¿QUIÉN ES DON CONY?

La voz del Marconi

Está a punto de lanzar otra canción en la que va a rapear lo que pasa en el Marconi: lo bueno y lo malo. También se estrenará un documental del que es protagonista. Mientras cuenta los días para volver a estar en los medios, busca un trabajo.

Don Cony, el rapero que le canta a un barrio rojo. Foto: Francisco Flores.

En 2012 las cámaras entraban al Marconi para seguirle los pasos a los megaoperativos. Pero a mitad de año empezaron a llegar para conocer a Aníbal González, el rapero que había grabado en la usina cultural de Casavalle un rap diciendo que mientras todos se querían ir del barrio, él se quería quedar. Yo soy Marconi, le puso al rap. Don Cony, se hizo llamar él. "Salgamos de la queja habitual para pensar sobre lo que estamos viviendo y buscar el camino de esperanza que todos nos merecemos", les cantó a sus vecinos. Algunos de ellos protagonizaron el videoclip que va por 195.720 visualizaciones y sigue sumando.

"Quería desahogar lo que sentía por dentro. Alguien tenía que decir algo, porque la Policía entraba con mucha violencia y la prensa nos mostraba siempre como el lugar de las malas noticias. Se me ocurrió a mí escribir esa canción que se puede decir que defiende al barrio. Quería sacarle un poco la estigmatización que tenía, explicando que no somos 100 % criminales", dice.

Y como el Marconi vende, Don Cony se hizo de un nombre y una fama que a veces le cortan las palabras. Cada vez que alguien muere de forma violenta allí, los programas de televisión lo llaman para hablar del barrio que vive con el karma de ser la más roja de las zonas conflictivas de la capital. Le preguntan si hay enfrentamientos entre bandas de narcos, si hay gente buena rehén de este conflicto, cómo es la relación con la Policía, si alguna vez le han dicho algo sobre la exposición que trajo a las calles en las que nadie quiere caminar.

"Eso me molesta mucho. A mí no me incumbe hablar del barrio porque hay cosas internas que ni yo las sé. Quieren averiguar qué pasa y que hable Don Cony. Si la prensa es la que sabe, es la que asegura que hay bandas, ¿por qué me preguntan a mí?", plantea.

—¿Y entonces por qué seguís yendo?

—Porque yo quiero hablar de mi música, pero siempre termino hablando del barrio.

—¿Te convirtieron en un vocero?

—Vocero es una palabra que pesa mucho y no quiero que me señalen así. Soy simplemente alguien que pone su granito de arena para que el ambiente mejore.

Siempre en el marco de una crónica roja, cuando le llegan los cinco minutos de fama, Don Cony se queda con la amarga sensación de que habló más del barrio y habló menos de su vocación.

Más allá.

"Vos venís con la cámara y te llevo por el barrio y está todo muy lindo. Vos te volvés contenta con la entrevista y el que se queda acá soy yo. ¿Y a mí quién me asegura que no voy a sufrir una represalia por dejarte entrar?", dispara.

En la esquina de Gregorio Pérez e Itacurú algunos jóvenes bajan la cabeza cuando perciben que están siendo filmados. A eso se refiere Don Cony cuando explica que la exposición no es algo que disfruten en su barrio. Allí está Carlos Suárez, el "Tío Dei", el primero que escuchó Yo soy Marconi y se emocionó. "Me encantó porque los periodistas vienen y comentan lo que ven pero no se internan".

—¿Qué es lo que no podemos ver?

—Que acá hay muchísimo músico, muchísimo estudiante que está por recibirse. A veces acá hay cosas que dicen que pasan y no pasan. Y a veces hay astutos que vienen en las épocas que sirven para preguntar qué podrían arreglar, vos entendés lo que estoy diciendo, ¿verdad? Bueno, el Cony es el que cuenta lo que pasa sin intereses.

"Tío Dei" pide que se incluya en este artículo un par de ideas que tiene para mejorar el barrio: canchas de fútbol, canchas de básquetbol, que se armen campeonatos barriales y que se hagan concursos musicales en los centros zonales. Y, antes de despedirse, regala un dato: "A Cony siempre lo veías en su mundo, como observando todo, estaba en un viaje. Cuando escuché sus canciones me di cuenta de que por eso estaba mirando".

Cuando Yo soy Marconi se convirtió en un éxito y llegó a las 100.000 visualizaciones, a Don Cony lo premió el Ministerio de Educación y Cultura. Le dieron un diploma que él guardó en su mochila y así lo entró al barrio. Llegó a su casa, abrazó a su madre y se lo obsequió. Ahora lo luce colgado en una pared del living.

Unos meses después, el Ministerio de Desarrollo Social lo contrató para que hiciera una publicidad para el programa Jóvenes en red. Una parte del texto la escribió él, la otra se la dictaron. Dijo: "Lo que se tiene en la mente se tiene en la mano. Ahora hay muchas oportunidades. Todos tenemos una oportunidad y yo elegí esta. La música es mi camino".

—¿Seguís pensando que tuviste una oportunidad?

—Pienso que esa oportunidad me la busqué yo. Y que la aproveché. Lo que pasa es que no tengo tiempo para dedicarme de lleno a la música porque tengo que alimentar a mi familia, y si yo hago música es para venderla y necesito que me paguen.

Don Cony empezó a trabajar en la adolescencia. Nunca ingresó al liceo. Fue ayudante de panadero, obrero, cargó y descargó contenedores en el puerto, hizo tareas de mantenimiento en el Hospital Maciel y en un complejo de viviendas de Buceo. Cuatro meses atrás lo despidieron de su último trabajo, según él, por reclamar el pago de la antigüedad laboral. Jamás ganó un sueldo superior a $ 22.000.

Las dos veces que cobró por un show fue cuando lo contrató un comité del Frente Amplio. Una vez cantó en la Unión y la otra en Carrasco. Un tiempo después, en otras de sus canciones, escribió: "Soy figura pública y acepto críticas, pero ninguno de ustedes va a mezclar mi música con la política". Don Cony dice que ese verso es para los que lo acusaron de criticar al gobierno que votó.

"Todas mis canciones son de desahogo. Siempre quiero estar diciendo algo del barrio por la lucha que da la gente: hay que meterse muy adentro para saber lo que es estar acá", aclara. Algo de eso se va a ver en el documental Los olvidados (dirigido por Agustín Flores), que protagonizan él y su hermano Kitty, también cantante. El estreno es el 3 de mayo.

Para esa fecha esperan haber sacado juntos un nuevo tema al que ya titularon El barrio está en guerra. Adelanta que van a cantar sobre los niños que son rehenes de la violencia y quedan en medio de las balas. Como le pasó a su primo, asesinado frente a sus ojos, en medio de un tiroteo en 2001, cuando estaba toda la familia viendo un partido de fútbol en una cancha de Piedras Blancas.

—Estoy nervioso porque va a volver todo el ruido de nuevo —dice Don Cony.

—¿Pensaste en decir algo distinto?

—No, porque ya sé que me van a preguntar siempre lo mismo. Siempre del barrio, porque soy de Marconi y la gente quiere que le cuente cómo se vive en un barrio bajo, y yo voy a sentirme presionado para contestar.

¿Nuevo Padre Cacho?

Don Cony deja salir esta molestia que lleva atravesada en la garganta desde que lo invitan a los programas de televisión, mientras está sentado sobre uno de los brazos del puente que acaba de ser inaugurado, y que permite la circulación entre Las Acacias y el Marconi. Un puente con el pavimento todavía reluciente, por el que pasan adolescentes y niños que entran y salen del barrio.

La mayoría de ellos llevan mochilas. Antes de seguir camino al liceo y a la escuela se detienen a saludar a este cantante, la celebridad del "bajo mundo", "su sicario lirical", según se presenta en su último tema Volvió Don Cony.

Los vecinos cruzan el puente y dejan detrás un paisaje de agua sucia llena de bolsas de basura. "Mirá cómo está esto", lanza. Le pido que camine por una de las calles sin pavimentar hasta entrar al barrio. Don Cony duda, pero termina aceptando con amabilidad, como siempre que dialoga con periodistas. Ingresa por el pasaje principal y apenas pone un pie el ambiente se convierte en una fiesta.

Se le acerca una señora que le grita "¡Chato!" y se le cuelga del cuello. Chato es el primer apodo que le pusieron los vecinos: le contaron que fue porque de bebé "estaba chato de tan gordo que era". La que lo abraza es María Isabel Sosa. La "Negra" se anticipa a la pregunta y dice: "Él nunca se juntó con la plaga del barrio". Cuenta que es uno de los mejores amigos de su hijo, que está preso. "El Chato era amigo de todos los de acá, pero él nunca caminó torcido", insiste.

En el Marconi parecen estar acostumbrados a las visitas de extraños. Y si los extraños son de la prensa aprovechan la posibilidad para reclamar promesas olvidadas o hacer pedidos de ayuda. La "Negra" me habla de Don Cony mientras conduce la charla hacia su casa. Quiere mostrar a cámara las tapas de las fosas sépticas que llevan rotas más de cinco meses, debido a las raíces de los árboles. Las materias fecales de sus vecinos están a la vista y por esos huecos pasan ratas. "Decime vos cómo puedo yo vivir así", dice. "A mí ya vinieron a filmarme. Vino mi médica, vino la intendencia y me filmaron el brazo porque me mordió una rata. La encontré en la cama. Yo me quedé quietita pero me largó un tarascón. Ya llevo demasiados meses esperando a que alguien me ayude, porque yo no tengo plata para cambiar los caños", plantea.

Se despide y antes de darse la vuelta suelta: "Yo ya sabía que el Chato iba a ser artista porque viene de una familia de cantantes. Su familia eran integrantes del Grupo Latino. Pero acá lo que sirve es el tambor, ya se lo dije a él. Acá tocan un tambor y todo esto se llena, todas las señoras bailamos".

A tres casas de distancia, Don Cony conversa con una de sus tías, Graciela Martínez. Unas semanas atrás, unos estudiantes de audiovisual de la zona la entrevistaron y, sin avisarle para qué era, proyectaron esa charla en un evento político. Graciela habló de cómo era el Marconi cuando era niña y jugaba en sus calles, y cómo es ahora, mucho más violento y peligroso para los más chicos. Orgullosa, enumera las autoridades que la escucharon desde la pantalla grande.

Ella es la hermana del padre que abandonó a Don Cony y a sus hermanos cuando eran niños. Son siete. Fueron criados entre la madre, la abuela, los tíos y las vecinas del barrio. En el Marconi, dice Graciela, todos son familiares.

Su voz aguda y veloz apaga los cantos de los tres pájaros que tiene en el patio de su casa, linda, decorada, fuera de lugar si se la compara con el resto del escenario, colorido y con cierto esmero, pero lleno de agujeros como las fosas de la "Negra". "La casa es uno, no es el barrio", dice Graciela. "La levantamos con mi marido. Él siempre hizo changas y yo era feriante, porque si vos querés salir adelante, salís", lanza con firmeza y Don Cony asiente.

"¿De este negro qué te puedo decir? Que ha tenido tropiezos, más que una piedra encontró rocas en el camino, pero salió adelante", cuenta. ¿Cuáles fueron esas rocas? De eso los vecinos no hablan, pero aseguran que las drogas no tuvieron nada que ver. "Por lo menos es reconocido como un luchador del barrio, ya que no tenemos más al Padre Cacho, ¡que cinche él por el barrio!", suelta Graciela, y repasa sus palabras: "Eso que dije fue una falta de respeto. El Padre Cacho para nosotros es un santo. Es que yo lo veo al Chato y me erizo porque lo que él está haciendo es muy fuerte".

—¿Y cuál es su función?

—Apagar el miedo que se siente hacia nuestro barrio, porque hay cosas que se dicen que pasan acá y pasan en los barrios vecinos. O pasan en Malvín o en Pocitos. Acá somos una familia grande, hay poca gente nueva. Pero es una familia que como todas se está llevando mal.

—¿Por qué?

—No sé, es como que todos luchan por el barrio pero cada uno desde el portón para adentro. Don Cony fue el que salió del portón para fuera. Y a él lo quieren mucho, pero también tiene que tener cuidado, porque él lo que sabe hacer es música y esa es su función, no otra.

El improbable sueño de vivir de la música

Aunque Don Cony (37) es reconocido como un rapero en su barrio y así lo presentan los medios de comunicación, él no ha podido sostener una carrera luego del éxito de su primer tema, Yo soy Marconi, que casi alcanza las 200.000 visualizaciones en YouTube. Dice que para escribir necesita estar concentrado, solo, en su casa y que nadie lo moleste. Y ese escenario es complejo luego de una jornada de entre ocho y 12 horas de trabajo. Dos años atrás lo contactó Alkimista, un productor que vive en Italia, y le ofreció un contrato para desarrollar su carrera. Grabó tres temas: R.I.P., Conmigo se va y Volvió Don Cony. Como no vio dinero hasta ahora, este cantante decidió no renovar el contrato. Cada sábado va a grabar a la casa de un amigo. Algunas letras las compone con su hermano Kitty, que también es músico. Las bases que antes le hacía el productor, ahora las descarga de YouTube. Desde hace algún tiempo Don Cony se mudó con su nueva pareja y una hija pequeña a Colón, pero siempre vuelve a Marconi, donde recibe saludos a cada paso que da. Dice que en Colón también lo reconocen como rapero y algunos se saben sus letras.

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