El lugar político reservado a los jóvenes

En un país donde el presidente es un septuagenario -y en el que el probable candidato oficialista va a tener 75 para las próximas elecciones- está bravo tener 30, ser diputado y tener vocación política. Por lo menos, parecería indispensable cultivar esa virtud que tantas veces asociamos a las culturas orientales, justo nosotros: la paciencia. Para la nota central de este suplemento se reunió a ocho diputados que eran preescolares cuando volvió la democracia. Sus visiones y expectativas son tan heterogéneas como los sectores políticos y estratos sociales que representan. Pero parece saludable que entre 99 diputados haya al menos ocho con algo más por delante que la jubilación. Un retiro que para buena parte de la clase política es tan cuantioso que pasa a ser una meta en sí misma. Es un lugar común sostener, con tono apesadumbrado, que somos un país envejecido. Y aunque la juventud no es garantía de otra cosa que vigor e ímpetu, no estaría nada mal que algunos resortes de poder en el país aporten lo que pueden para que ese cliché se jubile.

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