En Inglaterra discuten reglas para suicidio asistido

La justicia falla según pautas; nuevas reglas son benévolas con los cómplices

Terry Pratchett, un autor de best-sellers, lo quiere hacer sentado en su césped, escuchando el trabajo coral de Thomas Tallis y con un brandy en una mano. Está en estado terminal: padece Alzheimer, que le está destruyendo el cerebro. Quiere poder elegir las circunstancias de su muerte. Y como está débil, necesitarán ayuda para terminar con su vida. El suicidio asistido es ilegal en Inglaterra y Gales. La ley requiere que el director de procesos públicos, Keir Starmer, use su criterio para decidir qué casos deben ir a juicio y cuáles no. Las pautas de Starmer parecen claras. El énfasis está en las intenciones de la persona que los "ayuda" a matarse. Si el sujeto puede redactar un informe explicando su voluntad de morir y quien lo auxiliará argumenta compasión, la interposición de un acción judicial no parece indicada. Los asesinatos u homicidios sin premeditación no están en el ámbito de las pautas de Starmer. Y como en Suiza, las reglas corren para todos. Cuando el sufrimiento no puede ser aliviado, el afligido puede no reparar en que su enfermedad es fatal.

Morir en Dignidad, un grupo de presión, quiere una nueva legislación para que el suicidio asistido sea más sencillo. El primer ministro Gordon Brown argumentó contra la idea diciendo que las mejoras en los cuidados, así como las nuevas pautas contradecían esos intereses. Nick Cartwright, un abogado académico, dijo que el estatus legal de las pautas (de Starmer) debe ser revisado, a través de legislación sobre derechos humanos. El texto es el último capítulo de una batalla legal que comenzó en 2001 cuando Diane Pretty, que sufría una enfermedad neuronal motora, pidió sin éxito que su marido no fuera juzgado si la ayudaba a morir. Fue una ley de los Lords de 2009 en favor de Debbie Purdy (multiesclerosis), quien pidió inmunidad para su marido, que llevó a Starmer a repensar las reglas. Los nuevos lineamientos llegaron tarde para Pretty, pero muchos otros podrán terminar sus días como lo desean. (The economist)

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