La cuestión. ¿Cuál fue la principal razón del derrumbe de la Unión Soviética y del fin del socialismo real?
La respuesta / Goodbye Mr. Socialism
"El viejo modelo redistributivo se ha visto apartado definitivamente de los flujos de la historia", se afirma en la contratapa de este libro (Editorial Paidós, serie "Estado y Sociedad", $ 715). Para encontrar caminos que posibiliten futuras corrientes de pensamiento y acción que sean alternativas viables al capitalismo es que Antonio Negri, influyente pensador italiano, accedió a responder una serie de preguntas. Las respuestas de Negri constituyen lo medular de esta reflexión sobre el reciclaje ideológico y político que la izquierda debería asumir, según él, luego del fin de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín.
En mi opinión, la Unión Soviética cayó por dos razones. Hablemos ahora de la primera. El Occidente capitalista desarrolló, desde 1917, una estrategia de cerco militar y de comprensión continua de los recursos que la Unión Soviética poseía para crecer y defenderse: bloqueo comercial, guerra, exclusión de los mercados, dificultades en los aprovisionamientos, asedio cultural desde el principio.
La primera fase de construcción del socialismo, desarrollada hasta la primera elaboración de los planes quinquenales, esto es, hasta la segunda mitad de la década de 1920, estuvo marcada por el asedio militar. Y la Revolución soviética tuvo que oponer, por otra parte como toda revolución -porque no existe demasiada diferencia entre lo que sucedió en Rusia y el primer período de la Revolución francesa-, una defensa exasperada para su propia supervivencia.
En la segunda fase, a partir de grandes niveles de retraso, se produjo un intento de acumulación muy costoso, fuerte, inhumano a veces. El "hombre de mármol", en definitiva. Esta medida ni siquiera llegamos a percibirla; tan veloz y acelerado fue el proceso.
Hoy sólo podemos abordar la primera fase de la construcción del socialismo remontándonos a los tiempos de la acumulación originaria en Inglaterra o a la experiencia histórica de determinados países coloniales, donde la acumulación originaria se produjo gracias a la esclavitud. Pero la aceleración del proceso de los soviet determina su figura heroica y establece una desproporción absoluta en comparación con cualquier otra experiencia. Después vino la tercera fase, el gran período de la guerra.
Yo no me cuento, ciertamente, entre quienes se escandalizan por las alianzas de Stalin con los nazis. Más bien me ha parecido siempre un gran elemento de lucidez estratégica, sobre todo si pensamos en la ambigüedad de los países occidentales frente a la Unión Soviética y los países que la rodeaban. Estonia, Letonia y Lituania eran países muy fascistizados, en los que la persecución de judíos y comunistas fue continua. Son cuestiones de las que se prefiere no hablar, pero son hechos monstruosos que sucedieron en realidad. Y qué decir de Polonia, donde la masacre de los judíos pasó totalmente desapercibida debido a una complicidad popular que incluía al mismo antifascismo. Para darnos cuenta de ello basta con ver Shoah, la película de Lanzmann.
Por el contrario, el intento de acusar a la Unión Soviética de actitudes antisemitas, aunque en momentos no siempre decisivos pero importantes de su historia, es del todo absurdo. Igualmente para llevar las cosas a su justa óptica histórica, el antisemitismo estadounidense ha sido un fenómeno social infinitamente más arraigado y profundo, y sin embargo éstas son cosas que la historia y el futuro terminarán, desgraciadamente, por planteárnoslas de nuevo.
Para volver a lo nuestro y, por lo tanto, a la guerra, ése es el momento en que los soviéticos construyeron la "gran unidad nacional" que logra derrotar al enemigo nazi. Son los soviéticos los que derrotaron a los nazis y éste es un dato sumamente importante.
¿Qué tiene que ver el socialismo con esto? No lo sé, pero con toda seguridad está relacionado con ello, porque dirige nuestra atención hacia aquel gran desequilibrio interno, producto de la tensión popular en la construcción de un país socialista, enfrentada a la dificultad o, mejor dicho, a la incapacidad de eliminar determinados umbrales de acumulación, en el contexto de la unidad nacional del período bélico. Pero todo esto, aunque importante, no es evidentemente decisivo. Dentro de los desequilibrios de la acumulación socialista se encuentra también la incapacidad de mantener el nivel de los consumos en el mismo terreno en el que se fomenta el nivel de la producción: el stajanovismo, ideológicamente homogéneo al consumismo, no logra equilibrar la ecuación. De ello deriva un desarrollo desequilibrado: por un lado tecnologías muy avanzadas, la atómica y espacial, por ejemplo, que se convierten en elementos de proyecto y, por otro, una desigualdad social interna tan profunda como padecida y, sobre todo, una falta de libertad que este mismo desarrollo desequilibrado acentúa.
Pensar al imperio
Aunque haya publicado más de quince títulos -y haya sido acusado de ser el autor intelectual del asesinato del ex Primer Ministro italiano AldoMoro- Negri adquirió renombre en el mundillo intelectual con la edición de Imperio, un polémico libro escrito a junto a Toni Hardt.