El país más pobre del mundo

| La ayuda que los países ricos envían a África no sirve para evitar que miles y miles mueran de hambre. Lejos de ayudar, a veces agrava el problema.

Nicholas D. Kristof, The New York Times

Bienvenidos al país más miserable del mundo. Níger está en el último lugar entre 177 naciones calificadas en el reciente Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, debido a sus descorazonadoras tasas de pobreza, analfabetismo y mortandad. Durante un recorrido de 1.045 kilómetros a lo largo del país, desde la capital Niamey hasta la ciudad oriental de Goure, me detuve en aldea tras aldea. En ellas los campesinos hablaban de niños que habían muerto de inanición en los últimos meses. Un hombre llamado Haroun Mani acababa de sepultar a tres de sus ocho hijos.

"Ellos no tenían suficiente comida, y después les dio diarrea, se debilitaron y terminaron muertos", explicó. Ninguno había visto al médico. En Níger, hay un médico por cada 33.000 personas.

Cierto, resulta difícil para los lectores occidentales que están a dieta comprender a personas que mueren de hambre. Sin embargo, Níger al parecer es un buen lugar para ponderar los fracasos de un sistema de ayuda internacional que a menudo es irracional y de una incompetencia catastrófica, y que origina las muertes de esos niños — Suraj, de 5 años, Barida, de 3, y Hawau, de 2— junto con millones más a lo largo del continente.

Uno de los errores cruciales es la negativa de Estados Unidos a suministrar considerable ayuda agrícola para incrementar la producción de alimento en África. En su lugar, embarcamos toneladas de comida después de que la gente ya empezó a morir.

En Níger ha sido claro desde el comienzo de este año que se aproximaba una crisis alimentaria, pero el mundo ignoró una petición de emergencia que hizo en febrero la ONU para la entrega de tres millones de dólares en ayuda. Después, en julio, la BBC mostró desgarradoras imágenes de niños muriendo. Níger recibió más ayuda en los últimos diez días de julio de la que había recibido en los ocho meses previos.

De hecho, la situación es más compleja de lo que sugieren las imágenes por televisión. La realidad es que la gente en Níger siempre está muriendo de inanición.

"Hubo una crisis el año pasado, y se producirá otra el año entrante", aseguró Claude Dunn, quien administra el Programa Mundial de Alimento en Maradi. La crisis de este año fue muy mala, pero cada año, 160.000 niños menores de 5 años mueren en Níger; uno de cada cuatro niños no alcanza esa edad. En otras palabras, cada semana, este pequeño país enfrenta una cifra de muertes como la de los atentados del 11 de Setiembre, aunque compuesta enteramente por niños muertos. Y nadie declara: todos somos nigerinos.

Uno de los problemas es que la ley estadounidense generalmente requiere que la ayuda en comida sea adquirida en mercados estadounidenses y transportada en embarcaciones estadounidenses. El resultado final es que buena parte de la donación se desperdicia en costos de embarque, la ayuda se demora, y cuando finalmente llega, nuestro grano corre el riesgo de ocasionar una depresión en los precios locales y de los incentivos de producción en el largo plazo. El presidente George W. Bush ha pugnado por aligerar este requisito, pero algunos legisladores lo están obstruyendo: ellos valoran más los votos de los agricultores que las vidas africanas.

Por encima de todo, necesitamos de una nueva e importante iniciativa internacional para extender la Revolución Verde al África. Los agricultores del África tropical obtienen apenas 660 kilos de grano de cereal por cada acre, esto es, casi media hectárea, en comparación con los 2.156 que obtiene China. Pedro Sánchez, experto agrícola en la Universidad de Columbia, ha estimado que los africanos podrían triplicar la producción de alimento si usaran semillas y métodos modernos.

En la aldea de Angaual Goge Haouna, donde siete niños murieron de inanición en los últimos meses, pobladores dijeron que, sobre todo, querían más fertilizante, mejores semillas y ayuda para usar un lago cercano para regar los cultivos.

"Yo no sólo estoy usando las mismas técnicas que usó mi abuelo, sino que, de hecho, uso los mismos implementos", dijo Momon Bukhary, de 63 años. "Y esta tierra solía ser mucho más productiva de lo que es hoy. Cuando yo era joven, la cosecha anual duraba todo un año. Ahora, sólo dura tres meses y después nos quedamos sin comida".

Una de las principales razones para que esto ocurra es que se han agotado los nutrientes del suelo. Pero, en el África subsahariana, los agricultores aplican en promedio nueve kilos de fertilizante por cada hectárea, comparado con los 206 que se emplean en países industrializados.

En el negocio de las noticias, nosotros no publicamos titulares del tipo de "millones de niños mueren en África", ya que esa no es la noticia. Es el telón de fondo.

No obstante, realidades como esa deberían inspirar nuestras prioridades. Estados Unidos ni siquiera está usando su ayuda en dinero de manera inteligente. A menos que el mundo ayude a lanzar una Revolución Verde en África, vamos a regresar a Níger año tras año, y cada aldea estará rodeada de más tumbas diminutas.

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