base científica ni sustento en la realidad”, afirma. “Pandemia hubo y hay en todo el mundo. Sin embargo, en algunos lugares los delitos bajaron y en otros subieron. Por tanto, no se podría establecer mecánicamente que la pandemia y la reducción de movilidad expliquen la reducción de los delitos”, asegura Larrañaga.

En el mismo sentido, Holfman expresa que “el delincuente no se encuarentena”, sino que en lugar de robar en la calle, roba en un comercio.
Por otro lado, el psicólogo y licenciado en seguridad Pública, Robert Parrado, menciona “un ejemplo clásico” del corrimiento del delincuente o la mutación del delito: la instalación de cámaras en Ciudad Vieja en “la era Bonomi”. Allí, dice Parrado  —que se desempeñaba como subcomisario en la seccional 1°— el arrebato era frecuente. Una vez que se instalaron las cámaras, el delincuente mutó.

“Se corre de lugar, por ahí pierde hasta experiencia del delito donde se había especializado y se va a otras zonas de Montevideo y empieza a mutar en la forma de acceder al objeto de la fechoría. Hay un corrimiento de delito; en este caso hacia Canelones y San José”, afirma el comisario mayor retirado.

Muertes.

Parrado expone que en la caída de números hay delitos más relevantes que otros para el análisis. Y pone el ejemplo de lo que él llama el “delito bisagra” entre los delitos “menores” (como el hurto, por ejemplo) y el más grave: el homicidio. “Si se reduce la rapiña —dice Parrado— casi que uno podría afirmar que va a haber menos posibilidad de que se concrete un homicidio”, dice.

“Cuando uno analiza homicidio tiene que ver las motivaciones, la forma en que se da. A su vez, las personas que realmente se enfrentan a la posibilidad de morir son las que enfrentan una rapiña”, señala. Al mismo tiempo, dice el experto, cuando hay una reducción en las rapiñas se evita “lo que queda barrido bajo la alfombra, lo que no sale en un informativo”. Esto es desde historias familiares y laborales “muy complicadas” hasta síndromes de estrés postraumático en las víctimas.

 Y, al entrar en la profundidad del análisis del homicidio, Parrado destaca dos modalidades frecuentes que los habilitan: ajuste de cuentas y violencia doméstica. En este último, el agresor está identificado. En cambio, en los homicidas vinculados al narcomenudeo y narcotráfico, se da un efecto de pacto de silencio “y cuesta mucho más aclararlos”, dice. “Por lo tanto, en la medida que esos homicidios no se aclaren, hay personas que están en condiciones de seguir matando”, concluye.

En ese sentido, Holfman opina que el espiral de quien sale de la cárcel y vuelve al delito “se ha venido combatiendo con buen resultado hasta ahora”. Pero también sostiene que este año “se movió más droga que en años anteriores”, y que Uruguay no ha dejado de ser un país de “acopio, tráfico y tránsito” hacia Europa y África.

Según la Oficina Antinarcóticos Francesa (Ofast), el confinamiento disparó el precio de la cocaína hasta 100 euros el gramo. A su vez, llevó a organizaciones criminales a cambiar su dinámica.

Holfman está atento a estas cifras y agrega que el precio del kilo de cocaína aumentó un 200% en Europa. “El negocio sigue en auge y se han abierto otras situaciones”, advierte. Entre ellas, delincuentes extranjeros que han transmitido “enseñanzas” de cómo hacer determinados robos. La incautación de un gomón en Ciudad de la Costa a fines del mes pasado es un ejemplo de una de estas enseñanzas importadas. “Eso no es de acá”, dice el experto. “Eso es de países como Colombia, que no cargan la droga en el puerto sino cuando (la embarcación) está saliendo del puerto. Ese el contacto que no debe haber entre delincuentes extranjeros y uruguayos”, sostiene.

Y además se pregunta qué va a pasar cuando la pandemia deje un tendal de desocupación y quienes ahora están presos recuperen la libertad: “¿Qué va a pasar cuando esa gente se quede sin trabajo? El gobierno tiene que reinsertar a los presos. Es uno de los debes. No solo rehabilitar, sino que salgan con trabajo”. Y concluye: “Ahí se corta el espiral delictivo”.

Siempre y cuando, claro, ese empleo sea lo suficientemente interesante como para no volver a lo anterior.

VIOLENCIA DOMÉSTICA

Mónica Bottero: "las mujeres están aguantando más"

La baja en la cifra del delito de violencia doméstica no es necesariamente un indicador positivo. Por el contrario, se tiende a creer que las mujeres, al estar en contacto permanente con sus agresores, están denunciando menos. Consultada al respecto, la directora del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) Mónica Bottero tiene algunas teorías sobre lo que puede haber detrás de esa cifra, que da cuenta de una baja de 2,92% en marzo de este año comparado con el mismo período del año pasado.

Lo que puede estar pasando, dice Bottero, es que la reducción de la circulación puede influir “al igual que en otros casos, en otros delitos”, porque en este delito suele pasar que “son exparejas que abordan a las mujeres en la calle o a la salida de su trabajo”, señala. Pero la teoría que más pesa es que las mujeres están “aguantando”. “Es un fenómeno crónico que sucede extendido en el tiempo. Un hecho de violencia doméstica, aunque sea grave como una fractura, son situaciones que se aguantan durante años”, dice la jerarca, “porque en general, esas mujeres no tienen una estrategia de salida para su vida”. Bottero alienta a que se utilicen los mecanismos como el 0800 4141 o el botón de pánico.

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