El país de los que no quieren

Hemos dado pruebas de madurez política poniendo como presidente a quien alguna vez atacó al sistema democrático liberal. Hemos, también, comenzado a demostrar cierta independencia a la hora de poner el voto en la urna, como bien supo el Frente Amplio en las municipales. Lo que no hemos logrado es aprender a resignar derechos que sólo parecen naturales. "Los reclamos son infinitos", dijo José Mujica cuando asumió. Lo dijo como quien constata un hecho irrefutable, algo que permanecerá inalterado por los tiempos de los tiempos. No queremos resignar feriados. No queremos resolver de una vez por todas la guerra de las patentes. No queremos pensar una división administrativa más racional y práctica del país, una que no nos obligue a aunar 19 voluntades distintas. No queremos replantearnos las relaciones laborales, donde unos piden siempre y otros niegan siempre. Tal vez, algunos de los orígenes de nuestros más perdurables problemas estén en esa incapacidad de resignación y voluntad de compromiso.

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