Escuela piloto

| En Nueva York, la escuela de la ONU tiene alumnos de 122 países, entre ellos, dos uruguayas que disfrutan de un método de educación único.

Cosmopolita. Una moña uruguaya en la escuela más internacional del mundo. 400x236
Cosmopolita. Una moña uruguaya en la escuela más internacional del mundo.

El recuerdo es imborrable. Pasaron más de 30 años y todavía puedo acordarme perfectamente del nombre de mi compañero de clase y su país de origen. Es lógico: él era el único extranjero.

En Nueva York, ciudad cosmopolita por excelencia, las cosas son un tanto distintas. Y en la Escuela Internacional de las Naciones Unidas (UNIS), aún más diferentes. Niños y jóvenes de todos los rincones del planeta conviven a diario intercambiando costumbres, idiomas y creencias. Lo hacen en forma armoniosa y con una total naturalidad.

Este año la escuela festeja su 60° aniversario. Fue creada por funcionarios de las Naciones Unidas para tener un lugar donde mandar a sus hijos. Debía ser una escuela en que los niños de los diferentes países pudieran escolarizarse en inglés pero manteniendo su lengua y sus costumbres, y donde además se transmitieran los valores fundamentales de las Naciones Unidas y se fueran educando generaciones de alumnos comprometidos con la paz.

Por eso, es importante y se celebra como corresponde el Día Internacional de la Paz. Un grupo de alumnos de entre 10 y 13 años se dirige a las Naciones Unidas a participar en una serie de charlas. Algunos visten sus trajes tradicionales. Sanjana es de la India, tiene puesto un vestido típico y posa graciosamente para la foto junto a Anastasia, que es uruguaya pero que esta vez optó por lucir un chipao chino. Es difícil adivinar los países representados en las vestimentas, pero todos los continentes están cubiertos.

Hay kimonos, un gaucho argentino y Tariro, que acompañó su traje típico sudafricano con el correspondiente maquillaje tribal. Todos están contentos ante la inminente salida, y ansiosos porque al volver a la escuela van a conocer el resultado de las audiciones que estuvieron realizando para la obra musical que van a representar. Los seleccionados ensayarán durante cuatro meses, entre una y cuatro veces por semana, para terminar ofreciendo cinco funciones. Puede parecer obsesivo pero el año pasado representaron Los piratas de Penzance y el nivel fue tan alto que sería la envidia de cualquier grupo teatral profesional. Este año apostaron por Annie y no se sabe cómo solucionarán el hecho de que tenga que actuar un perro como Sandy, la mascota de la huerfanita, pero nadie duda que lo van a hacer.

Las clases para chicos entre cinco y 10 años conforman la llamada escuela primaria (junior school). Lo primero que sorprende es que las aulas no tienen puertas. Conforman un espacio común en el que el centro lo ocupa la biblioteca. Dos maestras uruguayas ya jubiladas que recorrieron el lugar no podían con su sorpresa. No sólo por la imagen de integración que esto proporcionaba, sino también por el silencio y la calma reinante. No se escuchan gritos ni se ven corridas ni empujones. Le pregunto a un niño qué sucede cuando surge algún inconveniente entre ellos. Me contesta con palabras como mesa de la paz y mediador. El niño no tiene más de ocho años.

Es el mediodía y los alumnos se disponen a almorzar. Muchos traen la comida de sus casas. Sushi, samosas, kebabs, sándwiches de manteca de maní con banana, tortilla española, la variedad sorprende.

Las clases son en inglés, y como muchos de los niños llegan a la escuela sin conocer el idioma, hay clases especiales pensadas para ellos; los demás pueden optar por clases de español o francés. Después, en séptimo año, eligen un tercer idioma. Es frecuente ver a niños cambiando de idioma dependiendo de a quién se dirijan. En este momento hay entre los alumnos 122 nacionalidades representadas y se hablan 92 idiomas. Con excepción de 1995, Uruguay siempre tuvo estudiantes que lo representaran. Este año son solamente dos niñas, pero hubo momentos en los que el número de estudiantes uruguayos escaló a cinco.

Chloe tiene siete años y nació en Estados Unidos, el papá es suizo y la mamá austríaca y con ellos habla en francés, pero cuando le hablo en español me entiende perfectamente, pero con su mejor amiga, Nina, que es uruguaya, se comunican en inglés. Les pregunto por las diferencias y no me entienden a qué me refiero. Les pregunto entonces cuáles son las cosas de la escuela que no les gusta. Nina me dice que extraña a Luis y a Aimee que hace poco volvieron a sus casas, en España y Groenlandia, respectivamente. Se mira con Chloe y muy correctamente me dicen que las disculpe que tienen algo importante que atender. Se van en dirección al patio de recreo.

Insisto en eso de las diferencias, esta vez con un niño de 11 años. Me lo explica muy fácilmente: todos somos iguales porque todos somos distintos.

Estas diferencias se viven con total naturalidad dentro de la escuela, pero resultan intrigantes fuera de ella. Una maestra contaba que su hijo, que es ex alumno de UNIS, al terminar la escuela había concurrido a una muy prestigiosa universidad de la que había egresado con excelentes calificaciones, pero que a la hora de tener las entrevistas laborales todas las preguntas se volcaban exclusivamente sobre sus experiencias en UNIS.

Una de las tantas características es la existencia de esas "mesas de la paz". Cada salón tiene una mesa en que se hablan de los problemas interpersonales. Por ejemplo, si uno hace algo que molesta al de al lado, los involucrados, o un tercero, o bien la maestra, invitan a las partes a discutir sobre el problema en la mesa de la paz. Las reglas son pocas: se está obligado a aceptar la invitación y no se pueden utilizar oraciones que empiecen con la palabra "tú", por ejemplo "tú me pegaste". En su lugar, se induce al niño a expresar sus emociones y decir, por ejemplo "No me gusta cuando me pegas".

Una simple mesa. Tal vez para los problemas mundiales no sea tan sencillo, pero en este colegio neoyorquino funciona.

Muchas veces se dice que la escuela es el reflejo del mundo, pero hay veces que sería mucho mejor que fuese a la inversa.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar