Genios trabajando

La búsqueda de la autoreparación de la médula espinal y el microhormigón perfecto para abaratar casas prefabricadas, son dos de las decenas de proyectos científicos que tienen el apoyo de la ANII.

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Eloísa Capurro

Cada año la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) ejecuta 25 millones de dólares en proyectos científicos. Son fondos que se van en investigaciones tan diversas que abarcan desde qué vertebrados existían en Uruguay durante el pleistoceno (2,59 millones de años atrás) hasta mejorar el diagnóstico de fibrosis quística. Desde descubrir cómo hacer posible la generación hidroeléctrica a pequeña escala hasta estudiar la incidencia del alcohol en embarazadas. Ambiciones grandes y proyectos concretos que componen el horizonte de la investigación científica en Uruguay.

"La generación de conocimiento y su aplicación, son parte de un mismo proceso. Uno no va separado de lo otro", dice Rodolfo Silveira, presidente de la ANII. "Es imposible que uno desarrolle el sistema científico-tecnológico y de innovación solo con productos aplicados y no apoyar el desarrollo científico".

En 2009 la agencia destinó 1,7 millones de dólares a 77 proyectos que obtuvieron uno de sus fondos, el Clemente Estable. Otros 1,3 millones de dólares se fueron en 65 proyectos de investigación aplicada a través del fondo María Viñas. Y 4,3 millones de dólares se gastaron en fondos sectoriales, dedicados a las áreas de energía, innovación agropecuaria y salud.

"Hay que apostar a la vinculación del sector tecnológico con el productivo para que la investigación científica se desarrolle adecuadamente", dice el jerarca. Así, algunas investigaciones pueden demorar años o décadas en llegar a resultados, y otras tienen una rápida salida al mercado empresarial.

prefabricar más barato. La investigación de Gemma Rodríguez, que recibió apoyo de la ANII, está cerca de alcanzar algo nuevo. Durante seis meses su equipo de siete investigadores analizó todas las arenas, cementos y aditivos disponibles en el país. La finalidad: encontrar la mezcla perfecta para crear un hormigón nuevo, que abarate el precio de las casas prefabricadas.

"La prefabricación en nuestro país es pesada y tiene problemas en su colocación y sus costos. Problemas que hacen que no sea muy aplicable", dice Rodríguez, docente de la Facultad de Ingeniería y de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República. La solución sería la creación de un microhormigón de alto desempeño, que hoy está en etapa de dosificación en el Instituto de la Construcción de la Facultad de Arquitectura.

"Esto haría la prefabricación más barata, más duradera y más liviana, más fácil de colocar", dice la docente. Los investigadores se pusieron en contacto con 17 empresas que comercializan material prefabricado en Uruguay. Y todas se han mostrado interesadas en participar de la investigación y, eventualmente, comercializar el producto.

Aunque para esto todavía falta. En julio se espera que se ingrese en la fase de prototipos, cuando se construirán paneles verticales, paneles horizontales y viguetas (los elementos que entran en mayor cantidad en las viviendas de interés social) con el microhormigón diseñado. Por ahora todo está en etapa de estudio de las cantidades de arena, cemento y aditivos que ese nuevo material tendrá. "Hay algunos materiales, cementos de algunas fábricas que son más eficientes para el micro hormigón, que otros. Lo mismo que las arenas", explica Rodríguez.

Una vez que se tenga la combinación perfecta, podrán elaborarse probetas con las cuales testear la resistencia y durabilidad que tendrá el nuevo material. "Si el hormigón de alto desempeño no se hace bien, se genera un problema de retracción autógena", dice la académica. "Son fisuras que primero van a ser microscópicas, pero en el tiempo van a ser más grandes y van a perjudicar la durabilidad".

Para estudiar esto, el apoyo que la ANII les brindó mediante el Fondo María Viñas, fue fundamental. El proyecto recibió 945.000 pesos (unos 47.000 dólares) en 2010 que les permitió comprar un equipo de retracción autógena, sin el cual no podrían iniciar el análisis del comportamiento que en el correr del tiempo puede tener el microhormigón. Fue uno de los 66 proyectos seleccionados.

Todavía no se sabe cuánto este nuevo material podría abaratar la construcción de viviendas prefabricadas de interés social. Eso se estudiará una vez que comiencen la etapa de elaborar los prototipos con el nuevo hormigón.

Pero, igual, el equipo ya está desarrollando nuevo conocimiento. En mayo participarán de un seminario en donde darán a conocer los resultados de la investigación exhaustiva que realizaron en cuanto a las características de las arenas, cementos y aditivos que existen en Uruguay. Algo que podría interesar a las empresas del rubro. "Allí les podremos decir qué arenas funcionan mejor con cuáles cementos, o que tengan cuidado con ciertos elementos", dice la investigadora.

reparar la médula. En el Instituto Clemente Estable, trabajan más a largo plazo. Allí Raúl Russo se sienta en su escritorio y está rodeado. En la pizarra, bosquejos de la médula espinal. Sobre la mesa, libros en inglés y español de la composición del sistema nervioso central. En los estantes, biblioratos llenos de información sobre tortugas y ratas. Es que desde hace por lo menos 6 años este especialista en neurofisiología celular y molecular se dedica a estudiar los posibles mecanismos de auto-reparación de la médula espinal en humanos. Él y otros ocho científicos buscan lo imposible: que se vuelva a caminar tras una parálisis.

"Salvo a nivel periférico, el sistema nervioso una vez que se daña es muy difícil de reparar", dice Russo. "No es como la piel o el hígado que tienen mecanismos de auto-reparación del tejido. El sistema nervioso de los mamíferos en general, y de los humanos en particular, ha perdido ese mecanismo".

Pero no es así en todos los animales. Las salamandras consiguen recuperar la movilidad de sus miembros inferiores una vez que su médula espinal sufre un traumatismo. Y lo mismo las tortugas de agua dulce, vertebrados de una familia cercana. El equipo de investigadores uruguayos ya comprobó que, 15 días después de realizar cortes en la médula espinal de las tortugas de agua dulce, algo comienza a cambiar.

"Se comienza a formar un puente. Los muñoncitos de la médula espinal son reconectados. Y esa es la gran diferencia de lo que ocurre con los mamíferos, donde se forma una cicatriz que impide la reconexión", dice Russo. Igual, recién dos o tres meses después las tortugas empiezan a mover de forma coordinada los miembros posteriores. Más lento de lo que solían, pero vuelven a caminar.

La tesis fundamental del equipo de investigación es que reptiles, vertebrados inferiores y mamíferos compartimos algo del canal central de la médula espinal, allí donde se origina el sistema nervioso. Algo que se ha mantenido desde la evolución. Así, nosotros también tendríamos esa capacidad de auto-reparación de salamandras y tortugas, pero en forma parcial.

"El canal central de la médula espinal es el remanente que queda de la formación del sistema nervioso. Tanto en vertebrados inferiores como reptiles y tortugas. Para las ratas y para las personas. Creemos que la clave estaría en las células que tapizan ese canal, que podrían mantener características de esas células madre neural primitivas que uno tiene en el desarrollo", dice el neurólogo.

Hoy el equipo, que incluye estudiantes de doctorado y de maestría, se encuentra estudiando el canal central de la médula espinal de las tortugas. Y ha comenzado a analizar cómo está formado en ratas, el paso previo a llegar a los humanos algo que, dicen, podría llevar décadas.

Este es uno de los cientos de equipos en el mundo que analiza diferentes formas de lograr la reconstrucción de la médula espinal. Y es uno de los 77 proyectos al que la ANII otorgó el fondo Clemente Estable. Fueron unos 45.000 dólares sin los que nada hubiera sido posible.

"El monto global del proyecto no es muy grande y nosotros accedimos a los montos más grandes. Pero es vital. Si no tuviéramos este financiamiento tendríamos que dejar de trabajar o limitar muchísimo lo que hacemos", dice Russo.

La investigación recibe, además, fondos del Pedeciba y del National Institute of Health de Estados Unidos. Con eso han conseguido entre 80 y 90 mil dólares anuales para comprar tecnología e insumos necesarios, pero imposibles de acceder sin apoyo económico.

"Compramos equipos de tecnologías que teníamos, pero ya estaban obsoletas. Así mejoramos la capacidad de nuestro laboratorio. Pero hay un gran insumo que son los reactivos, que son caros. Un anticuerpo cuesta 300 o 400 dólares, a precio de lista. Tenemos que importarlo y eso encarece. Un único anticuerpo nos termina costando 1.000 dólares".

A partir de la creación de la ANII, la inversión del país en ciencia y tecnología se incrementó un 400%, según cifras oficiales. Para que equipos como el de Rodríguez o Russo puedan seguir investigando en cómo cambiar la forma en la que vivimos, ya sea hoy o mañana.

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millones de dólares fueron a la ANII durante el período 2008-2012. Hay fondos internacionales.

2012

será cuando se cerrará una nueva convocatoria a proyectos de investigación. En marzo.

Prever y tener más equipos

Un destino común de los fondos que los equipos científicos reciben por parte de la ANII es la compra de equipos. "En algunos sectores se está haciendo un relevamiento para ver cuál es el estado del arte que hay, por ejemplo, en biotecnología para ver si es necesario hacer una inversión en eso, o un uso más racional", dice Rodolfo Silveira, presidente de la Agencia.

Otro de los objetivos en los que está trabajando la agencia, es la previsión de para dónde necesita ir la investigación científica en Uruguay. Una gerencia de futuro, como le dicen. "Es hacer un buen análisis de prospectiva. Saber dónde va a estar ubicada en 10 años. Cómo vemos la inocuidad alimentaria, en un país productor de alimentos, por ejemplo. Saber qué exigencias tendremos", dice Silveira.

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