N.P.
-¿Qué opina del conflicto por las papeleras?
-La incapacidad política de Argentina y Uruguay es sublime. El gobierno uruguayo pecó de ser cabeza dura y el argentino se equivocó mucho porque no encaminó una discusión y actuó de una manera incomprensible, alentando los cortes de ruta o la idea de ir a La Haya. Ojalá que la vara con la que el gobierno argentino mide el proyecto de Fray Bentos fuera la misma con la que mide la intervención industrial en Argentina.
-¿Por qué intervinieron en Botnia?
-Con la instalación en Fray Bentos se empezó a ver la expansión de la industria en América Latina y por la intensidad del debate vimos la oportunidad de discutir el tema y elevar los estándares de exigencia en la región. Habíamos hecho cartas demostrando preocupación por el tema, pero cuando comenzaron los cortes en Gualeguaychú, decidimos que convenía dar un paso más. Antes no habíamos intervenido, pensábamos que al asumir Tabaré Vázquez esos proyectos se revisarían.
-¿Tienen previstas nuevas acciones ?
-No. Decidimos concentramos en el Congreso, donde tenemos cuatro proyectos de ley, esa es la prioridad para las papeleras argentinas. Sobre Botnia y Ence vamos a seguir opinando, pero los dos presidentes llevaron el tema a la estratosfera.
-¿Qué relación tienen con Gualeguaychú?
-No logramos despegarnos de su discurso. Gualeguaychú dice no quiero las papeleras y no quiero discutir nada. Son vecinos que creen que hay un proyecto que pone en riesgo sus vidas y su entorno y lo dicen con protestas y es legítimo, con toda la irracionalidad que eso significa. Nosotros creemos que hay que analizar. ¿Son inocuas? No. ¿Van a hacer una hecatombe tipo Chernobyl? Seguro que no. Van a generar un impacto y es una cuestión política decidir si ese impacto es mucho o poco. Creemos que pueden instalarse. Hay que discutir las condiciones, con un plan de producción limpia, con tecnología libre de cloro, que controle la cantidad de plantas y los lugares a instalarse.
-¿Qué opina sobre los bloqueos de los asambleístas de Gualeguaychú?
-No compartimos la forma y no participamos, perjudican a personas ajenas y alejan el diálogo.
-¿Qué opina del traslado de Ence a Colonia?
-La decisión tomada por Ence confirma el diagnóstico que hicimos hace un tiempo: la industria está en expansión y reubicar la planta le permitirá a la empresa aumentar la capacidad productiva de 500 mil a un millón de toneladas por año. Todavía no se conocen los estudios de impacto ambiental, indispensables para definir si realmente es un proyecto sustentable.
-En Uruguay se dice que son ecologistas chetos, ¿qué opina de esa afirmación?
-Me duele, pero me parece muy inocente creer que se pueden enfrentar esos poderes con los instrumentos de los 60. Si querés ganar, necesitás capacidad operativa. Greenpeace es una organización práctica: conocemos la mecánica de los medios y competimos por el espacio. Algunos dicen que somos muy mediáticos en forma despectiva, pero es un instrumento. Nos han dicho pitucos; somos mayormente de clase media. ¿Podría ser de otra manera? La clase media es la única que puede hacer cosas así. Sería idiota culpar a Greenpeace de eso cuando la pobreza te excluye de todo, incluso de la posibilidad de elegir o preocuparte. Siempre nos cuestionamos sobre la imagen que damos, si es frívola o no. Que Natalia Oreiro nos apoye y quiera hacer algún spot, ¿eso es cheto? Ella llega a un público al que yo no. Hay que aceptar que funciona, ¿es cheto? ¿Qué se yo?